La trucha, un pez cazador


Sucedió un día cualquiera de un año cualquiera de hace mucho.

Aquella mañana paseaba tranquilamente a orillas de la desembocadura del padre de nuestros ríos cuando, sin pretenderlo, me llevaron mis pies a un pequeño puente de madera que temblaba a cada paso y que cruzaba un angosto y lento regato, clásico de toda marisma. No podía creer lo que estaban viendo mis ojos. A mis pies docenas de truchas comunes, algunas de buen tamaño, mezcladas con esas otras no menos abundantes tan características de estas aguas salobres que llamábamos de ciénaga y para completar la faena entre medias también crías de reos moviendo nerviosamente sus colas, disputándole a sus semejantes cualquier mosquito que arrastrase la corriente o que estuviese emergiendo en aquel momento. Todo un espectáculo para la vista del que estuve disfrutando un buen rato.

Perdida ya esta riqueza y queriendo ignorar que quien estaba realmente enfermo era el río, hubo un tiempo en el que se creyó que se podía recuperar repoblándolo con tantas truchas de criadero como hiciesen falta. Grave error porque se olvida que un animal depredador como la trucha, nacido al amparo de una piscifactoría ha perdido su instinto asesino y si quiere sobrevivir en un medio tan hostil como el suyo natural, tiene que matar, y para matar tiene que aprender a cazar su propia comida, y para aprender a cazar necesita del aprendizaje de sus progenitores naturales. Con lo cual, y llegados a este punto, cuando estas truchas llegan al río, si por una parte no has aprendido a cazar y por otra tampoco a defenderte de cuantos depredadores van a intentar que formes parte de su dieta, incluidos tus propios congéneres, tienes los días contados.

Recientemente, ha llegado a mis manos el Proyecto para la Nueva Ley de Pesca Continental que en breve iba a ser remitido al Parlamento Gallego para su aprobación definitiva, que aunque regule convenientemente los recursos para el ejercicio de la pesca en nuestras aguas continentales, el camino a seguir no es solo el administrativo si queremos recuperar de nuevo aquella riqueza de la que disfrutamos los pocos que por aquel entonces paseábamos por las orillas de los ríos.

Se me dice que hay conciencia de regeneración con la instalación de estaciones depuradoras en diversas cuencas. Nunca es tarde siempre y cuando se llegue a confirmar, pero, mientras tanto, siento tener que decir que, de momento, no hay un solo indicio, salvo que el invierno haya sido generosamente lluvioso, que nos lleve a pensar que esta próxima temporada que ya tenemos a la vista vaya a ser mejor que la pasada.

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