Sergio Aragoneses: «A veces la compasión molesta»

Triunfó en Tenerife, jugó en el Atleti con el Cholo, superó por dos veces un cáncer de testículos y sigue en activo a los 42


Colgó los guantes. Los descolgó. Con 42 años cumplidos, Sergio Aragoneses Almeida (O Porriño, 1977) guarda la meta del modesto UD Tacoronte en la Primera Regional canaria. Montó una empresa, a la que dedicó algo más de dos años. También vendía guantes. Dedica los veranos a enseñar lo que ha sumado en su dilatada experiencia a los más pequeños. También con guantes. Superó un cáncer de testículos, que se reprodujo, y que lo obligó a pasar por quirófano. También allí había guantes.

-Casi no recordará cuándo se puso los primeros en las manos.

-¡Es que era prebenjamín! Empecé en un campeonato de verano de fútbol sala que había organizado en mi pueblo Vavá -un porriñés que jugó en el Celta a finales de la década de los 70- y siempre lo tuve claro. Lo mío fue vocación. No sé qué habría sido mi vida sin los guantes.

-Carlos Díaz lo convence para pasarse al fútbol en el equipo de su pueblo. Pasa por la cantera del Celta, el Guardés, el Pontevedra... Y el Tenerife le cambia la vida.

-Nunca lo olvidaré. Siempre le estaré agradecido. Me fichó, siendo un desconocido, para jugar en Segunda División y acabamos ascendiendo con Rafa Benítez.

-Era el portero titular hasta que llegó la hora de la verdad.

-Jugué 33 partidos y los últimos 9 me dejó en la grada. Era muy joven, mi carácter era muy chocante. Me faltaba realismo, cometí errores fruto de la falta de experiencia. A Benítez no le reprocho nada, fue una lección que tenía que aprender. Son cosas del fútbol que te ayudan a madurar.

-Hablando de caracteres. En su etapa en el Atlético de Madrid fue compañero de Simeone.

-Sí, sí. Y alguna anécdota tengo con él. Me dijo entonces que, si un día llegaba a ser entrenador, no me tendría en su equipo porque era un desastre (risas). Me dispersaba entrenando y él tenía un carácter supercompetitivo. Incluso en su último año, que físicamente ya no era el Cholo de las grandes tardes, y le costaba un poco más. Siempre estaba atento a todo, era muy meticuloso en lo que hacía. Llegaba el primero a entrenar y se marchaba el último. Ya se intuía entonces que sería entrenador y podía llegar lejos.

-¿Puede vivir del fútbol, después del fútbol, con lo que ha ganado?

-Una vez que dejas de ser deportista de élite, la vida te cambia mucho. Mientras juegas, tu calidad de vida sube mucho y luego es muy difícil mantenerla sin ingresos. Quiero montar una escuela de tecnificación, seguir relacionado con este mundo laboralmente cuando deje de jugar. Los futbolistas de un perfil más bajo, como fue mi caso, tenemos que seguir trabajando. Que la vida sigue y es larga.

-Su vida tuvo un buen susto en agosto del 2005, con 27 años.

-Sentí unas molestias que no eran normales en un testículo y fui al médico. Acabé frente a un oncólogo. Me dijo que aquello había que extirparlo, que era un tumor, y ver el alcance que tenía. En ese momento no sabes a lo que te enfrentas, te falta información, llegas a sentir pánico.

-Acababa de firmar por el Elche cuando le detectaron el tumor. No llegó a un acuerdo con el club para afrontarlo en condiciones.

-Fue una decepción. Tomaron una decisión y, ahora, no les guardo rencor. Tendrían su forma de ver las cosas, pensaban en lo suyo. Mi contrato estaba supeditado a que me curase y eso era realmente lo que me preocupaba a mí. La operación me la acabé pagando luego yo.

-Y cuando se creyó curado...

-Cuando creía que lo tenía controlado, se me reprodujo -militaba ya en el Hércules- y fue un palo muy grande. Te dicen una cosa, otra. No todos los médicos optaban por el mismo protocolo. No quise darme quimio después de la primera operación y luego no quedó más remedio que hacerlo. Por suerte, lo pillamos a tiempo. Tú no cambias, pero cambia la importancia que le das a las cosas.

-¿Condicionó el cáncer su trayectoria deportiva?

-Sí, pero también la toma de decisiones. No siempre aciertas. En el fútbol empiezas muy joven y no siempre sabes rodearte bien, elegir lo que va a ser mejor. No me arrepiento, no vale de nada. No hay una manilla que te permita retroceder en el tiempo. La experiencia consiste en eso.

-¿En qué se sujetó cuándo sintió pánico?

-Te agarras a lo que tienes más cerca. Mi hijo era pequeño y tenerlo al lado me ayudó muchísimo entonces para evadirme. Soy muy cerrado. Tenía infinidad de llamadas y de mensajes, que gratifican, pero lo único que necesitaba en aquellos momentos era tranquilidad. No me gustaba que me preguntaran por la enfermedad. El que la llevaba era yo y, a veces, la compasión molesta.

-¿Cómo es su relación con su hijo hoy?

-Cumple 15 años este mes y, como adolescente, es difícil de gestionar. Son egoístas, quieren hacer siempre lo que les da la gana, te intentan engañar en muchas cosas. No siempre consigo razonar todo lo que quisiera con él.

Su madre, sus hermanas y sus sobrinos siguen en O Porriño. Aragoneses no pierde la raíz, pero confiesa arraigo a Tenerife. La isla fue testigo del despegue de su carrera -entre el 2000 y el 2003- y, virtualmente, de su aterrizaje, entre el 2008 y el 2014. En total, nueve temporadas. Allí encontró la estabilidad. Nació su hijo. Y pretende alargar su trayectoria vital más allá del fútbol. Si es que alguna vez consigue alejarse por completo.

-Un hobbie que no esté relacionado con el deporte.

-¡Buff! ¿Fuera del deporte?

-Sí, fuera del deporte.

-Pues no me sale ninguno. Me gusta ir a cenar tranquilamente con mis amigos.

-¿Mejor con papas «arrugás» y mojo picón o una ración de pulpo á feira?

-Tengo un problema como gallego. No me gusta el pulpo.

-¿Pasaría mejor el día en la playa de Las Teresitas o en una caminata por el Teide?

-Las dos merecen la pena, pero soy más de Las Teresitas.

-¿Y si tuviera que llevar a sus amigos a un concierto?

-¡Eso sí que lo tengo claro! A uno de AC/DC.

-¿Cuál es el mejor portero que ha visto competir?

-Iker Casillas. No hay otro que haya ganado todo lo que ha conseguido él. Es historia del fútbol. Pero no solo de la nuestra, del mundo.

-Hablando de nuestra historia, ¿tiene remedio un país con cuatro elecciones generales en cuatro años?

-Se ha ido todo de madre. Es muy complicado cuando los que tienen que desempeñar una labor para el pueblo la hacen solamente pensando en ellos. El sistema está podrido.

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