Competir ahora en un deporte de contacto, una imprudencia


En unas semanas hemos pasado de un exceso de alarmismo a un exceso de confianza en relación con el covid-19. Los contagios se han contenido, pero sigue entre nosotros este virus tan traicionero, del que los epidemiólogos van teniendo evidencias científicas poco a poco. Por eso el regreso del fútbol a la competición solo responde al interés económico, no a un criterio sanitario. Francia, como otros países, ha sido en este caso más coherente, priorizando la salud pública.

El fútbol español diseñó un protocolo muy completo, que puede fucionar, sobre todo, en la fase de entrenamientos. Pero los mayores riesgos se producirán cuando llegue la competición, en un deporte de contacto en el que no se va a desinfectar el balón cada cinco minutos. Si se produce un positivo, lo idóneo sería entonces aislar con una cuarentena a todo el equipo de la persona infectada, tanto a sus compañeros como a los rivales, pues durante la competición se producen contactos continuos.

Además, la inevitable existencia de falsos positivos y de falsos negativos en los test, en personas jóvenes y frecuentemente asintomáticas, supone que el contacto durante la competición convierta en una lotería los posibles contagios en un deporte de contacto como el fútbol.

Con los deportistas, población joven y sana, tenemos una percepción baja del riesgo por coronavirus. Pero si pensamos en su posible contagio, cabe recordar que también tienen familias y personas a su alrededor. Sin caer en el alarmismo, ¿qué sucederá si hay un fallecido en el entorno de uno de los jugadores, o en un futbolista?, ¿entonces sí habrá que parar?

No olvidemos que todavía no sabemos cómo evolucionará el bicho, ni qué sucede exactamente con los anticuerpos, ni con las reinfecciones, ni el verdadero porqué del vivén en apenas unos días de positivo a negativo y de nuevo a positivo a la luz de los PCR de algunas personas enfermas, ni cómo puede ser que algunos individuos contagien fuera de los plazos que se consideraban máximos para hacerlo.

 Por todos esos motivos, y con la máxima de primar la salud pública, mientras no haya una vacuna, lo más prudente es prohibir por ahora la competición en el deporte de contacto 

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