Ignacio Alabart: «De pequeño me gustaba jugar solo»

Triunfa en el mejor equipo del mundo, echa de menos sus raíces y no le tiene miedo al futuro


Hace siete años que cogió sus maletas y lo dejó todo. Su talento en el hockey le trasladó a La Masía. Sin embargo, Ignacio Alabart (A Coruña, 1996), tiene muy presente de dónde viene.

—¿Cómo comenzó su idilio con el este deporte?

—Vengo de una familia, tanto por parte de madre como de padre, vinculada al hockey. Desde que tengo memoria ya llevaba los patines puestos. Creo que mis padres ya me apuntaron antes de que yo pudiera dar alguna opinión sobre lo que quería hacer. Tengo fotos desde bien pequeño con patines y stick, así que ya me viene desde que tengo recuerdos.

—Con 16 años dejó A Coruña para irse a La Masía. ¿Cómo se lleva, siendo un niño, lo de dejar a su familia?

—Fue un paso adelante en mi vida. No fue fácil porque desde muy pequeño siempre he estado arraigado a mi casa, a mis amigos a mi familia, y dar un paso de esa dimensión no fue sencillo. Ahora, con el paso del tiempo, creo que fue una decisión muy acertada. Me ayudó a madurar mucho como persona y también para formarme como jugador, parar poder estar donde estoy hoy en día.

—¿Afecta eso al desarrollo del carácter?

—No, desde pequeño siempre he valorado bastante a los que me rodean. Pero tampoco he dejado de valorar mis momentos de… no de soledad, pero sí mis ratos más íntimos. Disfrutar de uno mismo. Ya cuando era pequeño me gustaba jugar solo, hacer mis cosas.Esta experiencia me ha ayudado a conocerme a mí mismo, a saber cómo soy de verdad. Me ayudó a madurar, a valorar las cosas como son.

—¿Cómo era su vida en la Masía? ¿Con quién convivía?

—Durante la semana era bastante rutinaria por el hecho de tener que ir a clase. Tenía un horario bastante estricto en cuanto a entrenamientos. Las horas de estudio las tenía que aprovechar para poder ir bien. La verdad es que convivía con gente de todos los deportes. Tuve la suerte de hacer amigos de fútbol, de fútbol sala, de baloncesto… guardo muy buen recuerdo. Fue una experiencia muy buena y muy enriquecedora que disfruté mucho.

—El hecho de que haya equipos en la OK Liga que pueda tener jugadores profesionales dedicados las 24 horas al deporte y otros que tengan que tener un trabajo al margen para poder vivir, ¿desmerece un poco la competición?

—A mí, a nivel personal, sí me gustaría que se diese un paso adelante a nivel de profesionalización de la OK Liga, desde los estamentos más altos, para que los clubes más «humildes» pudieran obtener recursos y desarrollar capacidades que les ayudasen a alcanzar un nivel de profesionalidad mucho mayor. Tengo la suerte de estar en el Barça, que considero que es el mejor club del mundo en ese sentido, pero también he tenido la suerte de formar parte de un club más humilde como el Club Patín Voltregá, que a pesar de no contar con los mismos recursos que aquí, intentaban llevar al máximo la profesionalidad. Sería necesario un replanteamiento para intentar dotar a la competición de un mayor nivel, no solo para que mejore el espectáculo, sino para ayudar a deportistas y clubes a dar una mejor imagen y más visibilidad al deporte.

—Aún teniendo una carrera deportiva de éxito, usted se ha formado académicamente.

—Estudié Administración y Dirección de Empresas. El año pasado hice un Máster en Dirección Deportiva y ahora estoy haciendo otro. Todos tenemos que estar preparados para un futuro, somos conscientes de que la vida deportiva tiene un punto y final, que a partir de ahí uno ha de seguir buscándose la vida. Desde muy pequeño, en casa, me han concienciado de la importancia de formarse a nivel académico. Tengo la suerte de vivir de lo que me gusta, pero esto se acabará y tengo que estar preparado para lo que venga.

—¿Por dónde le gustaría llevar su carrera cuando acabe su etapa en el hockey?

—Me gusta bastante el mundo de la empresa, aunque también me atrae la dirección deportiva. Me gustaría seguir vinculado al mundo del deporte desde una vía más administrativa, más de gestión. Intento enfocarme en eso, aunque diversificar y variar un poco el mundo en el que muevo ahora, tampoco estaría mal.

En corto

Si tiene que elegir un lugar para perderse, no baraja otra opción que no sea Galicia, y le vale cualquier rincón.

—Después de tantos años en Barcelona hay quien intenta «catalanizarle» hasta el nombre. ¿Siente morriña?

—Claro que la siento. Siempre que puedo intento viajar a A Coruña. Menos mi hermana y la familia por parte de padre, que es de Reus, el resto está toda allí. Gran parte de mis amigos también, así que cuando puedo me escapo para disfrutar de mi gente más cercana.

—Entre todos los títulos que ha ganado. ¿Cuál ha sido el más especial?

—El campeonato de Europa con la selección española, en A Coruña en el 2018.

—Una manía en la pista.

—Siempre hago un ritual. Uno de los ejercicios que realizamos en el calentamiento para estirar los aductores, que es abrir y cerrar las piernas. Lo hago un par de veces al saltar a pista. No sé para qué, pero lo hago.

—¿Sabe cocinar?

—Ahora que vivo solo, no me ha quedado otra que acostumbrarme a hacerlo y poco a poco voy siendo más cocinillas. La pasta boloñesa gratinada no me queda nada mal.

—Un deportista al que admire.

—Rafa Nadal

—¿Su jugador favorito de hockey?

—Siempre ha sido Marc Gual, que ahora es nuestro delegado y hasta el año pasado era jugador.

—¿Una serie?

—Vikingos.

—¿Una canción?

—Lady Madrid, de Pereza

—¿Practica otro deporte?

— Cuando puedo juego a golf.

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