Ana Peleteiro: «Mi reto es ser un día la mejor»

Oro europeo en pista cubierta con récord de España, en el 2019 se rehízo del golpe de perder a su abuela


El 2019 fue el año de Ana Peleteiro (Ribeira, 1995), como también lo había sido el 2018 y como probablemente lo será el 2020. Pero los últimos 12 meses, detrás del título de campeona de Europa de triple salto en pista cubierta y su sexto puesto en el Mundial de Doha, deja una amplísima gama de matices para la deportista gallega más mediática. Empezó muy bien. «Empezamos el año entrenando muy duro, preparamos muy bien la pista cubierta pese a que una lesión parecía que iba a estropear todo, aunque fui al Europeo, gané y batí el récord de España [14,73 metros]. Pero luego pasaron cosas, y con la pérdida de mi abuela yo perdí un poco la concentración en los entrenamientos. Si la cabeza no está al 100 %...

-¿?

-Sin la cabeza bien, todo se vuelve un mundo. Fue una temporada más larga de lo normal y los últimos dos meses fueron bastante difíciles. Así la analizo, como difícil, pero de todo salgo algo positivo, aprendí ciertas cosas. Siempre viene bien caer un poquito.

-¿Qué aprendió?

-A separar y saber llegar esas dos o tres horas a entrenar y solo entrenar. Luego en casa puedes estar mejor o peor, pero hay que saber dividirlo, no ser tan dramática o tan emocional. Yo soy muy emocional y eso es bueno para algunas cosas, pero no para otras.

-Aún así, su año fue muy bueno. ¿Qué nota le pone?

-Un 7 y medio. No sé. Hice una pista cubierta muy buena y un aire libre muy mejorable. Llegué al Campeonato del Mundo con molestias, y aún así salté 14,47, pero alguien competitivo y con ansia de ganar no se puede ir contento con eso.

-Habla de la cabeza. No trabaja con un psicólogo.

-Lo hice hace tiempo, pero no me fue bien. Yo debería saber canalizar mejor los problemas más personales. Ahora Iván [Pedroso, su entrenador] me da consejos sea en el ámbito que sea. No hay que mezclar ciertas cosas, pero Iván sabe todo de mí, sabe los problemas que tengo porque convive conmigo y se da cuenta. Yo soy como el agua de transparente.

-Ya lleva más de tres años en Guadalajara, una ciudad pequeña con un grupo de entrenamiento de élite. Un cambio radical en su vida.

-Sí. Fue un cambio total. Tanto en la parte positiva como en la negativa. Estar aún más lejos de la familia, pero a la vez ver que soy más profesional y disfruto de esto. Eso vale la pena y te hace olvidar un poco el esfuerzo. Pero cada vez que vuelvo a casa me cuesta más volver. Porque están mis sobrinos en Galicia, que son pequeños y pasan tres meses y ya hacen cosas diferentes...

-¿Qué se lleva de Galicia en la maleta?

-No muchas cosas. Porque, si no, subo de peso (ríe). En realidad, en Galicia adelgazo porque en mi casa se come mucho pescado y se come muy bien sin privarme de nada.

-El grupo de Guadalajara le fue ayudando a madurar.

-El grupo me ha hecho madurar en la forma de ver el atletismo. Yo antes veía el atletismo como una afición que me hacía ganar dinero; ahora lo veo como mi trabajo, al que me dedico al 100 %. Antes no lo veía así.

-Madura, pero mantiene su carácter fuerte.

-Sí, claro. Eso va dentro de mí y es lo que menos puedo perder porque al fin y al cabo eso me ayuda a la hora de competir.

-Y su objetivo es llegar a ser la mejor algún día.

-Sí, obviamente, eso forma parte del deporte. Mi reto es ese, serán un día la mejor. No me importa no serlo todos los días porque eso es algo muy difícil, pero sí en el momento indicado. Es mi sueño y siempre lo tuve en la cabeza. En el colegio me preguntaban qué quería ser de mayor y yo decía campeona olímpica. Los profesores hoy se acordarán. Quiero ser la mejor algún día. ¿Cuándo? No lo sé. Y a lo mejor no lo consigo, pero voy a trabajar para eso, lo tengo claro.

-Con frecuencia se refiere a su Tándem, ¿qué es para usted el Tándem?

-Son las personas que me acompañan en todos los momentos. Mi familia, Iván, mis mejores amigos y mi mánager [el gallego Alberto Suárez]. Y nadie más. Porque cuando subes y caes en picado es cuando ves quién permanece a tu lado.

-En el 2020 mantendrá su plan habitual, aunque los Juegos marquen el verano.

-Haré como siempre. Entrenar, competir, mejorar... Vamos a prepararnos para el Mundial de pista cubierta [en marzo en Nankín, China], eso sí. Yo soy joven y nos viene bien competir. Hacerlo bien allí nos daría una motivación extra para los Juegos. Hay que ver eso como una oportunidad, no como una pérdida de tiempo. Al fin y al cabo estamos acostumbrados a hacer la temporada de pista cubierta, este no es el año de inventar. Inventas cuando tienes treinta y pico años y ya vas con molestias y dices «vamos a entrenar, vamos a hacer una buena preparación física solo para llegar bien a los Juegos. Pero yo soy joven, y estoy lista para eso y para más.

-En julio se disputan los Juegos. ¿Siente que ya no queda nada para Tokio 2020?

-Sí, parece que ya está ahí, por fin. Pero quiero disfrutar de cada momento. Aunque te dé pereza y prefieres escatimar en algunos ejercicios de algún entrenamiento, piensas «‘vamos a aprovecharlo porque a lo mejor no vuelves a estar en el año previo a unos Juegos’». No lo sabes. Ya que me perdí los de Río. Así que quiero aprovechar estos bien.

«Los primeros Juegos que recuerdo son los de Atenas, pero me marcaron los de Pekín»

Los Juegos Olímpicos, la gran cita del 2020, forman parte de la educación de Peleteiro desde niña. «Siempre los veía con mi padre. Su sueño era que yo hiciese un deporte olímpico. Como en mi pueblo no había gimnasia artística, que era lo que yo quería, y era buena corriendo, pues me propuso hacer atletismo. Me gustó, me quedé y fui feliz», explica.

-¿Cuál es su primer recuerdo de unos Juegos?

-Los primeros que recuerdo son los de Atenas. Pero los que me marcaron fueron los de Pekín. Allí ganó Nelson [Évora, su pareja], allí asombró Usain Bolt...

-¿Qué es lo que más le llama del ritual olímpico?

-Supongo que todo. Se lo digo a Iván, tengo miedo de llegar allí y que los Juegos sean tan diferente a un Campeonato del Mundo que me distraiga. Pero ya disputé Mundiales en pistas olímpicas como las de Berlín o Londres y eso es positivo para que se parezca un poco a lo que voy a vivir dentro del estadio de Tokio. Luego al estar en la villa olímpica, con tantos deportistas, me costará no distraerme. Pero de la mano de Iván y de mis compañeros, que tienen más experiencia en los Juegos, será más fácil porque me darán buenos consejos.

-¿Cuál es su objetivo ahora?

-Entrenar mucho, intentar cada día ser menos vaga, dejar la pereza a un lado... Sí, soy vaga, no me gustan nada los entrenamientos de principio de temporada porque son monótonos y me cansan mucho. Pero hay que pasarlos. Quiero siempre incrementar algo respecto a lo que hice el año anterior. Desde que entreno con Iván, cada año fuimos mejorando una cosa, aunque fuese pequeñita. Y así quiero seguir.

-¿Y de marcas o puestos? ¿Qué idea tiene para el 2020?

-No. Eso me lo reservo para mí y para mi entrenador. Yo lo único que puedo prometer es que voy a poner todo de mí y lo que siempre digo, si llego allí y hago un determinado puesto, porque di mi mejor versión y otras entrenaron más que yo y me ganaron, pues que me sirva para aprender que tengo que entrenar más aún, como me pasó este año. Nos marcamos objetivos, pero nos los guardamos para nosotros.

El refugio de Ana Peleteiro en la Alcarria

Paulo Alonso

La triplista gallega vuela con el equipo de Iván Pedroso en el entorno espartano de Guadalajara

El sol se acerca a lo alto del cielo de la Alcarria cuando en las pistas de atletismo de Fuente de la Niña apenas se oye el machacón paso de los coches por la A-2, las voces de un grupo de escolares que cumplen el expediente de las horas de clase con juegos en el estadio, el jadeo de futuros opositores a policías y bomberos mientras entrenan y el resoplido de un puñado de atletas populares. También empiezan a entrenarse algunos saltadores y velocistas. A las 12 aparece la figura longilínea de una mujer de 1,92 metros, 72 kilos de peso, pelo rubio y corto. Canturrea Como un bebé, el sonido que sale de su voluminoso altavoz JBL. Durante las dos horas y media siguientes, el reguetón que sale del gigante aparato será la banda sonora del entrenamiento de uno de los grupos de super élite del atletismo mundial, que ha encontrado en el espartano entorno de Guadalajara el sitio idóneo para entrenar sin distracciones ni lujos. En armonía.

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