Sergio Scariolo: «Cuando uno quiere hacer una revolución, no puede llegar con una flor en la mano»

El seleccionador español de baloncesto y asistente de los Raptors, con los que fue campeón de la NBA, repasa desde Toronto su carrera, ofrece su visión de cómo será la vuelta a la competición en la Liga americana y admite que confía en renovar su contrato con la federación y dirigir al equipo nacional en los Juegos de Tokio 2021, con Pau Gasol incluido

Esta es la historia de un hombre hecho a sí mismo. Un ganador nato. Un autodidacta que con solo 4 años aprendió a leer sin ayuda. Un técnico que con 21 se inició en los banquillos y a los 24 ya había hecho campeona del mundo a la selección militar italiana. Un entrenador marcado por el éxito. Un luchador que defiende que a la guerra hay que ir con armas. Sí. Pero también que sin razón es imposible ganar una batalla. Un protagonista al que no importó ser un secundario de primera fila al otro lado del charco. Un estratega que a su vasto palmarés unió en el 2019 y campeonato del Mundo con la selección española y un anillo con Toronto. Pero esta historia es también la de un hombre que un día se miró al espejo y, desde entonces, no ha dejado de hacerlo. Y no para atusarse su siempre impecable corbata o cuidar su característico pelo engominado. Lo hace para ver el reflejo de su persona y aprender a ser cada día mejor. Esta es la historia de Sergio Scariolo (Brescia, 1961). El hijo del Cesare.

-Empieza la cuenta atrás para el regreso de la NBA.

-Pues eso parece. Están empezando a organizar y cuadrar todas las necesidades sanitarias organizativas, que son muchísimas: cuánta gente se tiene que mover, qué garantías hay que ofrecer.... Pero queda mucho por conocer. Es posible que incluso tengamos que desplazarnos un poco antes por el tema de la cuarentena... Ya le digo, muchas cosas aún en el aire.

-La NBA se ha caracterizado siempre por conceder mucha libertad a sus jugadores en los desplazamientos. Esto choca con el régimen de concentración que parece que habrá. ¿Lo ve un problema a tener en cuenta?

-Los jugadores de la NBA tienen una profesionalidad muy importante. Es cierto que gozan de cierta libertad e independencia en los viajes, pero cuando hay unas normas que cumplir, son muy respetuosos con las mismas. A la NBA no le tiembla el pulso si tiene que adoptar medidas disciplinarias. Lo que habrá que hacer es estudiar bien la situación a la que nos vamos a enfrentar y no restringir en exceso la vida fuera de la cancha. Estamos en una situación en la que todos tenemos que entender. Empezando por los jugadores. Por eso, estoy convencido de que la inmensa mayoría lo asumirá sin mayores problemas. 

-Jugar a puerta cerrada también implica una adaptación.

-Ciertamente, conlleva importantes peculiaridades. Hay muchos pequeños detalles que hay que estudiar. Pero no olvidemos que la norma es igual para todos. Así que ahí se verá quién es el que mejor se adapta.

-¿Más gestualidad y menos voces?

-Es una de las posibilidades que estamos estudiando. Tratamos de ver cómo nos va a venir mejor la comunicación, pero en algunos casos la comunicación verbal es necesaria. Aunque parezca un tema menor es algo a lo que le estamos dando muchas vueltas. 

-Por el contrario, ¿una ventaja de cara a los jugadores de la NBA respecto al baloncesto europeo quizá sea que el factor cancha no es tan importante al no haber esa pasión en la grada?

-Pero sí que la hay. Quizá no como la entendemos en Europa pero el ambiente que rodea los partidos de la NBA es enorme con la música y todo lo que se mueve alrededor. Creo que también será un factor que influya, incluso a nivel de temperatura. Todos sabemos lo que es jugar las ligas de verano en pabellones vacíos y con el aire acondicionado a tope. 

-En cuanto al temor de los jugadores por el contacto físico, ¿cree que eso se olvida en cuanto suena la bocina o habrá que analizarlo también?

-Entiendo que ahí no habrá problema de ningún tipo. Va a haber el contacto que requiere el baloncesto. De lo contrario, estaríamos hablando de otro deporte. Pienso que cuando se reanude la competición ya se habrá alcanzado el nivel de seguridad necesario. Si todavía existe ese miedo por parte de los jugadores, no se puede retomar el juego. Pero entonces ya llevaremos una serie importante de entrenamientos. Ya habrá habido contacto en las sesiones preparatorias y estarán totalmente listos.

-Su contrato con la selección finalizaba tras los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Al aplazarse, debe renovar. ¿En qué punto está el tema?

-No tengo prisa, ni urgencia. Lo que tenía que hacer, que era hablar con mi club y obtener autorización, ya lo hice. Así que ahora es cuestión de que la federación arregle todos los asuntos que tiene pendientes por la inesperada situación que se ha dado con la pandemia y luego que mi representante se ponga de acuerdo en cuanto al contrato. 

-Parece imposible imaginar unos Juegos el próximo año sin Sergio Scariolo.

-(Se ríe) Iba a decirle algo, pero ya casi no me atrevo. Y es que le podía garantizar que los Juegos Olímpicos se celebrarán igual aunque yo no esté en el banquillo. Pero estamos en un momento en el que ya nada se puede dar por seguro. ¿Quién contaba a estas alturas de la vida con lo que nos ha tocado vivir? Así que con esa salvedad ya le digo yo que los Juegos no dependen de que esté yo o no. Pero bueno, esperemos que sea así y pueda estar dirigiendo a la selección. No debería haber problema.

-El retraso de un año en la celebración de los Juegos hace un año mayor a la selección, ¿lo ve como un hándicap?

-No, al contrario. Creo que puede servir para que jugadores como Pau, que está en fase de recuperación, compitan en condiciones. He hablado con él y veremos cómo evoluciona pero confío en que pueda llegar. En cuanto al resto, no creo que se note. 

«Me tuve que romper el tendón de Aquiles para darme cuenta de que mi futuro no estaba dentro de la cancha»

-Usted que siempre tuvo claro que quería ser entrenador, mientras otros lo intentaron como jugadores...

-(Interrumpe) No. No. No es así. Me tuve que romper el tendón de Aquiles para darme cuenta de que mi futuro no estaba dentro de la cancha sino fuera. Era un crío y tuve esa lesión y, como mi nivel no era elevado, pues me di cuenta que no me compensaba el sacrificio de la recuperación para volver a jugar y tiré por el otro camino. Pero yo también quise ser jugador.

-Pues, después de tanto tiempo como primer entrenador, líder del grupo, ¿no le cuesta asumir el rol de ser ayudante en Toronto?

-Bueno, es un poco diferente a Europa. Por cómo está estructurado el trabajo para los primeros ayudantes. Tenemos libertad absoluta en muchos aspectos. Por este motivo, ese salto se nota menos. Pero claro que hay que adaptarse. Los cuatro primeros meses fueron muy complicados. Me costó asumir esa faceta. Está claro. Pero no creo que lo fuera solo por mi carácter o personalidad. Imagino que para cualquier entrenador lo sería. Sin embargo, una vez superado ese período de adaptación y asegurada la perfección de tu trabajo, pues ves que tiene un impacto y un valor que también son reconocidos. Así que ahora, muy feliz.

-¿Es cierto que Nick Nurse, primer entrenador de Toronto, estuvo a punto de ser su asistente en el Real Madrid?

-Pues algo de eso hay, sí. En su momento hubo conversaciones. Luego, ni recuerdo las circunstancias que se dieron para que eso no se produjera, pero la estima y el respeto recíproco no se perdieron. Y ya ve el curioso desenlace muchos años después.

-Si no fuera con él, ¿quizá habría dudado más en dar el paso de ser ayudante?

-Seguramente, me hubiera costado más. Pero soy de los que piensan que en la vida hay que saber adaptarse. Hay que tener capacidad. Y esta situación que estamos viviendo ahora nos lo está demostrando. Muchas veces, el éxito final pasa por saber pasarlo mal cuando toca. Saber vivir ese mal momento contigo mismo de una manera seria. Es una cualidad. Seguramente, si eso sucediera, la prueba para mí sería más dura. Pero hay que reconocer que en la NBA es casi imposible que alguien proponga un trabajo de ayudante de entrenador de primera línea de banquillo a un técnico que no conozca o con el que no tenga afinidad.

-Pero con el carácter que usted tiene, resulta muy difícil imaginarlo en el banco viendo que algo está saliendo mal y no ponerse a dar órdenes.

-También tengo responsabilidad de dar órdenes directas. Pero bueno, se trata de entender el trabajo y encontrar la forma, el momento y darle una vuelta más. Tu instinto es siempre proponer, pero hay que asumir que hay otra persona por encima.

-¿Se planteó su llegada a la NBA como experiencia o una manera de entrar para llegar algún día a ser primer entrenador?

-No me planteo dirigir aquí. No. Porque, sinceramente, no sé si me quedaré el tiempo suficiente como para que se pueda considerar finalizado el proceso de adaptación. Nunca se puede decir que algo no va a pasar, pero ahora mismo lo veo imposible.

-¿Qué lo motivó entonces?

-La idea de poder aprovechar una oportunidad que incluía toda a una serie de condiciones. Yo creo que esta experiencia me está ayudando a ser mejor entrenador. A sacar el máximo nivel. A ponerme a prueba.

-¿Qué sabe mejor: un mundial siendo primer técnico o un anillo siendo ayudante?

-Es complicado. Ya por el hecho de afrontar ambas competiciones desde un puesto diferente. Cuando eres primer entrenador tienes que estar a todo, pero al mismo tiempo has de delegar en los colaboradores. Como ayudante estás más sumergido dentro del juego, o la parte del juego que te toca... Y luego, claro, poner a un nivel un éxito o el otro... Es complicado sacar una conclusión. Porque es cierto que con la selección es algo más familiar. Se ha conseguido un éxito dentro de un grupo, de una familia, y le das un valor especial. Pero es que en Toronto también se han dado unas características a tener en cuenta. Hemos podido dar pasos de gigante en este proceso de cohesionar el grupo. Hemos acabado compitiendo como un bloque. Así que, disculpe, pero no le puedo responder (sonríe).

-Para usted, conseguir éxitos en donde no los había o estaban olvidados no es nada nuevo. Desde que logró el primer título en el equipo del ejército hasta hoy, los triunfos superan a los fracasos. ¿Qué se siente cuando uno está tan arriba?

-Lo primero y más importante, reconocimiento hacia los grandes maestros, grandes jugadores y, por encima de todo, grandes personas que he tenido a mi alrededor. Esos son los tres ingredientes que me han llevado a triunfar. 

-¿Con los años ha aprendido a ser más cercano al jugador?

-Digamos que me he adaptado. Se trata de entender que tu ego no tiene nada que ver con tu autoridad. Vas aprendiendo cómo ayudar al grupo sin necesidad de mostrar tanto carácter. El mérito es una buena predisposición para aprender a mejorarme. 

-Porque usted era bastante sargento. 

-Muy, muy, muy al inicio de mi trayectoria. Me gusta lo que dijo un jugador mío hace poco. Comentó que al principio me veía delante de un ajedrez en el que los jugadores eran las piezas y yo los movía. Pero que ahora se me ve con mayor contacto. Relacionándome más con las personas.

-¿Cuándo vio al hombre del espejo?

-El hombre del espejo está ahí siempre. Es cierto que no puedes hacer una reflexión sobre tu identidad a cada momento, pero sí una comunicación muy abierta, muy directa, constante contigo mismo. Es la base de que la toma de decisiones sea la correcta. Ser sincero contigo mismo y no hacerte trampas al solitario. 

-Usted que es futbolero y un incondicional del Inter, ¿cree que su actitud de antes puede compararse a la del Mourinho que le hizo ser campeón de Europa con el equipo milanés?

-Mire. Para mí aquel título fue una emoción tan grande, que sería muy irrespetuoso por mi parte compararme con él. 

-Pero en momentos determinados han adoptado métodos parecidos. Ambos llegaron al Real Madrid con el objetivo de romper la hegemonía del Barcelona y, en parte, lo lograron con sus reglas. Por ejemplo, aquella final de ACB de la temporada 99-2000 en la que usted sacó un vídeo denunciando una conjura de los azulgranas para actuar con agresividad. Aíto lo acusó después falta de ética.

-Cuando uno quiere hacer una revolución no puede llegar con una flor en la mano. Si vas contra un estado de hecho sin energía, ese estado se va a perpetuar. Siempre tienes que ir dejando alguna cicatriz o herida por el camino. Lo que debes tener claro es que en tus acciones haya justicia. Insisto, cuando hay una supremacía y tú intentas revertir la situación no puedes ir con una flor en la mano. Tienes que coger un palo y agarrarlo fuerte. Tampoco vale hacerlo de forma artificial. La base tiene que ser real, haber justicia en ella. No puedes levantar la voz para defender posturas en las que no crees solo para distraer la atención. Porque entonces, dejas de ser creíble.

-Fue la temporada en la que se reencontró con Djordjevic, tras ser descartado por el Barcelona, y ambos hicieron campeón al Real Madrid.

-Hay que reconocer que ahí Lorenzo Sanz Jr. estuvo muy habilidoso. Y realmente fue una pieza fundamental en aquel equipo.

-Talento, compromiso, personalidad... ¿Puede decirse que Djordjevic era ese jugador que reunía todo lo que usted pedía?

-Sin duda es uno de los jugadores con más personalidad, talento y mentalidad ganadora que he tenido. Con él he aprendido mucho. Al convertirse en entrenador ahora incluso estamos más cercanos, pero sí que me he sentido siempre muy identificado con él.

-En una carrera exitosa como la suya, también en el Real Madrid, ¿quizá el lunar o espina que pueda tener clavada sea su última temporada en el club blanco y, sobre todo, su despedida?

-El último año en el Real Madrid fue un poco curioso. Me hizo entender que la política puede llegar a tener un peso muy importante. Sobre todo cuando hablamos de clubes de la entidad del Real Madrid. Después me sirvió de experiencia. Con la reflexión que te permite el tiempo y el distanciamiento me resultó útil lo que viví. Aprendes a abrir los ojos sobre territorios que no pueden influir en tu trabajo.

-¿Qué tuvo que ver la política?

-Hubo movimientos que, después de tantos años, no creo que venga a cuento recordarlos. Lo que está claro es que aquello no fue una decisión deportiva, sino que fue un proceso en el que participaron personas con peso político importante para crear aquella situación y que yo, que ya había pasado de ser director de la sección a solo entrenador, también fuera destituido como entrenador. 

-Siempre se dijo que el problema había estado en su forma de actuar con Alberto Herreros.

-Aparquemos nombres porque no conduce a nada y yo ahora estoy perfectamente con todas las personas que en aquel momento pude tener algún roce o distanciamiento. Yo no hablo de jugadores, hablo de estamentos. Personas con poder importante de influencia sobre las decisiones del club consideraron que había que hacer un cambio, que a la postre resultó negativo para la economía deportiva de la entidad. Yo me vi ahí, en medio, porque no era caballo de nadie. Era caballo de mí mismo. No me dejaba influenciar ni tenía padrinatos. Y así acabé en la calle. Pero, de verdad, no siga por ahí porque no conduce a nada.

-¿No cree que fue una situación que no quedó, al menos de forma pública, suficientemente clara?

-De verdad, discúlpeme, pero no quiero seguir por ahí. 

-Durante la charla ha hablado del juego de estrategia, fue ese el que lo llevó a «engañar» a Garbajosa para fichar por el Unicaja diciéndole que iba a jugar con Sabonis?

-(Gran carcajada). Él lo sigue sosteniendo y discrepo. No es como él lo cuenta. No sé si en algún momento pudo haber algún acercamiento. Pudo haber conversaciones. ¿Pero que yo le prometí que teníamos a Sabonis? Lo negaré hasta la tumba. Yo creo que él tenía el sueño de jugar con Sabonis y se montó la película (sigue riéndose).

-Tampoco le fue mal porque le puso como pareja a Fran Vázquez. ¿Qué puede decir del gallego, que se retira al finalizar la temporada?

-Realmente su pareja iba a ser Zan Tabak. Pero se lesionó y acabó jugando Fran Vázquez.  Es un muy buen chico. Excelente persona. Introvertido, pero con el paso de los años ha mejorado en su capacidad de expresar sentimientos y estar en grupo. Un enorme trabajador y muy inteligente a la hora de entender sus puntos fuertes y explotarlos. Sabía cuáles eran sus debilidades y no se atrevía con ellas, algo que tampoco está mal. He disfrutado mucho con él y lo he apreciado como persona y jugador. 

-Hablando de gallegos, hay otros dos llamando ahí a la puerta de la selección. De hecho, ya han participado en alguna ventana: Alberto Abalde y Jonathan Barreiro. ¿Cómo los ve?

-Son dos de los jugadores que entiendo que pueden ser importantes en nuestro futuro. Son situaciones diferentes pero ambos deben formar parte del obligado recambio generacional que poco a poco se va llevando a cabo. Tienen las puertas abiertas porque ambos han demostrado no solo talento, sino dedicación y compromiso con la selección, algo que para mí es igual de importante que tener cualidades.

-Hijo de profesores, ¿qué importancia le da a la educación que ha recibido en su carrera profesional?

-Muchísima. Haber prolongado mi etapa de formación académica y personal con la gente que siempre me rodeó ha sido mi gran acierto. En cuanto a la licenciatura en Derecho, te ayuda a entender muchas cosas que pasan en tu vida. Me sirvió cuando fui director de la sección en el Real Madrid, por ejemplo. Me ayudó a utilizar la lógica y a entender. El Derecho, en realidad, es lógica e interpretación de las normas y los entrenadores tenemos mucho de eso.

-¿Y su padre, fallecido, al que siempre pone de ejemplo?

-Mi padre me enseñó con el ejemplo. A ser coherente con tus principios. A dedicarme a lo que es tu pasión. A que la honestidad a corto plazo puede no ser muy funcional y práctica, pero de cara a tu reputación sí. Te ayuda a llegar lejos. No solo es importante cómo eres, sino cómo la gente te percibe. 

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