Dani Cancela: «Tras el entrenamiento cada jugador se cambia en un vestuario»

El futbolista gallego del Kitchee relata en primera persona como trata de recuperar la normalidad en Hong-Kong


La noticia nos la habían dado un día antes en el grupo de WhatsApp del equipo. Nuestro centro, que llevaba dos semanas cerrado por el aumento de casos en Hong Kong, estaba listo para volver a usarlo. Sabíamos que durante el fin de semana lo habían desinfectado a conciencia, con ese tipo de trajes que desgraciadamente ya no solo vemos en las películas de ciencia ficción, pero no fue hasta ayer que nos dijeron que podíamos volver.

Un retroceso

Han pasado dos semanas desde que la liga se paró por segunda vez. La primera, a finales de enero, cuando las noticias en Wuhan y el recuerdo del SARS pusieron a Hong Kong en alerta. Estuvimos tres semanas sin competir, pero sin parar de entrenarnos. El número de casos subía, pero de manera muy controlada, 70 u 80 durante el primer mes, así que se reabrieron algunos campos y empezamos a competir a puerta cerrada. Tras cuatro semanas jugando sin público, hace dos se volvió a parar todo, y esta vez sin fechas para la vuelta. Hubo un caso relacionado con el mundo del fútbol que ha hecho que todo vaya mas lento y, hoy por hoy, la esperanza de volver a jugar antes del verano es mínima. Todos nos hemos hecho test y hemos dado negativo, pero los campos de fútbol dependen del Gobierno y ahora mismo todas las instalaciones municipales están cerradas. Si en el resto del mundo, donde el fútbol mueve masas y millones, reanudar las competiciones no es una prioridad, imagínense aquí, que somos cuatro gatos y el fútbol local es un deporte marginal.

El protocolo de desescalado

Por eso, cualquier pasito en esa dirección es oro. Y este es un paso pequeño, pero un paso. A partir de ahora podemos ir a entrenarnos, aunque de forma muy restringida. El protocolo es parecido al que se habla de instaurar en España y la idea es ir poco a poco.

Primero, de manera individual, luego en grupos de tres o cuatro personas para terminar, esperemos que pronto, todo el equipo. Ahora mismo estamos en la fase inicial, y el control es grande. Empieza desde antes de entrar a la ciudad deportiva. Allí, sin bajarnos del coche, nos controlan la temperatura, rellenamos un formulario sobre posibles síntomas y comprueban que llevamos mascarilla. El que no la lleva, multa. El propio club se encargó de proporcionarnos tanto mascarillas como geles desinfectantes, así que no hay excusa para no tomar esas básicas medidas de protección.

Plan de entrenamiento

Para entrenar tenemos un horario, de 9 de la mañana a 7 de la tarde, dividido en turnos separados entre ellos por media hora. En cada turno podemos estar solo tres jugadores: uno en cada uno de los dos campos que tenemos de entrenamiento y otro en el gimnasio. Nos cambiamos en vestuarios separados y no tenemos contacto entre nosotros más allá de saludarnos a distancia, y una vez duchados, tenemos que avisar a la gente de mantenimiento del club, que mete la ropa. Solo entonces, cuando los vestuarios y el gimnasio están desinfectados, pueden entrar los jugadores del siguiente turno.

Disponemos de una hora, no es gran cosa, pero por lo menos podemos seguir los programas que tenemos y sentir que podemos desarrollar nuestra profesión, lo cual en estos tiempos es un privilegio.

Un avance simbólico y anímico

No es fútbol, casi ni se le parece, pero viniendo de donde venimos, sabe a gloria. Cualquier contacto con el verde, aunque sea de refilón, es infinitamente mejor que la nada absoluta en la que estamos sumidos. Y, cuando por fin empece el balón a rodar, será señal de que todo está mejorando y nos daremos cuenta de lo que echábamos de menos la bendita monotonía.

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