Fátima Fernández Cano, golfista profesional afincada en Estados Unidos: «Hay que espabilar»

Habla de su profesión con una naturalidad que hace reflexionar sobre la cultura de golf en Galicia


Fátima Fernández Cano (Santiago de Compostela, 1995) crece en Estados Unidos como profesional del golf, rara avis en el deporte gallego. El pasado año, con su participación en el US Open, demostró un salto de calidad que se traduce en una agradable madurez reflejada en un hablar sereno pero cargado de energía.

-¿Deportista o emigrante?

-Deportista 100 %.

-¿Qué significa eso?

-Pasarme todo el año pensando en entrenar, y entrenarme de un modo u otro, golf o gimnasio. Y tener apenas dos semanas para ver a la familia. Toda mi vida gira en torno al deporte.

-Era lo que buscaba, no se queje.

-¡Para nada! Este es mi sueño. Pero a veces es complicado. Estar fuera de casa, buscar dinero para seguir jugando... es muy duro.

-¿El profesionalismo mató al romanticismo?

-No, solo que no es tan idílico como la gente cree. No es viajar y conocer sitios. Son viajes eternos en coche. A veces no sabes ni dónde duermes. A cambio, hay experiencias fantásticas que te hacen crecer como persona. Hay que espabilar. Y en un deporte individual, estás sola contra el mundo.

-¿Para derribar estereotipos?

-Hubo que hacerlo. No en Estados Unidos, pero en el norte de España incluso hay gente que no considera el golf un deporte. Y es alta competición como otro. Entreno de cinco a ocho horas al día en el campo, más el gimnasio.

-¿Es para élites?

-No en mi caso. Ya me gustaría haber tenido todo el dinero para poder practicarlo. No es un deporte de pijos. Otra vez es un tema cultural. En Estados Unidos o Inglaterra es tan accesible que lo ven de otro modo. Trabajé mientras estudiaba Global Business para poder seguir jugando. Pero en ciertos lugares de España no acaban de entender que es mi profesión. Me preguntan después: «Vale, pero ¿a qué te dedicas?».

-¿Ejercerá de lo que estudió?

-Es mi plan B, lo que significaría que me sigo dedicando al golf. Ojalá no piense que me he cansado en unos años. Nunca se sabe, pero no creo. Y podría aplicar mi formación al deporte en general. Y al golf en concreto.

-Siempre hubo golf en su familia... y profesiones atípicas.

-Cierto. Mi abuela se dedicaba a la moda infantil, mis padres y mi tío jugaban. Mis hermanos y yo estábamos todo el rato en el campo de niños. Luis era el que mejor jugaba y acabó siendo músico cantautor. Es muy bueno. A ver si da el salto, porque se lo merece...

-¿Volverá usted a Galicia?

-Hasta hace poco decía no, rotundamente, porque mi objetivo es el LPGA, con la mayoría de los torneos en Estados Unidos. No tendría sentido. Pero quieren potenciar el tour europeo y eso cambia el escenario. Me lo plantearía. Llevo a Galicia siempre conmigo e intento representarla lo mejor que puedo. Pero es complicado dedicarse al golf y vivir aquí. El clima condiciona demasiado.

-A pesar del esfuerzo físico que me ha descrito antes, usted siempre dice que el golf es mental.

-Totalmente. Lo más difícil de adaptar al pasar de aficionada a profesional es la cabeza. La presión de jugarte tu comida, de mirar la cuenta del banco y pensar: «Me quedan dos torneos y a ver qué hago si no salen». Y debería ser disfrutarlo más. En el Symetria Tour jugamos bien todas. Las cuarenta primeras tienen el juego dentro. Pasarían al LPGA sin problema. La presión es la clave.

-Ha dicho que los Juegos Olímpicos son su objetivo personal, pero no es el torneo más prestigioso.

-Lo siguen siendo, por supuesto. Sería un honor para mí, es el sueño de todo deportista. Y aunque no sea el torneo de más solera o prestigio, significa mucho. Pero aún queda tanto...

-Soñar así es muy de los deportistas...

-Estamos todos un poco locos, para seguir entrenando tras un sueño lejano. A veces, soñamos demasiado. Y espero seguir haciéndolo mucho tiempo. El deporte me da muchas más cosas de las que jamás podré devolverle. Incluso haber estudiado fuera y aprender otra cultura. Grandes amistades. Mi familia americana, como yo la llamo...

-¿Practicó más deportes?

-De pequeña. Baloncesto, hockey sobre patines, pero siempre estaba presente el golf y acabó predominando.

-Supo elegir.

-Bueno, estoy segura de que otros deportes también hubiesen aportado mucho a mi vida. Las disciplinas de equipo te enseñan muchos valores, también.

-¿Colecciona objetos?

-No.

-¿No tiene manías?

-Alguna tengo, pero creo que forma parte de mi rutina, más ahora que me la he impuesto desde que soy profesional. Por ejemplo, con la limpieza. Y me encanta dormir en mi cama, no dejo que duerman en ella ni a mis hermanas.

-¿Dónde vive en Estados Unidos?

-Pues ahora en ningún sitio. Tengo todas mis cosas en un trastero porque se acabó el contrato de alquiler del apartamento cuando vine a Galicia en Navidad y tengo que buscar otro. Me he mudado demasiadas veces, tengo mi vida en apenas cuatro cajas. Quizás por eso no colecciono cosas.

-¿Y los trofeos?

-Los más queridos por mí van en una de esas cajas. Los demás, repartidos en casa de mi abuela, en la casa club de mi universidad...

-¿Tiene cupo de viajes?

-Para nada. Siempre me encantó conocer lugares y culturas, pero se me hace raro ir sin los palos, como si me faltase algo, estoy siempre pendiente de ellos. Fui un fin de semana a Barcelona con amigas y me puse a buscar por el aeropuerto...

-¿Algún destino pendiente?

-Al vivir fuera, los viajes son visitar a familiares o amigas, pero por ahora mi viaje pendiente es mi casita en Galicia je, je...

-¿En casa cómo mata el tiempo?

-No puedo estar quieta dentro un día entero, me tiene que dar el aire. Siempre se me ocurre, o busco algo para hacer, montar una estantería... o cocinar. Me encanta cocinar. Aunque son cosas simples, como lentejas o tortilla de patata para los americanos, pero son mías. Será que estoy siempre comiendo lo que me dan en casas ajenas y hoteles. Me gusta comer bien y es una de las cosas que más echo de menos. Y no me acostumbro. No nos damos cuenta de la suerte que tenemos los gallegos.

-¿Música?

-Un poco de todo. Y aunque a la gente no le gusta, el country popero, tan típico de donde vivo, no me disgusta. Y, por supuesto, de cantautor, como la de mi hermano, Luis Fercán.

-¿Series?

-No veo muchas. Mi problema es que me engancho y no duermo porque siempre quiero ver el siguiente capítulo. Las policíacas me gustan, pero si estoy sola me dan algo de miedo.

-¿Lee?

-Más que nunca porque me obligo a tener tiempo para ello. Acabé Reina Roja y me encantó.

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