El COI y Japón acuerdan el aplazamiento de los Juegos de Tokio al 2021

El primer ministro Abe lo solicitó hoy a Bach y el presidente del Comité Olímpico Internacional aceptó la propuesta

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Se aplazan los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 El COI ha decidido que se desarrollarán en el 2021.

La reflexión para definir el momento de celebrar los Juegos de Tokio iba a durar cuatro semanas, pero tan solo 40 horas después de que el Comité Olímpico Internacional (COI) insinuase el aplazamiento, pactó el cambio de fechas para el 2021 a petición del primer ministro de Japón, Shinzo Abe. Acorralados por la presión de deportistas y federaciones, terminaron cediendo a una evidencia, porque anoche el coronavirus COVID-19 se había cobrado 400.000 contagios y más de 16.000 muertes en 160 países. El show, esta vez, no debe continuar. El presidente del COI, Thomas Bach, aceptó la propuesta de Abe en una videoconferencia a la que ahora darán paso negociaciones multilaterales para un evento que iba a empezar el próximo 24 de julio.

«A la vista de las condiciones actuales, y por el bien de todos los atletas, hemos presentado una propuesta para un aplazamiento de un año, de modo que [los Juegos] se puedan celebrar de manera segura», anunció Abe. No solo las precauciones por la pandemia pesaron sobre la decisión, también el posible boicot de países y deportistas o miedo al vacío de los estadios. Habría sido un golpe irreparable a un espectáculo que vende emociones de solo 16 días cada cuatro años.

El aplazamiento al 2021 permite que los Juegos se celebren en «su formato completo» y no con su programa amputado, como se llegó a sopesar con la idea de mantenerlos, pese a todos los problemas, este próximo verano.

A partir de ahí, todo son incógnitas. Solo quedan claros dos símbolos. La antorcha olímpica, que debía comenzar este jueves su camino por el territorio japonés en Fukushima —como metáfora sobre la recuperación de un país devastado por el tsunami y el accidente nuclear del 2011—, permanecerá en Japón hasta el próximo año «como una fuente de esperanza para el mundo durante estos momentos problemáticos». Además, el evento mantenderá su denominación oficial como Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Al frente de las incertidumbres que genera el aplazamiento, una obvia. Los 5.600 pisos de los 23 edificios de la bahía de Tokio construidos para albergar la Villa Olímpica este verano, tienen dueños desde el próximo 7 de septiembre, en cuanto terminen los Juegos Paralímpicos, también aplazados. Al menos, los actores del mundo del deporte —atletas y federaciones— saludaron este martes el cambio de fechas con un espíritu de plena cooperación, a falta de ajustar calendarios en una compleja operación.

El aplazamiento, además, tiene un impacto en la economía japonesa mucho menor que una posible cancelación, pese a la inversión de 35.000 millones realizada para albergar los Juegos. El cambio de fechas tendrá un efecto negativo en el sector del turismo, por las cancelaciones, pero en cierto modo se enjuagarán con los ingresos el próximo año, como sucede con la venta de entradas.

Cuestión diferente son las posibles reclamaciones judiciales por el incumplimiento en las fechas de contratos firmados con operadores de televisión —los derechos de Tokio 2020 se vendieron por 2.700 millones—, que ya vendieron espacios para este verano, y diferentes patrocinadores.

Mientras persistió en su cerrazón a valorar un posible aplazamiento, el COI insistió en que el tema económico no era un problema por sus pólizas de seguros. Pero el embrollo judicial que se abre ahora podría decir lo contrario.

Desde 1896, los Juegos Olímpicos modernos solo dejaron de celebrarse por las Guerras Mundiales en sus ediciones de 1916, 1940 y 1944. Esta última edición también se iba a celebrar en Tokio, de nuevo golpeada por un cambio de planes, ahora por una pandemia en plena devastación.

El encaje con la NBA, la Eurocopa, los Mundiales de natación y de atletismo...

El complejo encaje de los 16 días del programa completo de unos Juegos Olímpicos ya está en marcha. Por primera vez en la historia, no se celebrarán en año bisiesto. Y el cambio afecta a los Mundiales de tres de los deportes más icónicos de su programa, los de atletismo, natación y gimnasia, cuyas federaciones internacionales recibieron este martes con espíritu colaborador el ajuste aún pendiente. Porque no hay fechas.

Atletismo

El presidente de World Athletics, la federación internacional de atletismo, es Sebastian Coe, presidente del Comité Organizador de Londres 2012. Fue el primero en abrirse a que el Mundial de Eugene (Oregón), fijado del al 15 de agosto del 2021, pase al 2022, aunque ese año estaba previsto el Europeo de Múnich al aire libre.

Natación

El Mundial de natación de Fukuoka (Japón) se iba a celebrar del 16 de julio al 1 de agosto del 2021.

Gimnasia

El próximo Mundial de gimnasia artística está fijado del 18 al 24 de octubre del 2021 en Copenhague, sin inferferencia de fechas.

Baloncesto

El aplazamiento de los Juegos al 2021 resuelve un problema, la posible coincidencia con la NBA este próximo verano. La liga americana tenía previsto concluir sus play offs en agosto, pero podrá adaptar su calendario del 2021 en un formato reducido, como ya está sobre la mesa: empezaría la temporada en diciembre del 2020 y finalizaría en junio para facilitar la celebración del evento de Tokio con todas sus estrellas.

En cuanto al Eurobasket del 2021, está inicialmente fijado del 2 al 19 de septiembre del 2021 en pistas de Alemania, República Checa, Georgia e Italia. Podría ir al 2022.

Procesos de clasificación

El COI, en colaboración con las federaciones internacionales, debe ahora aclarar qué hacer con los procesos de clasificación de los diferentes deportes. Un 57% de las plazas para este verano estaban ya asignadas. En principio, se mantendrían, pero en algunos deportes se plantean dudas, como las mínimas del atletismo conseguidas el pasado año en Doha, por ejemplo, casi dos años antes de la celebración de los próximos Juegos. De hecho, World Athletics ya avanzó este martes que se prodrían revisar los criterios de clasificación, pero está por ver de qué manera.

El gigantismo deportivo y el peligro de morir de éxito

Paulo Alonso

El movimiento olímpico había enviado algunas señales preocupantes en los últimos años. No de agotamiento, pero sí asustaba como otra gigantesca burbuja a punto de estallar. Hace décadas que el deporte se convirtió también en un negocio y un espectáculo. Pero, paradójicamente, ningún evento forzó tanto sus costuras como los Juegos, que nacieron con otro espíritu y valores. En solo 16 días se citan en una ciudad más de 11.000 atletas de 200 países, a cambio de inversiones por 35.000 millones de euros y contratos que, solo por los derechos televisivos, alcanzan los 2.700, tomando Tokio 2020 como referencia. La alocada carrera de las grandes capitales por convertirse en la sede olímpica se había detenido. Más deportes, más atletas, más gasto... Y más negocio. Pero llegó un momento en que, para asombrar al mundo, las inversiones en estadios e infraestructuras para apenas dos semanas de espectáculo disuadían a posibles organizadores. Por eso el Comité Olímpico Internacional se saltó sus propias normas para, en una pirueta reveladora, otorgar al mismo tiempo los Juegos del 2024 a París y los del 2028 a Los Ángeles. Los proyectos más solventes escaseaban.

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