«En aquel momento, yo también hubiera echado a Luis César y fichado a Fernando» «Si al Dépor le va mal, quedaré marcado como el que lo descendió»

Se rebela ante los resultados, pero asume que son los que mandan y habla sin reproches


El 5 de diciembre del 2019, Luis César Sampedro (Arousa, 1966) recibía la llamada que llevaba años esperando. El Dépor apostaba por él para dirigir al primer equipo. Un sueño hecho realidad, del que tardó poco más de ochenta días en despertar. El momento no era el ansiado, con un equipo descompensado y en puestos de descenso, que solo había ganado uno de los diez partidos disputados -«pero era el que tocaba», nunca se cansó de decir-. Sin embargo, llegó con la misma ilusión que si le hubieran puesto en sus manos un conjunto de Champions. Cuatro meses después, el entrenador gallego rompe el silencio que mantuvo desde su marcha. Lo hace con temor -«por nada del mundo quiero poner excusas ni quejarme»- y seguro que callándose cosas, porque no quiere hacer ruido.

-¿Cómo ha vivido estos meses?

-Pues ha coincidido con este período inesperado, así que viendo mucho fútbol. Cuando uno está trabajando tiene poco tiempo para ver más allá de lo que es el día a día: el partido anterior, entrenamientos, el próximo rival, el siguiente... Ahora estoy aprovechando para ver muchísimos encuentros, tanto del Dépor como de otros equipos.

-¿Qué conclusiones saca?

-Solo voy a hablar de mi etapa. Y, pues, no sé. Estás un tiempo en un equipo y ves los partidos y que no tendrían que pasar cosas muy distintas para ponerte por delante. Es que estamos hablando de un equipo que, haciéndolo mejor o peor, nunca consiguió adelantarse en el marcador salvo en los dos últimos partidos, que fue los que ganamos. Y me sigo preguntando por qué le ganamos al Tenerife, si no fue el partido más completo y, no al Alcorcón, que no nos creó ni una ocasión y tuvimos 12 córneres y algún mano a mano. Pero quedamos 0-0. No quiero poner excusas. Hicimos muchas cosas mal durante el tiempo que estuve. Soy el primer responsable. Pero sigo pensando que hubo partidos que merecimos más.

-Aparte de ese infortunio, ¿qué más cree que sucedió?

-No se equivoque. No me estoy excusando. Llegué en octubre a un equipo con unas exigencias enormes que no eran fáciles de cumplir. Y el vestuario estaba dañado. Con una dinámica negativa. La presión del día a día. Cada partido era una decepción. Todo el mundo quería volver a Primera. Pero la realidad es que, lejos de mejorar, el equipo empeoró conmigo. No hay más vueltas que darle. ¿Por qué? Pues se podría hablar de muchos motivos, pero remover el pasado no vale para nada. He cometido errores y esta experiencia me ha servido para aprender.

-¿Ha sido su peor experiencia como entrenador?

-Si miro hacia atrás, me siento lleno de gratitud hacia el Deportivo por haberme dado la oportunidad. Por eso, globalmente, no puede ser la peor. Pero es cierto que mi autoestima quedó dañada, porque es difícil asumir una destitución en poco más de dos meses. Nunca me había pasado y justo va a suceder en mi club, en el Dépor. Y no digo que no me lo mereciera, eh...

-¿Cree que esas 2 victorias consecutivas eran el inicio de algo o solo que tenían que llegar?

-No tengo certezas. Como estoy viendo la temporada, puedes encontrar rendimientos similares en otros equipos a lo largo de la competición. Pero lo que decide es lo que sucede en las áreas. Insisto: ¿Por qué le ganamos al Tenerife y no al Alcorcón? ¿Por qué no marcamos en partidos en los que lo merecimos? No digo que en mi período se haya jugado muy bien, porque no es cierto. Pero también le digo que en diez partidos no es normal que no te adelantes en ninguno. Incluso poniendo al utillero de entrenador, consigues algo más.

-Llegó Vázquez con todo de cara: jugadores, consejo, grada... ¿No echó en falta algún factor de esos?

-Siendo entrenador ya dije que ojalá viniera Fernando. Era un secreto a voces. Y me parece un gran acierto su fichaje. Es un gran técnico, muy querido además por la afición de forma merecida. Al equipo le ha venido muy bien porque es un refugio para los jugadores. En aquel momento, yo también hubiera echado a Luis César y fichado a Fernando.

-¿Se arrepiente de no haber frenado ese ansia por ascender?

-Me hago responsable de todos mis sufrimientos y todos mis males. Llegué a un club que pensaba en Primera y no era capaz de reconducir sus números. Pero nunca fui más allá de esa semana. Hoy esas ambiciones de octubre y noviembre se ha consumido ya. Yo no acerté en el antídoto. Fracasé en mis intentos… Explicar derrotas cada semana es muy difícil. Hay que asumir las culpas. En serio, ni públicamente, ni en privado con los jugadores les hablaba del ascenso. Mis objetivos eran otros: encajar un número de goles determinado, marcar tantos...

-Sabiendo lo ocurrido, ¿volvería a fichar?

-Sí, pero haría cosas distintas. Era un tren que pasó y subía o no subía. Era un sueño desde hace muchos años. Me subí. Y con la información que tenía tuve que tomar una decisión. He aprendido mucho.

-¿Hay mejor plantilla que la que usted tenía?

-Hay siete jugadores diferentes. Supongo que yo no soy quién para decir si son mejores o peores. No quiero menospreciar a los que tuve. Lo único que puedo decir es que se ha cambiado el 30 % de la plantilla.

-En la anterior etapa de Richard Barral siempre entraba usted en las quinielas como futurible.

-No le dé más vueltas. Si yo hubiera obtenido buenos resultados seguiría con Richard Barral o con cualquiera. Si no consigo resultados, pues tengo que salir. Y han acertado. Han fichado un entrenador querido por la afición, avalado por su trayectoria y que consiguió dar continuidad a los dos resultados que habíamos obtenido. Quédese con una cosa: acerté poco y me confundí mucho. Así que ningún reproche a nadie. Al contrario, muy agradecido al Dépor por darme la oportunidad. A mí me fichó Paco Zas, que es un gran deportivista, y me destituyó Fernando Vidal, que es otro gran deportivista que quiere lo mejor para el club.

-Dice que el tren pasaba y decidió subirse. ¿Cree que podrá volver a pasar en alguna otra ocasión?

-Apostaría a que no, pero me encantaría volver a tener otra oportunidad y demostrar que soy mejor entrenador de lo que los resultados han dicho. Pero en el fútbol nunca se sabe. Si en verano me dicen que el Dépor va a fichar a Anquela, luego en octubre a mí y en diciembre a Fernando, apostaría con quién fuera y perdería dinero.

Asume sus errores y hace suya toda la responsabilidad de que el equipo no mejorara.

-Habla de errores, ¿cuáles cree que cometió?

-Pues de todo tipo: tácticos, en la elección de jugadores, en no ser capaz de levantar el ánimo del vestuario... No es cuestión de ir analizando partido a partido, decisión a decisión, y divulgar lo que pienso. Me siento impotente por no haber cumplido mejor con mi profesión.

-¿Considera que tenía quizá una plantilla excesivamente joven? ¿Echó en falta cierta experiencia?

-El aspecto anímico estaba deteriorado porque la Primera División en octubre se estaba alejando y disminuían las capacidades de los jugadores. Ahora ya no existe esa losa, ese pensamiento está consumido. El estado mental del equipo se pone a prueba en cada partido y la sucesión de resultados negativos era un lastre que los alejaba de su mejor versión. En el fútbol, las decisiones en el campo se piensan, pero la energía para ejecutarlas se busca en las emociones. Las respuestas técnicas y tácticas siempre son respuestas musculares y esas respuestas están influidas por la cabeza, por las emociones, en definitiva. Hay futbolistas que dominan claramente esto y consiguen independizar sus decisiones de sus emociones y otros menos y va variando durante la competición, por eso hay que tener dureza mental como principal virtud en esta liga de rachas. El entrenamiento no tiene componente emocional. Ahí, el jugador hace lo que sabe. Por eso, existe ese tópico que habla de jugadores de jueves y de domingo.

-¿Este año le pasará factura?

-Está claro. Los entrenadores valemos lo que hacemos la temporada anterior. Si nos ha ido bien, estamos en la pole. Y si nos ha ido mal, pues a la última fila. Piense una cosa. Si le va mal al Dépor, que Dios no lo quiera, yo quedaré marcado como el entrenador que lo descendió después de diez partidos sin ganar. El día que me echaron pasé de ser el primer entrenador al primer fan del Dépor.

-¿Tanto como eso?

-Riazor es el estadio que más he visitado sin ser entrenador. Soy gallego. Tengo vínculo con Coruña. Mi hijo nació en el Belén, al lado de Riazor... Pero si dejamos a un lado todos estos aspectos que pueden considerarse demagógicos, a mi me perjudica que al Dépor le vaya mal. Insisto, si las cosas no salen, yo seré un entrenador que descendió al equipo. Nadie va a mirar el número de partidos que estuve. Así que por mi interés profesional, ojalá se acabe esto de una vez y se logre la permanencia.

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