Eduardo López Beci, exfutbolista del Deportivo: «Mido 1,87. Lo dice la Wikipedia»

Solo se eleva 1,71, pero suficiente para ser uno de los puntas de referencia en la historia del Dépor


De padre lucense y madre bilbaína, Eduardo López Beci (Lugo, 1943) hizo carrera en A Coruña. Primero, como futbolista, siendo uno de los más reconocibles goleadores de la historia del Dépor. Luego como secretario técnico en la época dorada del club coruñés, cuando se paseaba con orgullo por Europa. En medio, ejerció profesionalmente en entidades bancarias, concesionarios de automóviles, entrenador en categorías inferiores... Con un nexo común en todas estas labores: «He sido un tipo privilegiado, porque casi siempre he hecho lo que me ha gustado y la gente, con el tiempo, me ha demostrado su reconocimiento». Y eso que solo mide 1,71 metros, aunque él, entre risas, lo niega: «Mido 1,87. Lo dice la Wikipedia». Y es que la enciclopedia digital mantiene este error desde hace años, algo que ha generado alguna anécdota: «Un día, me presentaron a una persona diciéndole que yo era Beci y él decía que era imposible, porque yo era muy pequeño y el Beci que había jugado en el Deportivo medía 1,87». Él se ríe y bromea: «Es que cuando jugaba era más alto».

-¿Eduardo o Beci?

-Para la familia soy Eduardo. Lo de Beci es desde el colegio, porque López había muchos. Luego me quedó ya en el fútbol.

-¿Su padre no se celaba?

-Él fue feliz viendo que su hijo jugaba al fútbol y en el primer equipo.

-Pero para triunfar en su tierra tuvo que emigrar primero.

-Sí. Me fui dos años cedido al Osasuna. La primera de esas campañas creo que fue la mejor de mi carrera. Tanto, que el Dépor pagó cuatrocientas mil pesetas del año 67, que eran un dineral, por recuperarlo.

-¿Le queda la cosa de no haber jugado en un grande?

-Siempre te queda, pero bueno. Yo fui muy feliz en el Dépor, tanto de futbolista como luego. Estando en el Osasuna, el Barça vino a por Zabalza y a por mí. Pero existía el derecho de retención y ya no hablamos más. Luego, ya con 25 años, me quiso el Atlético. El día anterior a pasar el reconocimiento médico me rompí el menisco. Y ahí se acabó todo.

-¿Le dio tiempo a hacer dinerito?

-No me quejo.

-¿Y ligaba mucho?

-Hombre, con 1,87 que medía, como para no ligar (se ríe). Tuve la suerte de encontrar a la mejor mujer, con la que me casé con 25 años.

-Usted fue un héroe para una generación, que no olvida su gol al Rayo que valió un ascenso.

-Siempre me recuerdan ese gol, pero marqué más, ¿eh? (Hace un guiño). Está claro que aquel tanto supuso mucho. Y claro que hay gente que me tenía mucho cariño. Pero no se piense que no los había también que me pitaban y me llamaban de todo. Los delanteros fallamos goles y eso, a veces, no se perdona.

-No medía ese 1,87 que pone la Wikipedia, pero era peleón.

-Eso sí. Pero es que en aquellos tiempos, como te arrugaras... Coincidí en una época en la que el Atlético tenía a varios defensas sudamericanos: Grifa, Panadero Díaz,... Luego vino Ovejero... Había que amarrarse bien. En el Granada había un tal Fernández, que le rompió el cuádriceps a Amancio. En el Barça, Eladio y Gallego repartían que no vea... Y yo admito que también era un poco quisquilla. En los saques de esquina me acercaba al portero y le tiraba del pantalón. No hacía falta bajárselo, solo al tocarlo, ya se quedaban pendientes de mí.

-Alguno se la tendría jurada.

-Pues sí. Benito, el del Madrid, que era otra buena pieza. Benito miraba mal. Tenía un problema en los ojos. Y cada vez que lo veía, le decía: «Benito, me pones nervioso porque no sé si me estás marcando o mirando para el córner. Benito, ¿para dónde miras?». Y lo sacaba de sí. Un día fue él quien me sacó a mí del campo de una patada (risas).

-¿Qué hubiera dado por pillar como jugador la época que le tocó vivir como secretario técnico (con el Dépor en Champions)?

-Está claro que me hubiera gustado. Pero también le digo una cosa: ganar siempre tiene que ser muy aburrido. Cuando yo jugaba, también les ganábamos alguna vez al Barça o al Madrid. Y era una fiesta. Luchábamos por la subsistencia y cada partido era una final. Luego, claro que viví esa otra época bonita. Ibas por ahí y entonces ya no medía 1,87, sino 2,04. Es que nos temían en toda Europa.

-Había un vestuario lleno de estrellas. En ocasiones tendría incluso que hacer casi de policía.

-Hombre, tenía mis contactos infiltrados en la noche (se ríe). Pero eran buenos chicos. A Djalminha, que le gustaba la noche, pero no bebía, le dije un día que le iba a meter una multa. Se rio. No sé si lo máximo que le podía multar eran quinientos euros. Dijo que me los daba en el momento. Luego lo pensó y me dice: «¿Falté a un entrenamiento, a un acto del club o a un partido? Pues mientras no lo haga, mi vida es mi vida».

En corto

-¿Usa reloj?

-Sí.

-¿Qué coche tiene?

-Un Mercedes 270 CDI.

-¿Prensa, radio o televisión?

-Todos los días a primera hora leo la prensa. La televisión, más bien para pasar el rato.

-¿Madruga?

-Sí. Me levanto a las siete de la mañana y preparo el desayuno para la familia. Luego bajo al bar, leo la prensa, voy al gimnasio, pero para mantenerme eh, no para ser campeón de Europa.

-¿Además del desayuno hace tareas en el hogar?

-Cocino. Hago un poco de todo. No innovo mucho, pero me ponen una receta y creo que la aproximo bastante bien. Me encanta cocinar. Hago muy buenos pimientos rellenos, empanada, pescado, bizcochos, lasaña...

-¿Un personaje histórico?

-Cervantes.

-¿Música?

-No tengo un estilo con el que me identifique. De joven, me gustaba mucho Javier Solís y gente de ese tipo.

-¿La última vez que bailó?

-Me cansa mucho bailar. Supongo que en alguna boda.

-¿Una bebida?

-Vino. Puede ser blanco Ribeiro, Rioja, Ribera... No sé mucho de vinos pero tengo paladar.

-¿Política?

-No soy muy político, pero Soy votante del Bloque porque me gustaría que un día hiciera falta para gobernar en Madrid y pudiera reclamar cosas para Galicia.

-¿Monárquico?

-No.

-¿Religioso?

-Sí. Estudié en los Salesianos y de chaval fui tanto a misa, que aún tengo a mi favor.

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