Muere la campeona paralímpica Marieke Vervoort tras recibir la eutanasia

La atleta paralímpica solicitó la muerte digna tras participar en los Juegos Olímpicos de Río y así imaginaba su funeral:  «Quiero que todo el mundo tenga una copa de champán en la mano, y un pensamiento para mí»


Marieke Vervoort ha fallecido este martes a los 40 años tras someterse a la eutanasia. Esta práctica es legal en su Bélgica natal desde el 2002. La deportista acaparó toda la actualidad informativa durante los Juegos olímpicos de Río 2016, puesto que fue allí donde confesó que terminaría ese año con su carrera «y tal vez con su vida».

Vervoort sufría una enfermedad degenerativa que la tenía paralizada de cintura para abajo y que le provocaba intensos dolores. Desde que había sido diagnosticada en el 2008, superó las trabas psicológicas y se agarró al deporte y la competición adaptando su vida a nuevas metas. «Cuando me siento en mi silla de carrera, todo desaparece. Expulso todos los pensamientos oscuros, el miedo, la tristeza, el sufrimiento, la frustración. Así es como he conseguido ganar lo que he ganado», exponía por entonces la belga.

Antes de terminar postrada en una silla de ruedas a causa de la enfermedad, Marieke Vervoort era una triatleta de éxito. Llegó a coronarse campeona del mundo en dos ocasiones y participó varias veces en una de las pruebas más duras que existen, el triatlón de Hawaii, en el que participó hasta el 2008.

Cuando la enfermedad apareció, Marieke Vervoort decidió seguir haciendo del deporte su modo de vida y comenzó a practicar el blokart en la modalidad de carrovelismo. Se colgó el oro en los Juegos de Londres en los 100 metros y la medalla de plata en los 200 y 400. Tres años después, en el Mundial de Doha 2015 batió récords en hasta cuatro modalidades.

El deterioro físico que le provocó la enfermedad y los dolores que sufría hicieron que se plantease poner fin a su vida, pero sin embargo Marieke Vervoort siempre afirmaba que «a pesar de mi enfermedad, he vivido lo que otros solo pueden soñar».

Los Juegos Olímpicos de Río 2016 pusieron punto y final a su carrera deportiva. La enfermedad le complicaba mucho los entrenamientos porque no era capaz de controlar su cuerpo. «Los dolores no me dejan dormir más que diez minutos muchas noches. Durante el día, en ocasiones, me desmayo y es mi perro quien me despierta a base de lametazos», relataba Vervoort. Estas circunstancias la llevaron a solicitar la eutanasia. Ya en 2016 aseguró que los papeles estabn listos, e incluso se aventuró a decir cómo se imagina su funeral. «Quiero que todo el mundo tenga una copa de champán en la mano, y un pensamiento para mí», declaró. Ese día fue ayer.

La muerte asistida, legal en seis países del mundo y cinco estados de EE. UU.

m. otero

Brittany Maynard se mudó a Oregón para poder acogerse al suicidio asistido y el científico David Goodall viajó a Suiza para poner fin a su vida con ayuda médica

La polémica de la muerte asistida lleva décadas sobre la mesa, y su debate está hoy más candente que nunca. En la actualidad solo hay seis países y cinco estados americanos que permiten esta posibilidad en alguna de las dos modalidades utilizadas: eutanasia o suicidio asistido. La diferencia entre ambas es que, en el primer caso, la muerte se produce por la intervención de un profesional sanitario; mientras que en el suicidio asistido tiene que ser la propia persona la que ejerza el papel de tomarse el medicamento o realizar la acción que le lleve a quitarse la vida, tras una prescripción médica y, habitualmente, con ayuda de miembros de las oenegés.

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