El campeón serbio, máxima fiabilidad


No tiene la elegancia de Roger, ni el carisma de Rafa, pero les ha ganado a los dos más veces de las que ha perdido. A diferencia del suizo y el español, venerados por los aficionados de todo el mundo, en escasísimas ocasiones ha contado con su apoyo. Su tenis, más sobrio, no atrae al espectador como la magia de Federer o la espectacularidad de Nadal, y por otra parte sus gestos poco deportivos de romper raquetas en momentos de adversidad no son comparables a las imágenes de ejemplos de comportamiento de sus dos principales rivales.

Su carácter balcánico, que ya comenzó a forjarse al vivir la guerra durante su juventud, se endureció al máximo jugando en las condiciones más desfavorables, y paso a paso, fue haciendo realidad la frase de Toni Nadal, la primera vez que le vio de joven: «Rafa tenemos un problema». Y acertó de lleno sobre las extraordinarias condiciones del serbio.

Competitivo al máximo, ágil, rápido, sólido, formidable restador, buen sacador, con un juego sin fisuras, capaz de imponer un ritmo infernal o aguantar los momentos óptimos de sus rivales, enfrentarse a Novak Djokovic es, sin duda, un dolor de cabeza para cualquiera. Ayer buscaba su octavo título en su pista preferida, en donde entre la colonia serbia y el público australiano, siempre se ha sentido cómodo. Hasta el punto de ganar el torneo ahora en ocho ocasiones.

Pero Djokovic tenía un importante problema: su rival en la final, Thiem, le había vencido en las dos últimas grandes citas: ATP Masters y Roland Garros. Y sus actuaciones ante Nadal y Zverev habían impresionado por el extraordinario estado de forma exhibido por el austriaco. Potentísimo, gran sacador, letal en los golpes de ambos lados siendo capaz de imprimir endiablados efectos desde el fondo, volando por la pista, Dominic, tras ganar en Indian Wells este año, demostró que no solo era un gran jugador en tierra, (donde todos le señalan como el sucesor de Nadal), sino también en pista dura. Tener a Massú de entrenador le hizo sumar al gran trabajo hecho anteriormente por Bresnik, su conversión en un jugador con más variedad, y que va a por todo. No se conforma ya con ser finalista.

La final fue extraordinaria, con Novak ganando el primer set tras un buen comienzo, y el austriaco empatando el partido, tras una penalización del juez a Djokovic. Una decisión que sacó los demonios que habitan a veces en la cabeza del tenista de Belgrado, más atento a discutir con el silla que a superar a su rival.

El tercer set sorprendentemente lo dominó con autoridad Thiem, con el serbio aparentando un bajón físico, cuando en principio las 6 horas más que el austriaco había jugado para llegar a la final hacían prever lo contrario. En el cuarto set a Thiem se le presentó la ocasión de romper y adelantarse 3-1, pero todos conocemos el poder de reacción de Novak, que cuando el rival se cree que está tocado saca a relucir su mejor tenis. Una inoportuna doble falta de Thiem en el octavo juego provocó la pérdida de su saque, y una vez superado el peor momento, con el marcador igualado, el serbio hizo valer su experiencia de 27 finales de grand slams para ganar el quinto set, su octavo título en Melbourne, su decimoséptimo grand slam y la certeza de volver al número 1 de la clasificación mundial.

El trofeo lo recibió Djokovic de manos de Marat Safin, que ganó el torneo en el 2005. El que fue gran campeón ruso no se corta a la hora de opinar que, respetando el excepcional talento de Federer, Nadal, Djokovic, Murray y Del Potro, el nivel del resto de jugadores que han ocupado las primeras plazas del ránking mundial durante los últimos años. es muy inferior al de las décadas anteriores. Opinión con la que coincido plenamente.

Como curiosidad, a Novak, que debutó en Melbourne en ese 2005 con 17 años, le tocó precisamente Safin en primera ronda y el ruso le endosó un contundente 6-0, 6-1 y 6/2. En la siguiente edición, con 18 años, también fue eliminado en primera por Goldstein (que había sido campeón universitario de EE.UU.). En el 2007 ya alcanzó los octavos ante Federer. Y en el 2008, a los 20 años, obtuvo su primer título superando a Tsonga. Desde entonces, un palmarés de ensueño.

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