Martín Sánchez Piñeiro: «Las relaciones personales son clave»

El coruñés fue de los primeros canteranos de este deporte y ahora es el número 18 del mundo


La Voz

Martín Sánchez (A Coruña, 1992) habla de un modo afable, lo que genera una sensación de confianza similar a la que transmite con su pádel desde el año 2013, en el que se convirtió en profesional.

-¿En qué momento se encuentra?

-En mi mejor momento personal. Y va unido al profesional. Es clave, de hecho, que sea en ese orden y no al revés.

-¿Por eso regresó a Galicia desde Barcelona tras haber comenzado allí su etapa profesional?

-Efectivamente. Necesitaba estar cerca de los míos para estar a gusto. Lo que para otros es un motivo de desconcentración, para mí lo es de refuerzo.

-¿Toda la vida jugando al pádel no es demasiado tiempo?

-Cansa mucho, sobre todo mentalmente. Al contrario que en otros deportes y desde otros lugares, como Madrid, viajo mucho solo.

-¿Pesa más eso que la presión de la competición?

-Todo afecta, pero esa va por dentro. Dependes de cada uno de tus resultados para tu economía y tu bienestar: mayores premios, mejores patrocinadores...

-¿Cuándo dejó de ser un juego para usted?

-Cuando quedé campeón de España en el año 2013 y me hice profesional yéndome a Barcelona. «¿Por qué no?», me pregunté. Y, de momento, ha salido bien, pero después de mucho trabajo y de haberlo pasado muy mal.

-¿De qué manera?

-Daba muchas horas de clase de la mañana a la noche, todos los días y llegaba reventado a las competiciones. Y perdía contra los mismos que antes de hacer todo eso para ser profesional. Entonces me preguntaba si merecía la pena...

-¿Ha cambiado su perspectiva?

-Hubo un momento en que los objetivos de mis viajes se repartían entre ganar la competición y conocer la ciudad, la gente y hacer relaciones. Ahora, esta última parte ha perdido peso. Me centro mucho más en los horarios, las comidas... Se pasea poco. Todo es más profesional.

-¿Hay que ser comercial para vivir del pádel?

-Es que solo el 20% o 30% de nuestros ingresos proceden de los premios, de la competición. Lo demás son eventos, clases, patrocinadores...

-¿Y si eres un toxo?

-Para nosotros, las relaciones personales son muy importantes. Para todo. Y eso que en muchos casos, el patrocinador no recibe un retorno real. No somos futbolistas.

-Explíquese.

-Hay interés de las marcas porque hay muchos aficionados que quieren la pala de tal jugador, por ejemplo. Pero el apoyo de una empresa en la camiseta tiende más al mecenazgo.

-¿Cuándo pasó el pádel de ser un deporte para veteranos a estructurarse como los demás, con cantera?

-Yo no tengo esa sensación, porque no lo viví. Ya era un chaval cuando empecé. Y era un pasatiempo para la mayoría de la población. Digamos que antes era un juego y ahora es un deporte.

-¿Por qué pádel?

-Jugaba al tenis y ya tenía ese camino recorrido. Además, ni se me daba bien el fútbol ni me gustaba el ambiente con tanta presión siendo niños. No me siento bien con presión en ningún ámbito de la vida.

-Al menos, el pádel, al ser a cubierto, no pone en desventaja a los gallegos.

-Exacto, je, je... Y el club en el que dirijo la escuela, el Coruña Sport Centre, es un referente. Tenemos doscientos niños. Se ha creado buen ambiente junto a sus padres. Queremos que todos disfruten, por lo ya comentado del fútbol. Solo así habrá resultados. Es un ejemplo del crecimiento de este deporte. Antes era impensable.

-Y saldrá otro Martillo...

-Ojalá.

-¿Cómo surge su apodo?

-En un viaje de pádel ocio, mi amigo Jorge dijo: «Todos los buenos tienen un apodo». Y empezó a bromear con eso.

-Una futbolista internacional española contaba a La Voz que hay gente que todavía no reconoce el deporte como trabajo. ¿Le sucede?

-También. Les digo que soy jugador de pádel y me contestan: «Ya, ¿pero en qué trabajas?». Es cuestión de tiempo y hay que entender que los deportistas profesionales son un porcentaje muy bajo de la población.

-¿Cómo le va con su pareja?

-Ja, ja... lo primero que pienso con eso, es en mi compañero de pádel, Alejandro Ruiz. Debo decir que con mi novia, genial, porque compitió a alto nivel en pádel y esquí náutico y me comprende perfectamente.

-¿Es difícil de manejar la pareja de pádel?

-Depende mucho de la otra persona. Nosotros relativizamos todo y nos llevamos bien. Pero tenemos detrás un equipo de trabajo que nos ayuda, incluido psicólogo, para gestionar emociones y egos. A veces, el entorno (no el mío, que es sano y tengo suerte) solo te dice lo bueno que eres y te montas películas.

-¿Cómo se elige al compañero?

-Como los novios y las novias. El lado de juego, los puntos, el nivel y la afinidad. Pero se ve venir...

-¿Le quedan ganas de seguir haciéndolo en vacaciones?

-Pues la verdad, pocas. Y menos a lugares lejanos y que no conozco. Solo me desplazo a zonas de confort, como Galicia, buscando rincones desconocidos para mí. O me quedo en A Coruña. Después de Lisboa, nos queda Córdoba, Brasil y México. Cuando regreso, lo último que quiero es subir a un avión.

-Le pediré que me arregle un armario que tengo roto.

-Buff, olvídate. No soy nada manitas.

-Pues entonces, al menos que cocine algo.

-Perfecto. Pero serán platos de cuchara, que es lo que mejor se me da. También me gusta comerlos, pero me tengo que cuidar bastante la alimentación debido al pádel...

-¿Series o cine?

-Ninguna de las dos. Prefiero la música.

-¿Qué es lo que le gusta?

-El indie, mucho.

-¿Suele ir a los conciertos?

-Siempre que puedo. El último al que fui, el de Vetusta Morla. Son un buen elemento de evasión.

-¿Necesita muchas maneras de evadirse?

-Bueno, en cierto modo, sí. Pero intento que sean más pasatiempos.

-¿Qué suele hacer, además de escuchar música?

-Practico otros deportes, como el golf (de momento, lo intento, nada más) o, en verano, suelo recorrer la ría en moto de agua.

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