Los ricos también lloran

Zidane, Valverde, Simeone y Marcelino, frustrados tras ser incapaces de incorporar en el mercado a los futbolistas que habían reclamado a sus respectivas direcciones deportivas


«Hasta el lunes puede pasar de todo: una bomba, dos bombas...» Al lunes le faltaban 48 horas. El chascarrillo de Zidane, con más esperanza o ironía, reflejaba la inquietud de la espera. Pogba seguiría siendo, para él, un cromo ajeno. «Que se acabe de una vez y nos deje descansar». Valverde empezaba a asumir que Neymar no llegaría. Real Madrid y Barcelona, los dos colosos del fútbol español, eran incapaces de formalizar el fichaje pretendido.

Florentino se había gastado ya 307 millones de euros. 100 en Hazard, su fichaje estrella. Y más de 200 en cuatro futbolistas (Éder Militao, Luka Jovic, Mendy y Rodrygo Goes) que está por ver el peso que tengan en la plantilla. El Barcelona había empeñado en De Jong y Griezmann buena parte de los 255 millones de euros que llevaba pulidos cuando se enredó en Neymar.

 A las puertas del Metropolitano, Rodrigo se daba la vuelta tras despedirse de sus compañeros en Valencia. «No hay dinero, hay que esperar». La espera no pasó de eso. Simeone se quedaba sin la última ficha que reclamaba. Ha persistido en que lo necesita en diciembre.

Joao Félix había sido su fichaje más caro (126 milones de euros). Tampoco el Atleti, con más margen para no reventar el tope salarial, podía permitirse a Rodrigo. En Mestalla, Marcelino aguardaba su marcha tras un verano tumultuoso, en el que su cargo y el del director deportivo, Mateu Alemany, llegó a estar en el alambre. Peter Lim estaba dispuesto a llevarse por delante al tándem con el que había ganado la Copa y se había metido en la Liga de Campeones. Casi nada.

«No saben ni de lo que hablan». Bale se despachaba con Gales de las críticas. «Pregunten al club», respondió sobre su frustrada salida del Madrid. Zidane le enseñó la puerta, también en público. Pero Gareth sólo se asomó. El técnico francés, que había declarado su intención de traerse a Pogba («Sabemos que lo queremos») le dedicó a Bale aquello de no vuelva usted mañana, que mejor para todos. Florentino Pérez, aquel que se deshacía hace años a golpe de talonario sin preocuparse del fondo, no fue quién de solucionarle la papeleta. El control financiero de la Liga y la UEFA hacen el resto. El Madrid no se ha recuperado del adiós de Cristiano. «En la BBC tenías un cohete, el anotador y yo, que era la pieza para que todo funcionara», se despachó hoy Benzema en un arrebato de orgullo.

En Barcelona, la cuestión económica ha sido determinante. Un intercambio de porteros con el Valencia, la puesta en el escaparate de varios de sus jugadores para aligerar masa salarial, y el deseo de desprenderse de Coutinho, la bala en la que, junto a Dembelé, había invertido los 222 millones que ingresara por Neymar. Su periplo parisino para recuperar al brasileño fue un melodrama cómico. Ofertaban jugadores para abaratar. No. Ofrecían pago en junio del 2020 disfrazando la operación de cesión. Tampoco. El jeque quería el cash. Y lo quería al completo. Bartomeu se escondió tras su dirección deportiva y una nómina de negociadores que fueron incapaces, durante semanas, de sellar la operación. No había dinero para ello.

Rodrigo se despidió en Paterna de sus compañeros. Dejaba atrás a un Valencia patas arriba, en una pública guerra civil entre su dirección deportiva -apoyada por Marcelino- y su presidente. «Rodrigo estuvo traspasado, él me dijo que se iba al Atlético», reveló el técnico asturiano ante la prensa. «Somos un equipo con Rodrigo y otro sin Rodrigo. Si no está debemos revisar los objetivos, para tener la obligación de jugar Champions, necesitamos un jugador como él». El único motivo por el que sigue allí, tras otra operación frustrada, es porque el Atleti no tenía cómo pagarlo. Se había gastado en Joao Félix lo ingresado por Griezmann y afrontado una nutrida renovación. «Sólo tengo a Costa y Morata», replicaba el Cholo reclamando su tercer punta.

 «La dirección deportiva ha pasado un informe en el que se pedía a un jugador polivalente: Denis Suárez o Rafinha», insistio Marcelino cuando Denis ya era futbolista del Celta.

Rodrigo no salió y Rafinha -que acabaría igualmente en Vigo- tampoco se incorporó. El preparador se quedaba sin su petición expresa. El cinturón aprieta también a los que más manejan. Los tiempos han cambiado para todos.

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