Los goles del hambre

Vinicius y Mariano, dos futbolistas perseverantes y de fe infinita, sellaron la victoria blanca

AFP7 Europa

No está el Real Madrid para grandes fiestas. No andan los blancos finos en el arte de llegar al área y crear oportunidades trenzando en el fútbol. Percuten mejor cuando consiguen robar el balón cerca de la portería rival o cuando encuentran espacios al contragolpe. Y en ese escenario la gloria les correspondió a dos futbolistas que no son los más virtuosos, pero sí los más persistentes. Tienen una fe inquebrantable y no dejan de intentarlo.

Vinicius no es un pagafantas y tampoco un conquistador. Le cuesta ligar con el gol. Y no se viene abajo con las negativas. Sigue probando con la misma sonrisa en el minuto uno que en el noventa, cada vez que ve metros por delante ataca. Llega y llega y vuelve a llegar. Y no suele escoger la mejor opción. Pero no se desanima y acaba encontrando premio, aunque sea con la ayuda involuntaria de Piqué.

Es un dolor de muelas para cualquier lateral por su aceleración y por su verticalidad, porque no le importa estrellarse. El día que encuentre una mejor relación con la pausa y suba el porcentaje de acierto en la toma de decisiones será un futbolista temible. Lo tiene todo para conseguirlo, sobre todo la edad. Porque a veces es fácil olvidar que el extremo brasileño es un jugador de este siglo que todavía no ha cumplido los veinte años.

A Mariano lo que le faltan son minutos para saber si puede ser un nueve en el Real Madrid que juega sin ariete. En teoría, Benzema es el jugador llamado a tener más presencia en el área. Pero el francés es más de aparecer que de estar, de salir para asociarse. A menudo se le ve incluso por detrás de Marcelo.

A Mariano lo que le sobran son ganas y confianza. Aprovecha cada oportunidad que se le presenta aunque, como sucedió en el Clásico, le llegue ya en el tiempo añadido. No se desentendió del juego. No se limitó a cumplir con el expediente de colaborar en la pérdida de tiempo. Vio una posibilidad y la cogió. Se fue de su par con una buena maniobra, imprimió velocidad y apuntilló.

Tuvo que irse del Real Madrid porque en aquel momento había mucha pólvora en el mascarón de proa. En la liga francesa demostró lo que se esperaba de él, que es un delantero que no se arruga. Lo repescaron y lo condenaron al ostracismo. Es uno de los descartes más socorridos por Zinedine Zidane.

Evidentemente, no es una situación que agrade al jugador. Pero lejos de caer en la desidia o la displicencia, siempre está dispuesto a reivindicarse.

Ante el Barça el Madrid ganó con los goles del hambre, de dos futbolistas que no se derrumban fácilmente.

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