Carlos Arévalo: «Siento que la plaza en Tokio es mía y voy a defenderla como sea»

Se unió al K-4 un mes antes del Mundial, tras la renuncia de Toro, y se ve peleando el oro olímpico en Tokio 2020


redacción / la voz

No se separa de su medalla de plata. «La tengo bien cerca, que lo mío me ha costado». Carlos Arévalo (Betanzos, 1993) descansa unos días en casa tras lograr en el Mundial de Szeged, en Hungría, clasificar a la piragua española del K4-500 para los Juegos Olímpicos de Tokio. Lo hizo junto a Saúl Craviotto, Marcus Cooper y Rodrigo Germade. Relevó a Cristian Toro -que renunció el pasado mes de julio, por falta de motivación- depués de superar el desconcierto vital que le produjo quedarse fuera de los Juegos Olímpicos de Río en el 2016. «Ahora a ver quién me baja de aquí», sonríe aliviado.

-Las expectativas del K-4 eran grandes, pero no parece fácil llegar tan alto en tan poco tiempo.

-Para el acople nos pasamos muchas horas de entrenamiento encima del barco. Muchísimas. Vimos muchos vídeos. Había que hacerlo todo rápido para llegar a tiempo. La semifinal nos dio mucha confianza. Y en la final, que siempre llevas incertidumbre, a mitad de la prueba ya vimos que íbamos muy bien. Si en solo un mes conseguimos ese resultado, no me imagino lo que se puede lograr en un año.

-Quizá desbancar a los alemanes.

-Nos quedamos a un palmo de ellos y sacamos una ventaja considerable al siguiente barco. Creo que serán los rivales a batir en Tokio e iremos a por ellos.

-Se habrá sacado un buen peso de encima después del fiasco en el K-2 del 2016.

-Entonces éramos tres -Cristian Toro, Saúl Craviotto y él- para dos plazas y me quedé yo fuera. Ahora valoro lo que me ha costado. Cuándo me quedé sin la plaza me vi obligado a tomarme un tiempo de reflexión. Tenía que enderezar de alguna forma mi vida. Por eso entre en las Fuerzas Armadas. En su momento eres muy joven y no eres consciente, pero realmente los golpes te preparan para la vida, para ser más fuerte después.

-Cuando Cristian Toro dio un paso a un lado, ¿tenía la corazonada de que llegaba su momento?

-Sabía que se iba a dar. En el selectivo de principios de año había hecho un buen papel y me metí en el proyecto del K-4 500. Peleaba todos los días estar en ese barco.

- La medalla clasifica al barco, no a sus palistas. Tendrá que superar otro selectivo.

-De aquella, en el K-2, para mí era entrar con una persona nueva, que era Saúl. Era una sensación completamente diferente. Ahora somos cuatro personas que estamos muy bien acopladas. Confío mucho en mis posibilidades. Sé que a nivel indiviual voy a rendir y en el K-4 ya lo hemos demostrado.

-Si Toro decide volver a competir, podría comprometer su plaza.

-Lo más difícil es entrar. Es muy complicado hacerlo. ¿Se puede intentar? Sí, pero es difícil mejorar lo que hay ahora mismo. Del selectivo no se sabe aún nada, no hay criterios publicados, son todo suposiciones. Si alguien quisiera entrar, de momento tendría que esperar.

-¿Le ha preguntado a Cristian si pretende optar a esa plaza?

-No. Cristian y yo tenemos buena relación pero sabemos separar lo deportivo de lo profesional. Fuera de los entrenamientos, nunca hablamos de piragüismo.

-Visto el precedente, no sé si se ve ya en el K-4 olímpico.

-Siento que la plaza en Tokio es mía y voy a defenderla cómo sea. Noto que el barco va bien, que los cuatro estamos entusiasmados con el proyecto. Voy a currármelo y no le doy más vueltas. Es lo máximo a lo que puede aspirar un deportista. Y, si además hay perspectiva de luchar por una medalla, imagínate.

-Vaya cantera la gallega.

-Casi la mitad de las fichas nacionales somos de aquí. Hay un nivel brutal. Tanto desde los clubes como desde la Federación se hace un trabajo excepcional y la prueba es que cada vez hay más chavales. Ves ya la cantidad de gente que hay metida en un campeonato gallego y es impresionante.

«Al no ir a Río me vi sin ingresos, sin saber qué hacer con mi vida»

Tras quedarse fuera de los Juegos de Río, el futuro de Carlos Arévalo se volvió una nebulosa. Apostó por el Ejército de Tierra y juró bandera en agosto del 2017. «Mucha gente me tuvo que aguantar entonces», dice. Y se acuerda de su familia, su novia y sus amigos.

-¿Por qué cambia tanto para un deportista si supera o no un selectivo olímpico?

-Cuando estás arriba, estás bien. En un Campeonato del Mundo aspiras ya a una beca ADO. Pero nuestras becas corresponden al resultado deportivo. Si tienes un mal año, como me pasó a mí al quedarme fuera de aquel selectivo, te ves prácticamente sin ingresos.

-Entiendo que se vio entonces sin presente más que sin futuro.

-Te preguntas: ¿Y ahora qué hago yo con mi vida? Cuando no estás en primera línea, que fue lo que me pasó a mí entre el 2016 y el 2018, lo pasas muy mal. Económicamente, se nota mucho. Si quieres tener tu piso y una independencia económica resulta complicadísimo. Ves que no te da para subsistir.

-Por eso apostó por el Ejército.

-Me ofreció una estabilidad inmensa. Soy militar profesional y me permite una seguridad enorme a la hora de entrenar, sin depender tanto de lo que pase después.

-Juró bandera e ingresó en el Centro de Formación de Tropa número 1 de Cáceres. No parece la mejor plaza para el piragüismo.

-[Se ríe] Cogía el coche a última hora y me iba a Mérida para no dejar la piragua, para no perder sensaciones. No quería olvidarme de cómo se rema. Si no confiara en mí, si no creyera en que podía darle la vuelta, no lo hubiera hecho.

-Y, cuando pudo, pidió el traslado.

-Sí. Pedí la plaza para Asturias -está en el Regimiento de Infantería número 3 de Cabo Noval- porque estaba cerca del centro de tecnificación de Trasona. Allí es donde Miguel García preparaba el K-4. Quería estar en ese grupo y en ese proyecto. Soy un cabezón.

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