El último servicio de Saúl Fernández

Claudio Barragán recurrió al ex del Dépor, que había anunciado su retirada por lesión, para motivar a la Ponferradina en Riazor


Final de partido. 0-3. Rueda de prensa de Claudio Barragán; minuto 7.50. «Cuando la gente está enchufada, se ve. Desde la charla de esta mañana ya vi a la gente súper metida. Encima, Saúl ahí, con nosotros. ¿Tú sabes la motivación que da eso? Lo último que hice antes de saltar al campo fue preguntarle a Saúl: ‘‘¿Tú qué darías por salir al terreno de juego?’’... Creo que eso les llegó al alma». La respuesta quedó en el aire. Para la próxima visita.

El Deportivo, el de la anterior etapa de Fernando Vázquez, cerró esa campaña con ascenso. La Ponferradina descendió dos cursos más tarde. No habían vuelto a cruzarse en Riazor desde aquel 27 de abril del 2014. Saúl, que defendió ambos escudos, no ha desperdiciado ese tiempo. Ahora entrena a los cadetes del Villarreal y reside en Valencia, desde donde rememora aquella pregunta y su respuesta. También todo lo que vino antes, durante y después de esa última prestación como futbolista en activo. Sin pisar el césped, con el tobillo roto.

«Les dije que daría lo que fuera». Y los vio abandonar el vestuario, con esas camisetas blancas sobre las que habían mandado imprimir unas enormes letras negras: «Fuerza Saúl, estamos contigo». Ellos se metieron en el túnel, a buscar una victoria que dedicarle, y a él se le vino de golpe la realidad encima. «No me salían ni las palabras. Estaba feliz por estar ahí, pero derrotado, pensando en por qué me tenía que pasar a mí. Hablé, pero al verlos salir me vine un poco abajo». Lo sucedido a continuación le sirvió para recuperar la sonrisa. El Deportivo, líder incontestable de la categoría, caía goleado por un adversario que se plantó en Riazor a un solo punto de la zona de descenso. «Seguí el partido en el palco y luego bajé al vestuario y no nos lo creíamos. Salió redondo. Nos juntamos todos, hicimos un círculo. Claudio me preguntó y se me entrecortó la voz. Ese año me tocó llorar mucho en casa y tratar de estar de buen humor para no dar pena. Que vieran que pese a la situación, mantenía el humor. Pero ánimo…». Para redondear el momento, el 0-2 lo había hecho Yuri, que portaba sobre el dorsal el nombre de su compañero.

Homenaje a la víctima de una serie de infortunios concentrados en el tobillo derecho. «Me sometí a la primera operación con 28 años. Un momento que debe ser muy bueno para el futbolista. Las molestias me impedían estar al nivel que podría dar. Mentalmente fue muy duro. Mi primera ilusión era la de volver a jugar, pero después de aquella operación veíamos que algo no iba bien. Al final pasé cuatro veces por quirófano —relata el centrocampista asturiano—. En la última, visité a un especialista en Ámsterdam y me dijo que me iban a tener que unir el pie con tornillos y la operación me iba a dejar sin poder jugar al fútbol. Fue durísimo porque allí estaba solo. En ese momento, mi única prioridad era volver a caminar. Las metas habían cambiado con la evolución del problema: tocar balón cuanto antes, poder jugar, lograr caminar bien de nuevo, andar al menos sin cojera...».

Ahora camina, aunque le costó dos años hacerlo con soltura. Hasta sale en bici. «Ha sido una lección de vida muy dura. Cuando sales de la primera línea, de los focos del fútbol, quedas apartado, y esto lo viví un poco solo, apoyado en mi familia y mis amigos», detalla. Muchos de estos últimos son fruto de dos cursos y medio en el Dépor, y residen en A Coruña. Ha retornado varias veces a la ciudad escenario de aquella charla. «Creo que les dio el punto extra de motivación necesario. Al futbolista hay que tocarle la patata». A veces en eso consiste el último servicio.

«En el Deportivo jugué varias veces con dolor, por puro ego»

Cuando anunció que se retiraba, una semana antes de que la Ponferradina visitara Riazor, a Saúl Fernández le llegó un vídeo de una hora de duración en el que varios compañeros de los seis clubes en que militó le deseaban suerte para el futuro. Lo elaboró un amigo suyo de A Coruña, donde había disputado 33 partidos en blanquiazul. Algunos, en circunstancias poco recomendables: «En el Deportivo jugué varias veces con dolor o molestias, por puro ego. Lo he hecho infiltrado, claro —admite—. Luego te das cuenta de que la exigencia va a ser el cien por cien y es muy importante cuidar el cuerpo». Trata de transmitir la lección a sus pupilos en Villarreal: «Quiero que los chavales sean conscientes de que esto es algo a largo plazo y es clave tener paciencia. Habrá momentos en los que arriesgar, pero no será siempre».

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