La solución a la huelga del fútbol femenino


Las futbolistas han dicho basta. Piden ser al menos mileuristas y cotizar a la seguridad social, además de otras coberturas relacionadas con la maternidad y el acoso sexual. No suena demasiado exagerado, si no fuera por que al otro lado están unos clubes que ya están viviendo, en algún caso, al límite de sus posibilidades. La diferencia está en un sueldo mínimo de 8.000 o 12.000 euros brutos anuales. Una diferencia de 4.000 que, multiplicada por 20 jugadoras, supondría a cada club un gravamen irreal de 80.000. Irreal, porque muchas jugadoras de Primera Iberdrola ya cobran más. Los clubes grandes no notarían apenas la diferencia económica por aceptar lo que piden las futbolistas; y a los más humildes podría repercutirles en unos 40.000.

Hechas las cuentas y las ofertas, que ya parecen inamovibles tras 18 reuniones y más de un año de negociaciones, el fútbol femenino se está estrellando contra el mismo muro de siempre. La indiferencia de los órganos reguladores. ¿Alguien ha escuchado alguna propuesta del Consejo Superior de Deportes o de la Federación Española de Fútbol más allá de pedir diálogo a las partes? Señores Rienda y Rubiales, el problema no es el diálogo. Clubes y jugadoras ya se hablan.

Este es un problema de números. Los clubes ven sus ingresos, le restan los gastos y ven que la honesta propuesta de las jugadoras no les daría para llegar a final de mes. A los clubes les encantaría pagar millones a las jugadoras. Fichar a Megan Rapinoe y repatriar a Vero Boquete. Porque cuanto más puedan pagar, mayor talento atraerán y mejor competición habrá.

Y ahí está la solución. Rubiales arrebató el control de la competición a los clubes y aprobó un modelo para el fútbol femenino en el que prometió más ingresos. Así se desbloquearía la huelga. Moviéndose y, como organizadora, buscando nuevos patrocinios para la liga, más allá de Iberdrola y de los derechos de televisión, que ya habían logrado los clubes solos. Si los clubes recibieran un pellizco (es poco lo que necesitan para cuadrar la exigencia de las futbolistas) estaría todo resuelto.

¿Y el Gobierno? También podría ayudar, si quisiera. El CSD conoce los problemas del deporte femenino. Los tiene el fútbol, pero muchísimo más los mal llamados minoritarios. Faltan leyes con beneficios fiscales para los clubes femeninos, protección específica para las madres deportistas... Todo es querer. Ya está bien de demagogia y pedir diálogo, cuando solo faltan medios. Los clubes firmarían el convenio colectivo que piden las jugadoras, aunque fuera en unas condiciones progresivas, si por detrás se vieran respaldados por RFEF y CSD. Ayuden a los clubes, y las jugadoras tendrán las condiciones dignas que tanto merecen.

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