Gonzalo Rodríguez: «Podemos discrepar sin molestar»

Lleva diez temporadas en el banquillo santiagués junto a Moncho Fernández y Víctor Pérez


Gonzalo José Rodríguez Palmeiro acaba de cumplir 44 años. Desembarcó en el banquillo del Obradoiro con 34 a la par que Víctor Pérez, reclamados ambos por Moncho Fernández. Y ahí siguen los tres compostelanos como tres mosqueteros, al frente del equipo de Sar, prestos a encarar su undécima campaña en Sar y la décima consecutiva en la ACB.

—Usted puede decir que es obradoirista de cuna, literalmente.

—Mi padre fue socio fundador del club. Y yo soy socio de siempre, aunque no sabría decir cuántos años tenía. Me acuerdo de cuál era nuestra localidad en el viejo Sar, y del año en el que te permitían reservar asiento. Después fui jugador, y ahora aquí.

—Diez años en el mismo banquillo con Moncho Fernández y Víctor Pérez. ¿Cuáles son las claves de una relación tan estable y duradera?

—Los tres tenemos la misma visión de lo que debe ser un equipo deportivo, compartimos esos valores que son irrenunciables en el Obra. Ya antes. Creo que los tres siempre estuvimos dispuestos a pagar un peaje por unas ideas. Otra clave es que siendo los tres de caracteres muy distintos, cuando chocamos lo arreglamos pronto. Y no chocamos muy a menudo. Podemos discrepar sin molestar, discutir en la preparación del partido, durante, en el descanso... Pero esas discusiones no se enquistan.

—¿Ha habido alguna crisis?

—Podría haber crisis si alguna de las partes traicionase los valores que compartimos. Y no es el caso. Moncho y yo chocamos más veces que Moncho y Víctor o que Víctor y yo. Víctor tiene esa sabiduría, aunque también discrepa.

—¿Recuerda los enfrentamientos contra víctor, usted en el Cluny y él en el CDU?

—Claro. Todos los jueves quedábamos a tomar un café para intercambiar información del resto de equipos y hablar.

—Usted de Inmaculada, Moncho de Peleteiro, Víctor de La Salle... Los colegios tienen mucho predicamento en el baloncesto santiagués.

—Sin duda, y quizás más antes que ahora. En Santiago siempre ha habido cultura de baloncesto. Y algo que recordamos mucho es que en el Faíscas nos juntábamos todos los del baloncesto de la ciudad, de todos los equipos. Era un ambiente muy especial y muy numeroso.

—Usted también puede decir que fue cocinero antes que fraile.

—Llevo no sé cuántos años en los que mi vida gira alrededor del baloncesto. Cuando era chico quería ser jugador. Era lo que más deseaba. De hecho, fui un año a Estados Unidos, a Carolina del Norte. Luego, uno tiene la calidad que tiene y el físico que tiene, y no pude ser profesional. Fui al acabar COU. Tenía un acuerdo con mis padres, que me dejaban ir si antes sacaba la selectividad. Lo planteé a dos años vista. Tenía un expediente académico muy mediocre, y en 3º de BUP y COU saqué matrículas. Por la motivación, porque quería ir allí, y sabía que mis padres no me iban a dejar si no sacaba buenas notas. Y al volver jugué en el Obradoiro.

—¿El Gonzalo jugador tendría cancha a las órdenes del Gonzalo entrenador?

—Cuarenta minutos. De alguna manera, se dio el caso. Después del Obradoiro me fui al Inmaculada, con mis amigos. Al año siguiente nos quedamos sin entrenador y mis compañeros decidieron que fuese jugador entrenador. La primera temporada jugaba mucho conmigo. En la segunda no, porque ya estaba mal de la espalda. Y dejé el básket.

—Y ahora el Obra, ante la temporada del 50 aniversario, y llega el covid-19. Lo que no le pase, no le pasa a nadie.

—La vida siempre da sorpresas, positivas y negativas. Lo que pasa es que siempre tendemos a valorar más las negativas. La lectura positiva es que después de todo lo que le ha pasado al Obra, va a cumplir el 50 aniversario en la Liga Endesa. Es mi lectura. Prefiero pensar en lo positivo. Hace unos años, cuando estábamos en los tribunales, no nos lo podríamos ni imaginar.

—¿Les espera el proyecto más difícil, por los recortes en el presupuesto?

—No lo sé. El primer año, en la LEB, fue durísimo. El club estaba en pañales. Víctor y yo hacíamos la función de delegado. Fran llegó en el play off. No teníamos ni un proyector. Si no hubiéramos ascendido, a lo mejor ahora no estábamos aquí. Fue un año muy duro, y lo valoramos quizás poco. El primer año en ACB... Lo que ocurre esta vez es que se rompe una línea de crecimiento, y no solo no vamos a crecer, sino que vamos a ir para atrás. La situación actual es difícil para todos, pero lo que no sé es si va a ser la más difícil de todos estos años. Si acertamos en los fichajes y no hay lesiones...

En corto

Licenciado en Magisterio y Psicopedagogía, se hace entender con facilidad, en las respuestas largas y las cortas.

—Trabaja más con los jugadores de perímetro. ¿A quién pondría en lo más alto del podio en estos diez años?

—Pepe Pozas es el capitán que todo entrenador quisiera tener en el equipo. A nivel de talento, Matt Thomas. A nivel de inteligencia ofensiva y defensiva, Bendzius..

—¿Michael Jordan o Dominique Wilkins?

—Wilkins, el jugador más infravalorado de la historia.

—¿Un personaje histórico?

—Jesucristo.

—¿La guitarra es su gran afición?

—Me relaja mucho.

—Meritxell Batet, Ana Pastor, Montero, Monasterio o Arrimadas. ¿Con quién se queda?

—Con lo positivo de cada una. Creo que todas tienen algo bueno.

—Le confieso que en algún caso me costaría encontrar esa vertiente.

—Seguro que la tienen.

—¿Muchos políticos deberían haber pasado por un ERTE?

—Por honradez, deberían haber renunciado a ciertas prebendas.

—Complete la frase: Donald Trump es...

—Prisionero de su Ego.

—Angela Merkel es...

—Una persona con convicciones muy claras.

—Pedro Sánchez es...

—Presidente del Gobierno.

—¿Un chiste corto, para acabar?

—¿Disculpe, tienen libros sobre el cansancio? Sí, pero están agotados.

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