Tres meses, tres clubes, tres países

Víctor Basadre vive el estado de alarma en Formentera tras una agitada etapa en Grecia y un paso fugaz por Lituania


Lugo

El estado de alarma lo cogió en Formentera, recién instalado en su nuevo hogar y en su nuevo equipo. Pero bien pudo haber sido ser en Grecia o Lituania, sus anteriores destinos, o en cualquier país del mundo donde pudiera aplicar sus métodos en un club con una estructura sólida y mecanismos profesionales. Víctor Basadre (Lugo, 1970) cumple con las directrices del Gobierno español enclaustrado en su casa de la pequeña isla balear tratando de ordenar el vaivén de vivencias y sensaciones vividas en los tres últimos meses, período en el que completó una «intensa» experiencia en el fútbol griego, un breve paso, «pero enriquecedor», por la Primera División lituana y un fichaje casi forzado por el Formentera, donde le sorprendió la crisis del coronavirus sin haber podido dirigir más que dos partidos y seis entrenamientos. Así, en lo que va del 2020 el estratega lucense ha sumado tres nuevos clubes a un interminable currículo. Lo empezó a escribir tras convertirse en el gallego más precoz en obtener la licencia de entrenador nacional, en 1991. A su hoja de servicios le dan lustre equipos como el Mérida, el Lugo, el Murcia, el Cartagena y el Valencia —en el club che fue uno de los miembros del equipo de trabajo de Unai Emery—.

Su fichaje por el Volos

Su primera experiencia internacional arrancó en junio del pasado año, cuando acabó cediendo a la insistencia del técnico alicantino Juan Ferrando para convertirse en su mano derecha en el Volos NFC, al que había guiado desde Tercera a Primera División. En una ciudad de «ciento y pico mil habitantes», que sufre una entrada masiva de turistas durante buena parte del año, Víctor Basadre enseguida comenzó a ganarse el cariño y el respeto de la gente del club y de la afición y, por supuesto, a vivir en primera persona las hostilidades del campeonato griego. «Es impresionante la manera que tienen de vivir el fútbol, muy similar a la de Argentina. Allí el ambiente está caldeado desde horas antes de que comience el partido, sobre todo entre los aficionados de los equipos grandes», explica. «Cuando recibimos al PAOK de Salónica vino acompañado de 14.000 seguidores y, además, son muy habituales las bengalas y los punteros láser», indica.

Durante los siete meses que duró su estancia en Grecia, Víctor Basadre se enfrentó a situaciones insólitas, pero ninguna de tanta tensión como en la que se vio envuelto en el encuentro Volos-Olimpiakós. «En el transcurso del partido, el vicepresidente visitante bajó al campo para protestar al árbitro, después lo hizo nuestro presidente y se enzarzaron como dos gallos en una pelea en la que tuve que mediar. Me parecía increíble que aquello estuviera pasando», relata. Ese partido era el tercero de los cuatro en los que el preparador lucense ejerció de primer entrenador, sustituyendo a un Juan Ferrando, al que una bacteria le produjo una infección en la sangre que le atacó a la vista y estuvo a punto de dejarlo ciego.

«En los cuatro partidos que dirigí ganamos al Panionios y al OFI de Creta, empatamos ante el Olimpiakós y perdimos en el campo del Aris. Resultados al margen, fue una experiencia inolvidable ser el responsable en el campo de un equipo de Primera División», subraya. Y añade: «Cuando Juan [Ferrando] se marchó para Barcelona con serios riegos de quedarse ciego y para ser tratado por mejores especialistas, el presidente del Volos me ofreció continuar, pero rechacé la propuesta porque estaba allí por Juan y creí que era lo que debía hacer. A principios de enero regresé a España».

Poco antes de ese final inesperado y abrupto, el dúo técnico recibió una interesante oferta desde Lituania. El Zalgiris Vilnius les esperaba. Basadre aterrizó solo en la capital lituana el sábado 11 de enero para ponerse al frente del equipo a la espera de que Ferrando se incorporase semanas después. Pero los plazos médicos iniciales no se cumplieron. El estratega alicantino no podía sumarse a finales de mes como estaba previsto y el club lituano optó por buscar otro técnico, no sin mostrar al entrenador gallego su agradecimiento por el extraordinario trabajado llevado a cabo. «Estuve solo una semana, pero fue enormemente productiva», cuenta. «Viví por y para el club. Fue como un examen permanente, diario, en el que toda la gente del club me valoró por mi trabajo. Antes de marcharme me pidieron que asistiera a la presentación del nuevo entrenador. Fue una de las mejores experiencias que viví en el fútbol», añade Víctor Basadre, mientras espera en Formentera por otra oportunidad que colme sus aspiraciones. «¿Volver a Galicia? Claro que me gustaría volver, es mi tierra y le tengo un gran aprecio a todos los clubes gallegos, pero tampoco me importaría irme a la India o Nueva Zelanda, siempre y cuando sea un club que me ofrezca sensaciones de profesionalismo», concluye.

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