Pepe Pozas: «Héroes del sábado es Obra 100 %»

La canción de La M.O.D.A. suena cada día en el vestuario del equipo santiagués


En su Málaga natal ya le llaman Pepiño. Le dicen que se le está pegando el acento, aunque desde la esquina noroeste de la península no lo parece.

—¿Recuerda tu primer día en Santiago?

—Sí. Recuerdo coger el coche en Málaga por la mañana. Iba hablando con Fran Cárdenas, porque salía el mismo día en coche desde Huelva. Llegamos a la vez a los pisos de la rúa Mónaco, donde viven muchos compañeros. Recuerdo ese día, de descargar maletas, de ver al delegado, Fran Grela, de cenar con Moncho.

—¿Pensaba en empezar una etapa tan larga?

—No, que va. Había firmado por dos años. Y a partir de ahí es lo que piensas. No vas más allá. Incluso firmar un contrato no implica siempre que te vayas a quedar esos años que firmas. Para ser mi primera experiencia en ACB, con 22 años, la verdad es que solo pensaba en aprovechar y disfrutar ese año.

—¿Cuánto tiene ahora de gallego y cuanto de andaluz?

—Cada vez más de gallego. Pero el andaluz no se me va. Nada más tengo que hablar con alguien de allí, o bajar un tiempo a Málaga, y enseguida lo recupero.

—Y eso de que no se sabe si los gallegos suben o bajan la escalera....

—A mi entrenador no le pasa. Es muy muy claro, no te deja nada al azar. Son tópicos que de vez en cuando salen, pero tampoco es tan así.

—¿Cómo es Moncho cabreado de verdad?

—Mejor no hablarle mucho en ese momento, no trates de llevarle la contraria. Si se cabrea es porque realmente piensa que tiene razón y que no hay motivo, por así decirlo, para hacerlo mal. La verdad es que no se cabrea tanto como para no poder conversar con él.

—Dígame dos rasgos del Obra

—El trabajo en equipo y la perseverancia.

—¿Que rivales le dieron más guerra

—Puff. Han pasado muy buenos. Entre los más cercanos en el tiempo, Heurtel, Campazzo, Vildoza, Llull... Hay un montón. Pero echas la vista atrás, y en mi primer año aquí estaba Satoransky en el Barça, un base de dos metros... Cada año tiene lo suyo. Es lo bonito. Cuando lo ves ahora en la NBA, o ves superestrellas, saber que gracias a tu trabajo y esfuerzo has tenido la oportunidad de competir con ellos es motivo de satisfacción.

—¿Ve mucho baloncesto?

—Sigo más otros deportes. fórmula 1, motoGP, balonmano...

—¿Surf también?

—Me gusta mucho. De joven hacía surf porque mi primo Ricardo lo practicaba. Mi primo Álvaro también. Veraneábamos juntos, siempre con las tablas. Cada dos por tres intentábamos imitar y aprender. Al ser un poco mayores, con nuestras tablas y nuestros horarios, nos íbamos por ahí a coger olas. Veraneábamos en la playa, bajábamos a surfear a las cinco y no subíamos a las once de la noche.

—¿Ha probado las playas de aquí?

—Sí. He probado tres. Hemos ido a Corrubedo, al Vilar y As Furnas.

—Tampoco arriesga mucho.

—No hay necesidad de jugarse la vida sabiendo que después hay que jugar al baloncesto. Este verano hemos ido a Portugal y cuando te encuentras olas de más de dos metros, te dices que tampoco hay necesidad.

—Conozco el de M Clan. ¿Hay más apodos en el vestuario?

—Álvaro se parece un poco al cantante. Kostas, un poco Jorge Cremades. A Calloway le decimos Carlos Way porque Rubén un día se equivocó. Vamos cogiendo cositas que van pasando durante el año. En mayo tendremos un popurrí, y a ninguno le llamaremos por su nombre. Ah, y Puyi, Aleix Font, que está hecho una roca.

—¿El capitán también tiene?

—Creo que, de momento, no. Pero si soy un tío al que le gusta hacer bromas soy el primero en aceptarlas.

—¿Se siente el héroe del sábado?

—Ya sé por donde viene, por la canción de La M.O.D.A. Gracias a mi mujer Bea y a mi amigo Quique conocí esta canción en verano. No había puesto mucha atención a la letra. Cuando la escuchas, tiene mucho significado Obra. Cada semana vienes aquí, te lo curras, intentas hacerlo lo mejor posible. Si te sale, bien. Si no, vas a volver. Y pase lo que pase no olvides de dónde vienes. Creo que eso es Obradoiro cien por cien.

—¿Ya forma parte de los rituales en el vestuario?

—Sí, sí. Es más importante que las charlas de Moncho (risas). Al primero que se la enseñé fue a él, y le flipó. Hay una anécdota. En Murcia la pusieron en el calentamiento. Además, era el día en el que hacía el récord de partidos. Nos miramos, nos reímos y pensamos que estaba hecho. Y así fue, aunque costó.

En corto

Por muy permeable que sea al gallego, a Pozas le sale su Málaga natal por todos los poros.

—¿De cuántas maneras distintas piden el café en Málaga?

—Unas cuantas.. El solo, el sombra, la nube, largo, semilargo, mitad...

—¿Cuál es el suyo?

—Un mitad. Es un café con leche, mitad café y mitad leche. La primera vez que lo pedía aquí me miraban con cara de decir: ‘este tío es tonto’. Ahora pido un café con leche.

—¿Supersticioso?

—No... Soy ordenado. Me gusta tener mis rutinas.

—¿Las más acusadas?

—¿Qué las quiere, desde mi casa o en el pabellón?

—Usted mismo.

—Llego, pongo la música, siempre me cambio más o menos igual, me pongo primero los pantalones, después la camiseta, después el cubre, la zapatilla derecha antes que la izquierda, me despido de mi mujer antes de abrocharme los cordones, me quito el anillo, salgo a la pista con la misma rutina de tiro siempre, siempre tiro el primero en el ejercicio de tiros libres, entro el primero en el vestuario... Eso es los días de partido.

—¿Boquerón o percebe?

—Boquerón.

—¿Ha probado los percebes?

—Boquerón por todo el contexto. Frito te lo tomas en un chiringuito en la playa con un tinto de verano, viendo el mar a 32 gradas. El percebe, siempre que lo he tomado lo he tomado con frío, con un chaquetón, con los dedos medios congelados.

—¿Un chiste corto?

—¿Papá, tu quieres al perro más que a mí, verdad? ¿Tú por qué dices eso, Sultán?

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