Filip Djuran, el especialista desde la línea de tres que quería ser futbolista

El jugador viene de firmar 17 puntos ante Alicante recuperando su mejor versión en un momento clave del año


Quizás el gran reto de esta época de tanta información y tan pocos informados sea saber cuándo fiarse de Internet. Por ejemplo, a Filip Djuran la Wikipedia le echa tres años más de los que tiene. «Alguien puso que nací en 1988. No sé quién», comenta sin darle mayor importancia.

En realidad, Djuran nació un 4 de julio de 1991 en Belgrado, entonces capital de Yugoslavia. Nueve días antes de su nacimiento, a Eslovenia le dio por declarar unilateralmente su independencia de aquella federación de repúblicas socialistas del sur. Croacia hizo lo mismo. Era el comienzo en Europa de una guerra que duraría 10 años. «Es una coincidencia», zanja sin más el jugador, que cambia rápidamente de tema. «Nací en Belgrado, que no era tan peligrosa como podían ser otras ciudades. En el resto de Serbia sí que era difícil. Son cosas políticas. Tan simple como eso. Fue hace 30 años y además no recuerdo nada». Fin del asunto.

A Djuran le interesa el baloncesto, no la política. Escucha con atención la historia de que el KK Split —heredero de la antigua Jugoplastika— llegó a ejercer como local en A Coruña durante la guerra y, repasando los nombres de la actual selección serbia, sí admite que de existir todavía Yugoslavia sería un auténtico equipazo. ¿Por qué esa zona del Viejo Continente ha sido capaz de generar tradicionalmente tanto talento? No es capaz de explicarlo. «No lo sé. Tenemos talento y buenos entrenadores. Supongo que aquí, desde pequeños, los niños juegan al fútbol, pero en nuestro país crecemos jugando al baloncesto», teoriza.

Aunque en realidad, la pelota que a Djuran le llamaba la atención cuando era un niño, no era la naranja. «Si te soy sincero, prefiero ver partidos de fútbol que de baloncesto. No es porque el básquet sea mi trabajo. Ya desde pequeño quería ser futbolista, pero mi mejor amigo de la infancia me invitó un día a jugar al baloncesto y le dije que vale, que iba», rememora.

Djuran desempolva su fusil

El potencial futbolista acabó en A Coruña, previo paso por Portugal y la liga sueca, donde vivió un auténtico palo con el fallecimiento del que era su técnico en el Nässjö, Raúl Jiménez, también exentrenador asistente en el COB.

Esta temporada, afronta su segunda etapa como jugador del Leyma. Su primera fue la última de Tito Díaz en la temporada 2016-2017. El equipo cayó en cuartos de final del play-off y Djuran hizo las maletas. Melilla y Lleida para acabar regresando al primer vértice del triángulo ibérico que ha trazado en su carrera.

El serbio anotó 17 puntos en la última victoria del equipo ante Alicante, su mejor registro de la temporada. «Sienta bien anotar más puntos y el equipo está ganando. Trataré de hacerlo así todos los partidos», dice reconociendo que no está siendo su mejor año de cara a canasta.

El alero se alistó en este proyecto con la intención de tomarse la revancha de un play-off que se le resiste. Sergio García lo convenció y con el entrenador comparte discurso. «Sabemos que podemos perder con cualquiera y estamos centrados. Es tan simple como eso. Es difícil mantener la calma ante rachas como esta, pero es que los próximos tres partidos son contra Palma, Valladolid y Breogán. Equipos durísimos. La Liga es igualadísima este año y muy larga», dice sin atisbos de euforia.

«Bulic es mi amigo, era mi mejor amigo aquí»

Filip Djuran escapa de las historias de guerra y deja ese melón para «la política». Porque las vidas siguen y en esta etapa en A Coruña el escolta ha encontrado en un jugador bosnio, enemigo de su país en los noventa, a su mejor aliado. Por eso la decisión de Bulic de finalizar su relación con el Leyma le duele especialmente, aunque el alero no suelta prenda sobre las razones del divorcio: «Deberías preguntárselo a él, lo va a explicar mejor».

La renovación de Bulic, junto a la de Jeff Xavier, fue una de las principales razones que sedujeron a Djuran para fichar por los coruñeses. «Creo que es una gran pérdida, la gente le quiere mucho por lo que hizo el año pasado, con algunos partidos espectaculares. Es un jugador muy inteligente y una gran pérdida. Siempre es bueno tener jugadores como Mirza en tu equipo», asegura.

No hay que ser un lince para darse cuenta que el jugador pierde, con esta baja inesperada, un aliado en el vestuario. «Es mi amigo. Mi mejor amigo aquí. Al final, los dos hablamos el mismo idioma. Fue una de las razones por las que vine aquí este verano. Desde su punto de vista, entiendo su decisión», afirma para cerrar el expediente.

Bulic hacía a Djuran sentirse más cerca de casa. El jugador del Leyma es aficionado del Estrella Roja aunque su trayectoria en la Liga serbia la firmó con la camiseta de otros dos equipos de la capital: el Radnicki y el OKK, dos clubes humildes —aunque el segundo llegó a cargarse al Real Madrid de competición europea— que desmitifican el estereotipo de las canchas infernales eslavas. «Hoy en día, solo el Partizán y el Estrella Roja mueven grandes masas de aficionados. Actualmente en la Liga, el resto no están consiguiendo arrastrar a la gente que solían a finales de los 90 o en los 2000», asegura reconociendo que le motivan los ambientes de las canchas más calientes de su país. Ambientes que poco tienen que ver con el del Palacio. Preguntado por qué prefiere, es claro. «Home», responde. Traducirlo simplemente como hogar, quizás sea poco.

La primera vez de Sergio García y Charlie Uzal

Lois Balado

Ambos se cruzaron por primera vez en el 2007 en A Coruña en un duelo en el que Uzal anotó 9 puntos para el Leyma y que ganó Sergio García cuando entrenaba al Torrevieja

Las cosas nunca son como empiezan, sino como acaban. El arranque de la temporada 2007-2008 fue complicado para el Básquet Coruña. Aquel equipo, entonces entrenado por Antonio Pérez y que se estrenaba en la recién nacida LEB Bronce, debutó con derrota. Fue en casa —cuando la pista de Riazor II aún era su casa— en un partido frente al Torrevieja que se decidió por un solo punto de diferencia. Lino López dispuso de dos posesiones para amarrar un triunfo, pero la pelota se salió del aro.

A los levantinos los entrenaba un jovencísimo Sergio García. «Creo recordar que solo Xavi Terren era más joven que yo. El resto de jugadores —gente como Carlos Braña, Navalón o el venezolano Machado— eran mayores que yo», recuerda el hoy técnico de los naranjas, que entonces contaba 24 primaveras.

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