Así vive un partido de baloncesto
una persona sin visión

DEPORTES

GONZALO BARRAL

Un periodista de La Voz de Galicia experimenta la sensación de acudir a un encuentro con los ojos completamente tapados y con la única ayuda de su guía y de un sistema real de audio-descripción en fase de prueba en el que trabaja el Ayuntamiento de A Coruña

28 oct 2019 . Actualizado a las 12:55 h.

No soy ciego. Mi única limitación visual se corrige con unas gafas con lentes progresivas que me permiten ver perfectamente. Así que la experiencia que voy a relatar es válida para saber lo que siente una persona que, de la noche a la mañana, pierde la visión. No para alguien que padezca esta deficiencia de nacimiento o desde hace años, puesto que con el tiempo habrá logrado un desarrollo de los otros sentidos que el resto no poseemos ni de lejos.

Con este matiz claro, me dispongo a experimentar una mañana diferente. Un partido del Básquet Coruña con los ojos completamente tapados y en compañía de Jesús Suárez, un invidente que impulsó la puesta en marcha del Sistema Escoita, que el concello de A Coruña trata de hacer realidad. Este proyecto, en fase experimental, permitirá a las personas con discapacidad visual recibir en tiempo real la audio-descripción de las actividades que se programen en los dos principales escenarios deportivos de la ciudad, tanto en el estadio como en el Palacio de los Deportes de Riazor.

Son las doce menos cuarto de la mañana y acudo a la puerta 6 del polideportivo coruñés. Quiero vivir la experiencia desde la misma entrada. Pongo el antifaz. Me siento algo nervioso. Desubicado. Me acompaña, a modo de lazarillo, Julia, mi hija. Imposible mayor confianza. Pero, pese a ello, me siento inseguro.

Cruzo la puerta de entrada. Camino a paso lento. Muy lento. No me atrevo. Noto una indefensión absoluta. Juan Ignacio Borrego, concejal de Deportes del ayuntamiento de A Coruña, está atento. Me habla. Pero voy tan pendiente de no tropezar, de no chocarme con nada, de no poner un pie mal, que no soy capaz de atender a todo.

«Ahora un pasito a la derecha, gira un poco más... Cuidado, un escalón. Recto. Sin miedo, que no hay nadie», me va indicando mi guía.

Cientos de veces había accedido al Palacio de los Deportes por esa misma puerta. O una similar. Creía que me conocía todas y cada una de las rampas y escalones que había. Incluso una vez en las pistas de atletismo, intuía que sabría perfectamente dónde estaría la cancha y la grada. Qué equivocado estaba.

Una vez ya en las calles que rodean la pista de baloncesto, me sentí más desorientado aún. El sonido de la megafonía era alto. No más que otros días. Pero esta vez me pareció atronador. Y allí estaba yo, en medio de no sé dónde, intentando adivinar mi posición. Alguna gente se acercaba. Me saludaba. Me presentaron a unos y a otros. Trataba de quedarme con sus voces para el futuro. Reconozco las voces de los periodistas Moncho Viña y Susana Falcón (serían los que se encargarían posteriormente de la narración-descripción). Era fácil, porque minutos antes, cuando todavía tenía visión, había estado hablando con ellos y sabía que era posible que estuvieran ahí.

Sigo desorientado cuando alguien se me acerca: «Hombre, Álex, ¿eres capaz de adivinar quién soy?». La voz me era familiar. Pero precisé escuchar unas cuantas palabras más antes de aventurarme a decir que era Tino Fernández, el expresidente del Deportivo. Y eso que durante los cinco años de mandato en el club coruñés fueron numerosísimas las ocasiones en las que había escuchado su voz. Reconocerlo me produjo satisfacción, pero la tardanza en hacerlo me dejó algo desconcertado.