El Lugo deja al Dépor aún más tocado

El equipo rojiblanco respondió a las acometidas un Dépor al que el empate sirve para muy poco

El derbi de la ilusión y el pánico acabó sin goles. Deparó emoción y algún momento de fútbol lúcido por parte de los dos equipos, pero el marcador no se movió por el éxito de los porteros y las defensas. El resultado permite al Lugo seguir haciendo granero para la permanencia y hunde un poco más a un Deportivo que volvió a salvaguardar su meta pero que ya suma tres partidos consecutivos sin marcar, una eternidad.

Por las alineaciones era fácil deducir que el Dépor venía de hacer un partido a gusto de su técnico y el Lugo arrastraba dudas de su visita al feudo del líder. Luis César introdujo solo un cambio —Aketxe por Longo—, mientras que Eloy Jiménez se atrevió con una revolución apostando por cinco hombres que no habían entrado en el once en Cádiz: Leuko, Seoane, Rahmani, José Carlos y Manu Barreiro. La batalla de pizarras estaba servida, el 4-4-2 de los locales contra el 4-3-3 al que quiere aferrarse el ejército deportivista para emerger. En la guerra de guerrillas en la medular los locales comenzaron ganando la partida. Pita y Seoane, sobre todo el primero, ganaban todos los balones divididos. Y en una de las disputas que se llevó el eterno capitán rojiblanco nació la primera gran ocasión del partido. Rahmani encontró a Herrera ya dentro del área, este vio a Manu Barreiro y el delantero santiagués fue incapaz de batir al diligente Dani Giménez cuando ya se cantaba el gol. Los dos equipos tenían serios problemas para avanzar y confiaban su suerte a las transiciones y las acciones a balón parado.

En la estrategia llegaría la primera del Dépor. La puso Aketxe desde la izquierda y el remate de Mollejo lo desvió Cantero con una buena estirada. Nadie exponía más de la cuenta y el paso de los minutos sentaba mejor a los de Luis César, que a partir del ecuador del primer tiempo se hicieron con el control de la situación. Lo intentaron Mollejo, Peru y Aketxe ante las dudas y la falta de convicción del Lugo, que tuvo la suya en un centro de Rahmani desde la izquierda al que no llegaron ni Herrera ni Barreiro ni Iriome.

Los equipos volvieron del asueto con las costuras más flojas y un punto más de ambición, lo que se tradujo en un partido con más chispa y más actividad cerca de los guardametas. Vicente remató en el corazón del área un centro de Koné, Mollejo desaprovechó una fantástica asistencia de Nolaskoain y Rahmani obligó a lucirse a Giménez con un misil desde fuera del área.

El encuentro carecía de dueño. El cansancio iba a más y, como en la primera mitad, las mejores llegadas se originaban en recuperaciones, pelotazos sobre las bandas y los hombres más adelantados y las segundas jugadas que casi siempre abortaban las defensas. Así llegaron un par de avisos de Koné y la oportunidad de Herrera en la que el balón se perdió por encima del travesaño. Para entonces los dos equipos ya asimilaban el reparto de puntos en un derbi que no pasará a la historia.

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