Manolo Aller: «El rey nos dijo que en la final estuvo más atento a la tele que al cumpleaños de la reina»

El ferrolano de adopción, asistente de Sergio Scariolo en el selección, cuenta en primera persona como vivió desde dentro la conquista del Mundial de baloncesto


Somos campeones del Mundo por varios motivos. Porque tenemos jugadores muy buenos. Porque estuvimos acertados en los momentos adecuados. Y, sobre todo, porque tuvimos fe. Nunca nos faltó esa creencia en nosotros mismos. Sé que desde fuera había dudas. Que hubo momentos en los que nadie apostaba por nosotros. Pero, incluso en los peores instantes, nosotros teníamos un guion que fuimos siguiendo. Con algún que otro sobresalto que no esperábamos, pero con seguridad.

Los pequeños picos que tuvimos contra Irán o Puerto Rico no nos hicieron dudar. Sabíamos que nuestro partido era el cruce con Italia, porque ganando ese duelo, ya daba igual lo que hiciéramos contra Serbia, una de las candidatas a ganar. Así que teníamos ese duelo en rojo.

Una vez que empiezas la segunda fase de la competición ya no hay tiempo para pensar. Jugamos un partido, al día siguiente viajamos, y al siguiente jugamos de nuevo... El equipo dedica esas 48 horas que hay entre jornadas a estudiar al siguiente rival. En mi caso yo tengo que adelantarme más en el tiempo para analizar las estadísticas del siguiente posible contrario, que en este caso podría ser Polonia. Antes de que suceda tengo todos los datos que necesita Sergio. Durante la vorágine de la competición no existe el tiempo. Ni para llorar. Ni para reír. Ni para pensar en nada más. Al final en esta competición he visto todos los tiros de tres puntos que han lanzado todos nuestros rivales durante todo el campeonato. Quiénes los tiran, desde dónde los tiran, cómo los tiran, situaciones especiales que se pueden crear... Los tengo preparados para que el día que se confirma cuál es nuestro rival, Sergio sepa que han lanzado desde aquí, desde allá… Además de ir viendo y acumulando todos los triples que hemos tirado nosotros. ¡No me aburro!

Mi trabajo

Tengo que reconocer que cuando empecé a trabajar con Scariolo es como si me hubiera tocado la Primitiva. Es muy sencillo, muy cercano, una persona muy agradable. Y en el trabajo es muy exigente, lo tiene todo planificado, lo que hace que trabajar con él sea muy fácil. Por eso, cuando salí de la federación en el 2018 para asistir con mi amigo Juan Orenga al Guangzhou Long Lions, porque me apetecía experimentar el entrenar en China, fue con la condición de que estaría libre el verano. Tenía ese compromiso con Sergio y con la sénior.

Como asistente de la selección me toca todo el tema estadístico. Esto es, las valoraciones deportivas que quiere Sergio. Fuimos planificando toda la competición para ciertos momentos de la clasificación que sabíamos que eran cruciales, como el partido de Italia que comentaba antes.

La competición

Pero volvamos al desarrollo de la competición. A partir del partido de Italia, en cada eliminatoria ya piensas: «Uy, a ver qué pasa hoy», porque sabes que te vas a enfrentar a los mejores del mundo. Aunque la selección española es muy ambiciosa y siempre ha peleado por medalla, el objetivo que se marca es competirle a cualquier rival. Los partidos se preparan igual contra Irán que contra Australia, solo que al final se va poniendo cada vez más difícil.

El torneo nos deparó la grata sorpresa de la eliminación de Serbia. Una vez que esta selección cayó, Australia pasaba a ser, siempre en teoría, el rival más duro. Por plantilla y por cómo estaba jugando. Un equipo físicamente superior al nuestro, algo que teníamos que contrarrestar.

La semifinal

Sergio tiene muchísima experiencia y sabe desde el primer momento cómo transmitir al equipo lo que se necesita. Y lo que intentó ante el partido de Australia fue que todo el mundo mantuviese la calma. Con el marcador abajo sabía que iba a ser un partido muy largo.

Antes de salir a la cancha los entrenadores estamos en un despacho intentando ayudar al máximo, con los últimos datos que pueden tener la clave. Y los jugadores, al margen, con sus rituales, sus historias, sus conversaciones… En esos momentos hay que dejarlos tranquilos y molestar lo menos posible. Que ellos tengan su espacio para desconectar y salir con la cabeza lo más limpia posible.

Por suerte o por desgracia, aunque suene a chulería, estamos acostumbrados a estas fases y estos partidos tan difíciles. Por eso sabemos cómo afrontarlos. Hay que estar lo más tranquilo posible, confiar en lo que hacemos y en los jugadores que tenemos. Sabemos que estamos preparados. Te pones nervioso esa hora y pico que estas en el pabellón antes de empezar, pero una vez suena el pitido, ya te concentras.

En el transcurso del encuentro tratamos de que no se escaparan. Íbamos perdiendo de ocho, de cuatro, de seis… Pero estábamos ahí y teníamos la esperanza de que nos íbamos a poner a tono y lo íbamos a conseguir. No estábamos muy acertados en el tiro, pero teníamos la sensación de que llegaría la reacción. Contamos con jugadores con una experiencia brutal. Tres campeones del mundo, media docena de Europa… Estando mal, sabes que la gente va a responder. Y así sucedió. Fuimos a la prórroga y nos metimos en la final.

La final

Solo quedaba un partido. Estábamos a un paso de una gesta y muchos eran los protagonistas. Hablar ahora de un jugador sería injusto. Marc, Sergio Llull, Ricky, Rudi... El propio Víctor Claver hizo unos partidos impresionantes cuando el equipo más lo necesitaba. Todos habían estado a la altura.

Pero llegaba la final. Y ahí ya no vale nada de lo vivido hasta el momento. La concentración era máxima. Desde antes. Cuando sales a jugar un partido de estas características no puedes pensar en nada de lo que ocurre fuera. Estábamos casi aislados. Aunque suene un poco duro, no se te puede pasar por la cabeza que tienes a un país detrás, que el partido lo está viendo mucha gente... En el staff nos concentramos en qué se puede hacer para ayudar a ganar al equipo, y en pasarle esa información a los jugadores. Solo la información justa. Es la final a la que llegamos tras muchos días de competición y de concentración. Estás donde treinta selecciones quisieran entrar.

Había un rival que sabíamos que, después de lo que habíamos pasado, por la condición de su plantilla, nos podía poner en problemas. Y esa era Argentina. Si nosotros teníamos la segunda mejor defensa del campeonato, ellos la tercera. Un equipo que tiene las ideas muy claras, una defensa fortísima y que imprime un ritmo de juego igual de fortísimo. Teníamos claras esas virtudes que había que contrarrestar. Pero eso había que llevarlo a cabo.

Desde la primera fase no habíamos ganado ninguno de los primeros cuartos y sabíamos que contra Argentina eso no podía suceder. No podíamos darles aire. Y nos salió. Desde el minuto uno nos pusimos un poquito arriba, ellos tuvieron que ir remando. Estábamos alerta a sus arreones, que iban a ser duros, pero tendríamos que aguantarlos.

Campeones

Y tras el pitido final la sensación fue increíble. Todos nos acordamos de la familia. Llevábamos cincuenta días fuera de casa en China. Y yo además sin wasap desde el día 9 porque no me acordé de actualizarlo. También nos acordamos mucho de toda la gente con la que hemos convivido en todos este proceso, jugadores, gente de la Federación que no está en el campo...

Desde el minuto uno Sergio, Jorge [Garbajosa] y todos los jugadores han tenido muy presentes al resto de jugadores que han hecho posible llegar hasta ahí. Este campeonato tiene una connotación muy especial porque hubo una selección B, por llamarlo de alguna manera, con la que empezó todo. Pasaron 29 jugadores por las ventanas y sabías que muchos de ellos no iban a poder estar en esta final y disfrutar del merecido premio. El grupo humano de la federación y selección es enorme y nos hubiera gustado que todos ellos pudiesen estar allí.

Después del partido ya no dormimos esa noche porque el vuelo salía muy temprano. Hicimos una fiesta en el hotel con todo el mundo. Las risas fueron enormes. Ahí ya me di cuenta de que no tenía que pensar más en estadísticas ni en rivales. Aunque vivimos con mucha naturalidad conseguir ser campeones del mundo, también estábamos deseando llegar ya a casa, estar con la familia y los amigos para disfrutarlo. Yo, sobre todo, abrazar a mis hijos.

La celebración

En al avión, volvimos durmiendo. Desmayados. Destrozados. Hasta que no estábamos ya a una hora de aterrizar no había vida. Ahí empezó todo el mundo a despertarse y espabilar para preparar la salida de los jugadores del avión. Vimos el arco de agua que nos hicieron los bomberos en el aeropuerto al salir y la emoción nos superó. Empezaba la fiesta. Adiós al cansancio.

Y los más animados comenzaron a hacerse notar. El más destacado en estas lides, quizá, Juancho, que por su juventud está continuamente animando. Y Sergio, que es un campeón. Hay un grupo que lleva mucho ganado pero no se cansa de seguir ganando. Es lo bueno que tienen, saben disfrutar de cada momento que viven.

En el lado opuesto, los novatos. Los más tímidos con toda la fiesta y en las recepciones con el rey o el presidente del Gobierno. Quino Colom, Rabaseda … Pero luego tanto el rey como el presidente hacen todo muy sencillo. Te das cuenta de que al final, aunque es un acto protocolario, ellos lo hacen todo muy sencillo. Se interesan, te preguntan… La verdad es que lo hacen muy agradable.

Los reyes

Llegamos a España el lunes por la tarde. Y pasó todo muy rápido porque fuimos directamente a ver al rey, después al presidente del Gobierno, de ahí al desfile con el autobús… Tremendo. No era la primera vez que estaba con el rey. En el 2015, cuando fuimos campeones de Europa ya fuimos a verlo. Y también con la medalla de bronce de los Juegos nos recibió. Es una persona muy cercana. Le encanta el deporte y en concreto el baloncesto. Es un deporte que controla, conoce a los jugadores, sigue la Liga… Así que fue una charla muy agradable. Nos reconoció que sufrió con nosotros. De hecho, el día de la final era el cumpleaños de la reina Letizia pero estuvo más atentos a la tele que a la celebración. No solo es el mérito del compromiso institucional, sino que ellos disfrutan con ese ratito estando con nosotros.

Aunque ahora ya estamos en casa, en realidad no ha terminado el trabajo. Tendremos unos días de total tranquilidad para descansar todo lo que se pueda. Pero en breve, Sergio querrá tener el balance de todo, rematar los informes… El trabajo no ha terminado, la selección ya está preparando el segundo premio que tuvo este mundial que es la clasificación directa a los Juegos. Te veías preparando un preolímpico una semana después de que acabase la Liga ACB… Pero ahora ya hay que pasar directamente a preparar la Olimpiada, los rivales, los torneos previos… Es un no parar.

El sueño se hizo realidad. Pero incluso en esa realidad toca despertar. En la vida en general, y en particular en el deporte, los éxitos duran lo que tarda en llegar la primera derrota. Contra el tiempo y ella luchamos. Trabajando desde ya. Adiós Pekín y gracias por este regalo. Tokio aguarda y vamos a dar caña.

Texto transcrito por Carla Elías 

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