El gallego con párkinson que logró el bronce del Europeo de golf adaptado

Ángel Muras, criado en Viveiro, supo de su enfermedad tras quedarse en paro: «Fue un mazazo terrible»


Ángel Muras (Ourol, 1970) transita, mientras habla, por el campo de golf de Las Rejas, en Majadahonda, en el que ha encontrado, como marshall, un puesto de trabajo. El sueldo no le arregla la vida, pero el club le permite utilizar en su tiempo libre unas instalaciones que, de otra forma, le costaría permitirse. «Ahora mismo ando con vomitona y sin fuerzas. Nunca sabes cómo va a estar tu cuerpo. No puedo entrenar bien, ni más de dos horas». A Madrid llegó este viveirense de adopción hace seis años, siguiendo la estela profesional de Teresa, su pareja. Antes, lo había hecho durante un año a Estados Unidos desde A Coruña, donde trabajaba cuando su realidad se precipitó al cumplir los 40.

«Llevaba once años en mi empresa, relacionada con el urbanismo y, con la crisis, me pusieron en la calle», explica Muras. Mientras cobraba el paro y trataba de regresar al mercado laboral, llegó otra losa mayor. Su cuerpo daba síntomas de no carburar. «Me diagnosticaron párkinson. Fue un mazazo terrible. Te dicen que tienes una enfermedad degenerativa, para la que además no hay cura». Ángel jugaba entonces al fútbol en la liga de peñas. Tuvo que dejarlo: «El cuerpo no me daba, no podía ser». Entró en barrena.

«No te quedes lloriqueando»

Gracias a un amigo, se apuntó a un curso de iniciación al golf. «Me dijo que pensase sobre todo en mis hijas -tenían entonces nueve y cuatro años-, que no podía pasarme la vida lloriqueando tirado en un sofá y viendo la televisión».

Se enganchó al golf. «Me rescató, fue una válvula de escape. Me obligaba a salir de casa, me exigía concentración y no me dejaba pensar en lo que me agobiaba. Mi mujer me dijo: ‘Es un deporte caro, pero más caras son las pastillas para la depresión’». Llegó a firmar la cuarta plaza en el Circuito de Invierno de Galicia. Por entonces, no tenía todavía reconocida su discapacidad.

No pudo volver a su profesión

Volver a encontrar trabajo en su profesión se convirtió en quimera. «Fue imposible volver. Cuando en las entrevistas comentaba mi discapacidad todo se frenaba. Ahora ya me cuesta manejarme con destreza con el teclado y el ratón de un ordenador». Cuando llegó a Madrid se acercó al Comité de Golf adaptado, una especialidad que en Galicia no está desarrollada. «Organizaba torneos, jugaba y así, a través de amigos que hice en el golf, me llegó la oportunidad del empleo. «Tengo que pagar por los torneos que juego y, si no me clasifico tercero, no voy al Europeo».

Bronce europeo en Cádiz

Aunque el resultado sea lo de menos, Ángel compitió en junio junto a la selección española en la Copa de Europa de Naciones. En la modalidad con hándicap se colgó el bronce: «Pudimos ganar el oro». Hace apenas unas semanas, a finales de septiembre, se proclamó campeón sratch y handicap del Open de Austria.

Si se recupera de las náuseas, se juntará luego con unos amigos para darle unos hoyos. Se hacen llamar The Cat Long, un juego de palabras con la sonoridad de una famosa empresa de material deportivo.

«Al final, la vida es como el golf. Después de un golpe malo, puedes dar uno peor. Pero el torneo sigue y el siguiente es otro hoyo. Tener párkinson me sirvió para competir y mantener mi autoestima. Haber estado parado, para criar a mis hijas Celia y Clara. El mensaje que me gustaría dar, a quien se vea ante una situación como me vi yo, es que se arrime al deporte y siga luchando».

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