El Atlético solventa el trámite contra el Lokomotiv y estará en octavos de la Champions

Joao Félix y Morata marcaron los goles rojiblancos de la clasificación


Colpisa

Al Atletico le falta mucho gol, elevar su autoestima y bastante pausa, pero su margen de crecimiento es enorme y el pase a octavos de la Champions debería representar un punto de inflexión en un curso extraño. Es indudable que Simeone transmite su carácter ganador al equipo, pero no es menos cierto que con frecuencia genera aún más ansiedad con sus gestos a sus jugadores, ya de por sí nerviosos porque se presentaron a la final de diciembre en situación crítica después de una victoria en ocho partidos y cinco horas sin anotar desde que marcó Lodi en Granada. Ganar al Lokomotiv supone una tarea relativamente sencilla en condiciones normales pero se había convertido en una misión de riesgo, más si cabe con los fantasmas del Qarabag todavía sobrevolando el Metropolitano, muy cerca del lleno y con una afición entregada a la causa.

Salieron los colchoneros en tromba, como si tuvieran que remontar un resultado muy adverso, y enseguida disfrutaron de los favores de un equipo ruso ya eliminado, casi de vacaciones. No se había cumplido el primer minuto y el portero ya se pasó de frenada para regalar un penalti por derribo a Joao Félix. De forma sorprendente, lo lanzó Trippier, lejos de ser un consumado especialista, y lo desvió Kochenkov primero y el palo después. Desde el VAR debieron ordenar repetir esa jugada porque fue un hecho objetivo e irrefutable que el guardameta se adelantó antes de tiempo.

Presentes rusos El equipo representativo de los ferrocarriles moscovitas sorprendió con otro presente impropio de este nivel, al cuarto de hora. No vio Kassai la mano tan innecesaria como evidente de Zhemaletdinov, pero esta vez el VAR sí le corrigió bien. El Cholo no quería pero Joao Félix asumió la responsabilidad, a sus 19 años, y puso el balón junto al palo sin tomar apenas carrerilla. Lejos de conformarse, el Atlético prosiguió con su presión altísima y sus ataques vertiginososo ante un rival que apenas pasaba del centro del campo. Por ambos costados, los colchoneros encontraban autopistas, pero ni Trippier, ni Lodi, ni Joao Félix, muy individualista, decidían bien en los momentos determinantes. Morata debió sentenciar, tras dejada de Correa con la testa, pero el VAR, de nuevo atinado, anuló el gol por cuestión de centímetros. Y es que el madrileño acostumbra a vivir siempre al filo del 'offside'.

Le adornó al Atlético la virtud de garantizarse pronto la victoria, tras el descanso. Trataban de asomar algo más los timoratos moscovitas, pero Felipe les golpeó tras un saque de esquina lanzado en corto. Fiesta en el Wanda, con la hinchada entregada al Cholo, a sus jugadores y al espíritu de Luis Aragonés. Notable Thomas, también Joao Félix entre las línea enemigas y mala noche de Correa, demasiado precipitado y torpe al resbalarse y llevarse por delante al veterano Corluka, retirado en camilla. Por prestigio, dinero y jerarquía, el Atlético cumplió con su obligación de superar la fase de grupos. Le esperan cocos en el sorteo, pero ir de víctima le encanta.

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