Cuando Sergio García conoció a Nikola Mirotic

El técnico del Leyma repasa el trabajo con un Mirotic imberbe durante la estancia de ambos en Palencia

Mirotic con la camiseta del Palencia en un duelo frente al Breogán en diciembre del 2009
Mirotic con la camiseta del Palencia en un duelo frente al Breogán en diciembre del 2009

En el año 2010 el Ciudad de Vigo certificaba su descenso a LEB Plata tras una fugaz experiencia en la segunda división nacional de baloncesto. El club vigués, acuciado por las deudas, no sobreviviría. Aquella temporada en LEB Oro fue otra ocasión frustrada por el Breogán de regresar a la ACB. El COB se salvó con apuros y la Liga la ganó el CAI Zaragoza, cuando las cajas de ahorros aún mostraban músculo patrocinando el deporte. Ha pasado una década, pero parece un mundo. El Burgos era el Ford y la ciudad de Cáceres aún soñaba en sus camisetas con ser designada en el 2016 como la capital europea de la cultura que nunca sería. Del Básquet Coruña, apenas rastro.

Natxo Lezkano comandaba el barco del Palencia del curso 2009-2010, un recién llegado a la categoría. Junto a él, un jovencísimo ayudante llamado Sergio García, hoy entrenador de los coruñeses. Con el objetivo de la permanencia entre ceja y ceja, a la plantilla llegó un chaval de 18 años desde la cantera del Real Madrid con el pesado cartel de promesa y con apenas cuatro partidos en ACB como bagaje. Aquel Nikola Mirotic, un niño en la selva de la LEB Oro, es hoy uno de los mejores jugadores europeos.

Sergio García (de rojo al fondo) y Mirotic (el octavo en la fila inferior izquierda) durante la cena de salvación del equipo palentino tras su regreso a LEB Oro. Natxo Lezkano, extécnico de Breogán, es el primero empezando por la izquierda
Sergio García (de rojo al fondo) y Mirotic (el octavo en la fila inferior izquierda) durante la cena de salvación del equipo palentino tras su regreso a LEB Oro. Natxo Lezkano, extécnico de Breogán, es el primero empezando por la izquierda

«El agente de Mirotic en España es también el agente de Natxo Lezkano», explica Sergio García, que pasa sus días de encierro con su familia en A Coruña. «Aquello favoreció que el Real Madrid nos cediera a Mirotic. Tenía 18 años y recuerdo que fue a la ciudad con su padre a vivir. Era un chaval, estaba completamente integrado en España, pero era un poco diferente a cualquier otro chico de su edad por todas la expectativas y la tensión a su alrededor. La gente esperaba que lo hiciese bien», recuerda el entrenador donostiarra.

Al hispanomontenegrino le costó arrancar. Estaba muy verde. «Tuvo sus fases, le costó porque se ponía muy nervioso. Él notaba esa presión por tener que hacerlo bien. Con 18 años en la LEB Oro, es complicado. Juegas contra hombres y él tenía el cuerpo de un chaval», explica García. Pero aquel grumete entre tanto lobo de mar comenzó a asomar su talento conforme avanzaba la temporada. «Todo era nuevo para él y tuvo que pagar ese proceso de adaptación, pero en su segunda vuelta y en la parte final de la competición ya se le veía mucho mejor y con acciones, sobre todo sueltas, de muchísimo nivel», relata el entrenador del Leyma, que trabajó mano a mano con aquel talento por pulir nacido en Podgorica. Acabaría jugando 31 partidos promediando 20 minutos, clavando sus 8 puntos por partido y sus casi cinco rebotes y con sus porcentajes en el tiro de dos muy próximos al 50 %. De aquella tabla de estadísticas solo chirriaba su escaso acierto desde la personal (57 %).

De Palencia a la NBA

De aquella plantilla palentina, solo Oliver Arteaga —ahora en las filas del Oviedo, y que cimentó la última derrota del Leyma antes del parón anotando 16 puntos— continúa en activo en la categoría. La LEB Oro está irreconocible con respecto a aquella foto fija y, en este tiempo, Mirotic ha llegado a brillar en el Real Madrid, a jugar en tres franquicias de la NBA (Chicago Bulls, New Orleans Pelicans y Milwaukee Bucks) con una final del conferencia incluida con los cerveceros y a volver por sorpresa a España para ser dominante en el Barcelona, el eterno rival del equipo que le descubrió. Pero tras ese camino hay mucho trabajo y, como relata Sergio García, también mucha disciplina, humildad y capacidad de sacrificio: «Él, junto con algún joven más, tenía que hacer un trabajo extra. Sus entrenamientos eran diarios. Antes de cada sesión, lo poníamos a hacer técnica individual. Unos días con Natxo y otros conmigo. Era algo que estaba programado, pero que él demandaba. A pesar de su edad estaba muy focalizado en mejorar».

Rememora también Sergio que lo de ser canterano blanco, un dinamitador de egos recurrente, nunca le afectó: «Siendo un chaval tenía un contrato importante comparado con lo que suele cobrar un jugador de LEB. Tenía dinero, pero era absolutamente normal. Hizo amistades en Palencia. Recuerdo que tenía una relación muy especial con un taxista. Él no tenía carné de conducir y siempre le llevaba a los entrenamientos y demás. Se dejaba querer. Muy cercano, bromista, el recuerdo es muy bueno».

Lo que confiesa el entrenador vasco del Leyma es que no imaginó que fuese a llegar tan lejos. «Era un talento por encima de la media. Pero de ahí a pensar que fuera a ser una referencia en Europa o que iba jugar tan bien en la NBA... Sí que todos los que estuvimos con él podíamos pensar que llegaría a la ACB, pero de ahí al nivel que ha conseguido... No me hubiera atrevido a decir tanto», se sincera.

Asegura que, vista la trayectoria, Mirotic es el jugador que ha volado más alto de los que se ha cruzado, aunque apunta que, también en Palencia, entrenó al ex NBA Michael Dikerson (excompañero de Barkley, Olajuwon o Pippen en los Houston en los Rockets y de Pau Gasol en Memphis). De América a Palencia, el camino inverso. Recuerda García las palabras que Messina, entonces entrenador del Real Madrid, le dedicó a Mirotic al volver a la casa blanca: «Tras pasar por Palencia, me dijo que ya era un hombre».

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