Sergio García: «Tengo mucha suerte con mi mujer»

El entrenador del Leyma Básquet Coruña no aparca el balón naranja al acabar su jornada y el baloncesto es también su ocio


Sergio García Martín (San Sebastián, 1983) empezó a entrenar en el baloncesto base, por eso tiene una opinión sobre los padres que se sobrepasan los límites desde las gradas en los partidos de los más pequeños. «Hay unos entrenadores que son los que tienen que dar las instrucciones. A veces los padres quieren jugar los partidos a través de sus hijos y faltan al árbitro o a los jugadores. Cuando un niño va a una academia de inglés el padre no se mete en clase a dar gritos para que se hagan las cosas distintas a las que dice el profesor». Este curso trata de guiar al Leyma al play-off de ascenso a la ACB, y de momento lo está consiguiendo.

—¿Cómo está siendo su primer año en A Coruña?

—Muy positivo. Lo que había oído sobre el club y la ciudad, ha cumplido con creces las expectativas. Me encuentro muy a gusto y a nivel personal la ciudad está realmente bien, es muy cómoda y con una calidad de vida muy alta.

—¿Se cumplen los tópicos sobre los gallegos?

—También vengo del norte, y somos parecidos. Yo me he encontrado gente muy amable y dispuesta. No solo en el trabajo, te hablo del mismo edificio donde vivo.

—Desde la banda, parece usted un tipo muy calmado.

—Soy menos calmado en los entrenamientos. En los partidos, mi rol es ayudar. Todo ya está trabajado y ellos están a un nivel de pulsaciones muy alto. Creo que es la mejor forma de no transmitir nerviosismo.

—Estamos acostumbrados a ver entrenadores muy veteranos hablar inglés, son un gremio pionero en el bilingüismo.

—Las nuevas generaciones de entrenadores ya aprendieron en el colegio. Los más mayores, que no han tenido la fortuna de tener una base académica, han ido aprendiendo frases sueltas, traduciendo y salvando la situación. La mayor dificultad está en entender al jugador, porque tu inglés lo puedes entender tú, pero también tienes que entender a un jugador que está alterado y te habla rápido.

—¿Por qué muchas veces los entrenadores y jugadores ni se miran tras un cambio?

—Es el feeling que tú veas en ese momento. A veces te interesa chocar la mano y es mejor ser un poco más frío. Si notas que alguien sale muy cabreado, es mejor apartarse y así evitar un momento tenso. No somos robots, hablamos de personas en un trabajo de tensión.

—En la NBA, ni siquiera se ayuda a un rival a levantarse.

—Somos rivales pero no dejamos de ser compañeros de profesión. Además, existe la probabilidad de que el que tienes enfrente, al año que viene lo tengas al lado.

—Pippen desaconsejó el fichaje de Rodman por los Bulls y Jordan lo avaló, ¿es más de Jordan o Pippen en este caso?

—Es muy complicado, un tema muy sensible, aunque entiendo que la opinión de Jordan valdría más que la de Pippen. Yo valoro mucho las relaciones personales. Creo que es mejor tener un peor jugador pero que el ambiente sea mejor. He visto a jugadores decir: «Si este está en el equipo, yo no voy». Le doy mucha importancia al grupo y a sentirse equipo. En este caso soy más de Pippen que de Jordan.

—«Soy más de Pippen que de Jordan» es un gran titular.

—No lo hagas (ríe).

—¿Cómo lleva su familia eso de estar hoy aquí y mañana no?

—Tengo mucha suerte con mi mujer. Se adapta muy rápido y aquí está muy integrada. Conoce la ciudad mejor que yo: donde comer una empanada buena, donde está el restaurante, la tienda… Soy un afortunado de tener a alguien dispuesto a seguirme en este camino e igual en el futuro me toca a mí.

—Lo normal en el deporte es perder, ¿cómo lo lleva?

—Cuando empecé a entrenar, bastante mal. No te voy a decir que ahora lo lleve bien, pero lo acepto de forma más natural. Somos 18 equipos y solo ganan 2. Lo normal es no ganar. Puedes trabajar bien, pero el rival lo hace mejor y te gana. Intento centrarme en que las dinámicas de trabajo sean buenas, porque eso te acerca a ganar más.

—¿El baloncesto debería ser en abierto en televisión?

—La tendencia es que sea de pago, al final es la forma de que los equipos tengan ingresos, pero tiene que serlo en unas condiciones buenas. A día de hoy, lo de la LEB no funciona. Estar restringido a un teléfono o a una tableta, que no se pueda ver en una televisión y que no retransmitan todos los partidos, no ayuda a seguir a tu equipo, que es lo que quiere la inmensa mayoría de la gente. Tal y como está la ACB, yo que soy consumidor, creo que está bien.

En corto

Mide sus palabras y no le gusta dar pasos en falso. Esquiva bien las balas cuando le preguntan si hay a algún entrenador al que le da especial gusto ganarle. «Me da gusto ganar a todos. A los que son mis amigos, a los que no me caen tan bien. Es mi trabajo y la mejor sensación de la semana es ganar», dice con una buena finta.

—¿Si no hubiese sido entrenador que sería?

—Me hubiera gustado ser fisioterapeuta.

—¿Precisión yugoslava o «showtime» americano?

—Showtime americano.

—¿Un entrenador?

—Gregg Popovich.

—¿Un jugador?

—Larry Bird.

—¿Paga Netflix?

—Sí, con mi mujer elegimos una serie y antes de dormir la vemos.

—¿Y qué está viendo?

—House of cards.

—¿También paga DAZN, NBA league pass, etc.?

—Ahora tengo la fortuna de que me lo paga mi empresa, pero sí.

—¿Qué se compraría si cobrase lo que Pablo Laso?

—Una casa.

—¿Con pista de baloncesto interior como J.C. Carroll?

—No, prefiero una piscina.

—¿En su día dijo que en A Coruña «no llovía tanto», lo mantiene?

—Ya no. Aunque creo que la lluvia de este invierno ha sido parecida en toda España, pero sí, fue una locura. Aunque cuando dije esa frase considero que algo de razón sí tenía, ahora ya no.

—¿Tienes algún miedo?

— No. Ahora todo lo que me asusta es porque pueda pasarle algo mi hija.

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