Pragmatismo ante el vacío

Profesionales de Celta, Deportivo y Lugo que saben lo que es jugar sin público recomiendan no lamentarse y tratar de sacar provecho de la nueva situación

X. R. Castro

Cruyff aseguró sentir devoción por el sonido que emitía el poste de la portería cuando un balón se estrellaba en él. «Cuando vas ganando 4-0 y quedan 10 minutos de partido, es mejor dar al poste un par de veces para que el publico grite ‘ooooh’», dijo en su día el genio holandés. Si las temporadas finalmente se resuelven sin público en la grada, el sonido de la madera se escuchará mejor que nunca. Pero después habrá silencio. No era el plan que tenía en mente Cruyff.

El ruido, la gente, la presión. Es solo el hilo musical, un elemento prescindible. En la teoría, porque el fútbol no será lo mismo. No habrá secretos desde el banquillo cuando se griten órdenes. Los equipos tendrán que aprender a jugar entre la nitidez del sonido de sus golpeos.

«Sería dar otro paso adaptándose a una situación a la que no están acostumbrados, pero que tenemos que ver como una más dentro de la excepcionalidad en la que trabajamos para intentar que el rendimiento sea el mejor, así hay que enfocarlo», explica Joaquín Dosil, psicólogo del Celta. «En vez de quejarse, de decir que jugar sin público no tiene sentido, que es lo clásico, lo que hay que hacer es adaptarse. Que no se escucharán los aplausos y los cánticos es una realidad, pero lo que tiene que hacer el jugador es amoldarse a una situación en la que habrá cosas inusuales. Por ejemplo, que se escuche mucho más lo que se diga desde los banquillos o en el propio campo», dice Dosil en un ejercicio de resiliencia.

Es pragmático. Como también lo es José Manuel Aira, actual entrenador de la Cultural Leonesa, canterano del Deportivo y exjugador del Lugo. Igual que el Celta lucha por mantener la categoría, coruñeses y lucenses podrían jugarse seguir en el fútbol profesional ante una audiencia de cemento. No habrá calor ni empuje, pero si se cierra una puerta se abre una ventana. «Puede que eso ayude a los equipos a centrarse en el puro juego, que es lo que realmente importa», apunta Aira, que cuando era entrenador del Racing de Ferrol logró remontar en 46 minutos un duelo ante el Oviedo que había sido suspendido antes del inicio de la segunda mitad por un petardazo llovido desde la grada del Tartiere con dirección al trío arbitral. Se reanudó a puerta cerrada y el Racing acabó ganando 1-2. Para preparar aquel duelo Aira programó entrenamientos a puerta cerrada. Se confinaron en pleno 2014. Nadie que no fuese de la plantilla o el cuerpo técnico pudo entrar a esas sesiones. Y funcionó.

Normalizar el desafío

Aira no pierde el tiempo en pensar en lo que pudo ser y no fue. «Yo intentaría darle normalidad. Porque es el momento que nos toca», explica.

Y si no hay público, si la situación obliga a esta anomalía, mejor darle una vuelta y pensar que no siempre es bueno tener detrás a tu gente. «El ambiente depende mucho de cómo sea el estado de unión o desunión entre el equipo local y su hinchada. A todo el mundo nos gusta jugar con público, ya sea como visitante o como local, pero esas cosas siempre las tienes en cuenta. Cuando un equipo va de visitante y sabe que el ambiente entre el equipo local y su afición no es el mejor, siempre se juega con eso. Los entrenadores y los jugadores intentamos en el inicio provocar algo para que la afición todavía se ponga más nerviosa con su equipo y desestabilice más al jugador. Todo eso, ahora no se dará», explica.

Gonzalo Edrosa, mito del Lugo de los 80 y entrenador del club en los 90, tuvo que retirarse antes de tiempo en un partido de Tercera en Monforte cuando la hinchada del Lemos comenzó a tirar objetos al campo. El partido se reanudaría a puerta cerrada. «A nivel de trabajo semanal, que es donde un entrenador puede dejar huella, la premisa tiene que ser la intensidad. Anticiparse, hacer vivir al grupo lo que va a ser la competición esa semana, y generando presión desde dentro para que el trabajo de la semana se parezca un poco a lo que será después el partido», explica Edrosa.

Toni Dovale y Senel daban sus primeros pasos profesionales tras salir de la cantera de Celta y Deportivo cuando les tocó jugar a puerta cerrada. «Se notan mucho más tanto tus sensaciones como la de los rivales y lo vives más como un entrenamiento que como un partido», explica Toni, que jugó 31 minutos ante el Cartagena sin público en las gradas en el 2012. «Entrenando sí que simulamos ese tipo de situaciones muchas veces. Pero a nivel mental no tienes la sensación de que estás jugando un partido de Liga», recuerda el coruñés.

Senel, por su parte, fue uno de los 18 protagonistas de aquellos cuartos de final de la Copa resueltos a puerta cerrada en Mestalla en el 2006 por culpa de un monedazo a Megía Davila. «Cuando el partido empezó, yo estaba viendo el partido con unos amigos», explica. Le tocaría viajar a Valencia para la reanudación. Jugó once de los 46 minutos que restaban. No recuerda el delantero, ya alejado del fútbol, un plan especial de Caparrós. Asegura que bastante tenía con tratar de dosificar a una plantilla que, por aquel entonces, sufría por las apreturas del calendario.

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