El difícil encierro del mundo hípico

El estado de alarma solo permite unos cuidados mínimos a los caballos, que al no entrenar pierden la musculatura necesaria para competir


A Coruña / La Voz

Si el confinamiento está siendo difícil para la mayoría de deportistas, obligados a entrenarse en sus casas en unas condiciones ridículas para lo que están acostumbrados, más complicada está siendo todavía la cuarentena para la hípica, en donde todo depende de una perfecta sincronización entre jinete y caballo. Un binomio que, salvo contadas excepciones que contempla ley, se ha visto obligado a separarse de golpe por el coronavirus.

El decreto que amplió las medidas excepcionales del estado de alarma hasta el día 9 contempla que los animales solo puedan recibir una asistencia mínima. Sus cuidadores están autorizados a acudir a las cuadras de los centros hípicos a alimentarlos, a limpiarlos y a soltarles cuerda para que puedan moverse mínimamente. Pero nada más. Una circunstancia que está provocando que los caballos de competición, sobre todo los de saltos, también estén perdiendo musculatura durante este período de inactividad.

Patas hinchadas y patologías

«Son deportistas y parar la actividad de golpe no es bueno. Para ellos, además, el movimiento es salud. Nosotros les damos cuerda, pero no es lo mismo, claro. Es simplemente para que hagan lo mínimo y no se les hinchen las patas o padezcan muchas patologías que pueden suceder por estar parados», explica Julio González Robinson, jinete y entrenador de varias de las mejores promesas de la hípica gallega. 

Las excepciones

Esas limitaciones marcan la realidad de la mayoría de caballos de competición en España, como explica María Sánchez Ces, presidenta del centro hípico Los Porches de Arteixo, uno de los clubes ecuestres de formación más importantes de España. «Por su sistema digestivo, los caballos tienen que alimentarse tres veces al día. En nuestro centro van los mozos a darles de comer, a limpiarles la cuadra y a moverlos. Tendremos unos cincuenta en nuestras instalaciones, que por supuesto están cerradas al público», explica Sánchez Ces.

«El parón coincidió en el peor momento, porque justo ahora estábamos preparando competiciones importantes para nuestros chicos. Diego Ramos tenía el Campeonato de Europa juvenil y también estaba ahí el Campeonato de España con más chicos», agrega la presidenta de Los Porches, con unos inconvenientes que simbolizan los que encaran los diferentes centros hípicos de Galicia.

La ley señala, además, que solo los cuidadores pueden ir a proporcionar los cuidados a los caballos. «Nosotros trabajamos con chicos y esta inactividad también está siendo perjudicial para ellos. Hablamos de chicos en pleno desarrollo y estar un par de meses sin estar en contacto con los caballos puede perjudicarles en cuanto a la coordinación. Esperemos que todo vaya bien y esto no se alargue mucho», razona Sánchez Ces.

Solo hay dos supuestos en los que jinete y caballo pueden conservar su vínculo durante el estado de alarma. Si demuestran que carecen de cuidador y tienen que ser ellos los que tengan que ir a alimentarlos o si viven en ranchos, en cuyo caso podrían incluso entrenar con ellos si la finca es privada y está inaccesible para cualquier otra persona ajena al domicilio. Pero estos casos apenas abundan. La mayoría de jinetes de este país tienen sus monturas en centros hípicos.

La difícil vuelta

Esta situación se prolongará mientras dure el estado de alarma, pero además es muy probable que la mayoría de competiciones no puedan recuperarse hasta después del verano. «Cuanto más se alargue esta situación, más durará la puesta a tono de los caballos. Habrá que ir con cuidado con ellos por el peligro de las lesiones», señala González Robinson. «Me imagino que intentarán concentrar la mayoría de campeonatos a final de año. La puesta en marcha será lenta», concuerda Sánchez Ces.

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