La doble apuesta para los Juegos de Tokio de Carmela Cardama

X.R.CASTRO

DEPORTES

Xabier_Fernandez

La viguesa, nueva plusmarquista española de 5.000 bajo techo, busca la mínima en el 10.000 y en los cinco kilómetros

13 dic 2019 . Actualizado a las 15:30 h.

Carmela Cardama (Vigo, 1996) no solo se ha hecho mayor en Estados Unidos, en donde lleva cinco años estudiando, sino que ha pegado un salto en lo personal y en lo deportivo. La fondista derrocha personalidad fuera de la pista y talento sobre el tartán. Tanto, que el pasado fin de semana hizo añicos una marca con casi dos décadas de vida en el ránking español, la de 5.000 metros en pista cubierta al correr en 15m 25s 41c, un minuto y diez segundos menos que el registro vigente desde 1998 (cuando ella tenía dos años) firmado por Vanessa Galán. La mejor carta para presentar su candidatura a los Juegos de Tokio, en donde quiere hacer mínima en los 10.000 y 5.000 metros.

«Con olimpiadas no hay plan A ni B. Si puedo coger las dos, me cojo las dos, frenar no me voy a frenar antes de llegar a meta. Creo que en los rangos que me muevo yo, si consigo la mínima del 10.000 es probable que también esté en tiempos del 5.000, creo que ahora mismo son bastante transferibles, me gustaría ir a las dos», comenta desde Eugene (Oregón), en donde está a punto de finalizar sus estudios de Psicología Clínica.

De entrada el récord de España de los cinco kilómetros en pista es todo un aval. Una marca que en absoluto le cogió por sorpresa: «La idea era bajar de los 15,40 minutos. Entre esa marca y los 15,20 todo era posible y al final fueron 15,25. Todo salió muy bien». Un registro que llega, además, con un inmenso margen de mejora por delante. «Ver que puedo correr en esta marca y con esta consistencia en solo tres meses (de temporada) es muy bueno porque tengo muchas cosas pendientes por hacer y otras muchas por meter», lo que le invita a pensar que las mínimas para los Juegos de Tokio son posibles: 15m 10s 00c en los 5.000 y 31m 25s 00c en los 10.000 (su mejor marca por el momento es de 32m 26s 43c).

El gran hándicap, en especial para conseguir la mínima en la prueba de las 25 vueltas a la pista, es encontrar la carrera y el momento perfecto, ya que es probable que no haya una segunda oportunidad. «Es que es una carrera en la que tienes que mirar mucho cuándo abordar esa mínima, no puedes intentarlo muchas veces, solo puedes hacer un par de diez miles al año y entonces lo tengo un poco complicado. Estamos intentando ver en dónde sería y cuándo». Porque Carmela sí que correrá varios 10.000 con su Universidad de Oregón, pero en citas en donde debe anteponer el puesto a la marca.

Su plan de trabajo hasta los Juegos de Tokio contempla un bajada de volumen en las próximas fechas. De hecho el sábado regresa a Galicia y el 31 de diciembre correrá la San Silvestre Vallecana para de vuelta a Estados Unidos centrarse en hacer la mínima en el nacional de 3.000 -«es por ránking, pero tendré que estar por debajo de los 9 minutos y me va a exigir velocidad»- y a continuación pesar en las mínimas olímpicas.

Calidad mecánica frente a movimientos innecesarios

A punto de culminar su etapa universitario en Oregón, una de las cunas del atletismo, la viguesa derrocha clarividencia: «Creo que soy una Carmela con muchos más conocimientos de lo que conlleva llegar a hacer estas marcas. Sé mucho más de cómo cuidar mi cuerpo, cómo tratarlo y cómo afrontar cada entrenamiento porque no se trata siempre de correr lo más rápido posible, sino de la función que cada sesión tiene durante la semana. De eso he aprendido muchísimo y me está ayudando a sacar lo máximo de mí», comenta.

La frase sirve de preámbulo para el plan de entrenamiento que sigue en Eugene y en donde ha cambiado sesiones llenas de kilómetros por otro tipo de trabajo que a la vista de las marcas, está resultando mucho más óptimo para su cuerpo: «Hago mucho trabajo de fuerza, estabilidad de core, muchísima mecánica de carrera, que antes nunca había hecho, y eso te permite conseguir esos segundos en cada vuelta que al final hacen una gran diferencia». Un aspecto al que le pone un ejemplo concreto de mejora: «El año pasado cuando quedé segunda en los nacionales fue porque a falta de 500 metros fui capaz de correr mucho más rápido que las compañeras pese a llevar 9,5 kilómetros encima. Pese al esfuerzo, mi mecánica de carrera no se rompió». «Buscamos calidad mecánica y eficiencia, no perder energía en movimientos innecesarios», precisa. Por eso la bici y la piscina han aparecido en su vida.

Quien dirige este plan de trabajo es Helen Lehman-Winters, su tercera entrenadora en Estados Unidos y la segunda que tiene en Eugene, un lugar idílico para el atletismo.