Que salga Ansu Fati


Sin que haya debutado todavía con la absoluta, esta ha comenzado a echar en falta el huracán Ansu Fati, ese chaval de 16 años que el Barça desea convertir en el príncipe de Messi. El atacante apenas ha jugado sus primeros minutos con la sub-21, justo antes de que los mayores afrontasen con desgana esa secuela que venían de disputar en Noruega. Otra vez sin más brújula que los centros laterales (justo la fortaleza de cualquier defensa nórdica) y mientras ningún español se atrevía a regatear a nadie, tan harta acabó la afición de que la absoluta tocase y tocase inofensiva en horizontal (8-103 en pases a los diez minutos de juego), que se volvió obligatorio acordarse ya de la perla de La Masía.

Este, en poco más de diez minutos en Montenegro ha estado a punto de marcar el tercer gol de la selección inferior. Vertical y voraz, tan indetectable como en el Barça a la hora de partir desde la izquierda, no es un chico de 16 años, sino un inmenso talento impulsado por las ganas de triunfar que está decidido a tirar abajo molinos que para otros de su edad parecen gigantes.

Gracias a su ansiado debut con la sub-21, la selección se ha asegurado en la práctica que el talento de Bissau no vaya a jugar con otro país distinto al que lo ha acogido. La normativa establece que cuando un futbolista debuta en cualquier categoría, ya solo podrá representar a ese país, o a cualquier otro pasaporte que tenga en ese momento. Como a día de hoy el barcelonista dispone de la doble nacionalidad hispano-guineana, otras posibilidades, como que se viese tentado por Portugal, han quedado descartadas. Por eso, el raquítico empate de Solna y la clasificación abrirán las puertas de la absoluta a Ansu Fati en noviembre. Ojalá.

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