Portela, Germade y Arévalo tendrán que volver a ganarse la plaza olímpica

El presidente de la Real Federación Española informa que los palistas que acaban de lograr los billetes a Tokio deberán superar un selectivo en el 2020


«En el 2015 decidimos que a los palistas que consiguiesen plaza para los Juegos en el Mundial y lo hiciesen con medalla se les asignase el puesto. Así lo recogimos en los criterios de selección del 2015. En esta ocasión -para la edición de Tokio- hemos decidido que todo el mundo va a tener que superar un selectivo el próximo año», probablemente a escasos cuatro meses de la competición olímpica. El presidente de la Real Federación Española de Piragüismo, Juan José Román Mangas, despejaba ayer la incógnita: «Ya lo habíamos decidido con anterioridad al Mundial, que no asignaríamos plazas a nadie que las ganase para España en Szeged».

Ni el hecho de que Teresa Portela haya conquistado a sus 37 años con su decimoquinta medalla mundial un pasaporte a los que serían sus sextos Juegos Olímpicos, lo nunca alcanzado por una deportista española. Ni la capacidad del K4 500 masculino de revalidar la plata planetaria con tan solo 6 semanas de reacoplamiento tras la entrada de Carlos Arévalo por un desmotivado Toro, y con Marcos Walz Cooper paleando con un músculo roto. Ni el poderío de Paco Cubelos e Íñigo Peña en el K2 1.000 o, en función de lo que decida la RFEP sobre el límite de seis kayakistas masculinos en Tokio, de Carlos Garrote en el K1 200 para consolidarse en el podio mundial. Ninguno de los méritos señalados, ni siquiera el multiplicador de las circunstancias alrededor del K1 200 de Portela -20 años de fiabilidad- y el K4 -cambio de uno de sus motores, y otro tocado- han variado el criterio de la Federación.

Los afectados dicen que lo ideal sería centrarse ya solo en preparar los Juegos

«Bueno. Lo intuía». Con estas palabras se arrancaba ayer Teresa Portela al ser informada, y preguntada por los planes de la Real Federación Española de Piragüismo para las cuatro plazas olímpicas con medalla mundial obtenidas por ocho de sus palistas; la primera la que en la mañana del sábado conseguía la canguesa en la final del K1 200. «Desconocía el criterio», continúa Teri.

«Si lo deciden así, hay que aceptarlo, y ya está», declara. Y sin embargo, la única deportista española en disposición de poder alcanzar seis Juegos Olímpicos añade: «Lo ideal sería la tranquilidad de buscar el pico de forma para los Juegos», sin un selectivo que condicione parte de la preparación del asalto a una medalla olímpica. Tranquilidad, subraya, «entre comillas. Aún sin selectivo, hablamos de estar entrenando a tope todos los días. Porque el que va -a Tokio- quiere más», lo que resulta incompatible con cualquier temor que se pueda albergar a un proceso de relajación por el hecho de amarrar el billete a la gran cita nipona a un año vista.

«Si se puede mejorar el barco, se debería mejorar. Pero a día de hoy es muy, muy difícil mejorar lo que hay. Muy difícil». Y Rodrigo Germade sabe de lo que habla. Único integrante del cuarteto que lograba el diploma olímpico en Río en el K4 1.000 que ha sobrevivido al trasvase al 500, sostiene: «De forma objetiva, la Federación debería apostar por la mejor combinación, la más segura, la más sólida. Y si no lo hace así, se equivocaría». «A lo mejor el K4 se mejora quitándome a mí», concluye Germade acompañando su reflexión con un hilo de risa.

Arévalo, recién llegado al K4 500 por el desembarco voluntario de Toro, sitúa la cuestión en el mismo plano, desde otro tiro de cámara: «Si en un mes y medio conseguimos estar peleando por el oro, no quiero pensar lo que podemos conseguir -la actual tripulación del K4- entrenándonos un año juntos».

El renovado K4 firmó la plata mundial con Walz paleando con un músculo roto

El potencial del K4 500 masculino español no tiene hoy límite conocido. No solo es que Saúl Craviotto, Marcos Walz Cooper y los gallegos Germade y Arévalo disipasen en Hungría los temores sobre el rendimiento de un barco con solo mes y medio de reacoplamiento tras la entrada del último por Toro. Tras los fiascos -aún con Toro- de la Copa del Mundo de Duisburgo -quinto puesto- y los Juegos Europeos -último de la final-, los pupilos de Miguel García firmaron la tercera plata mundial en 3 años con, además, uno de sus hombres lesionado.

«Ha sido un año bastante complicado, y el lunes pasado, en el último entrenamiento antes de partir para el Mundial, Marcus rompió el oblicuo, un músculo de la zona del abdomen que influye mucho en la estabilidad al afectar a la torsión», desveló ayer el entrenador que ha convertido el K4 hispano en una referencia mundial, y aspirante a medalla olímpica. El trabajo con los médicos y fisioterapeutas permitió cumplir la estrategia de urgencia: «La idea era llegar hasta la final sin tener que infiltrar a Marcus. Y lo conseguimos. No podíamos arrancar todo lo bien que queríamos, pero incluso así, en nuestra eliminatoria pudimos manejarnos para acabar segundos y evitar una semifinal más dura», descubre García.

La plata mundial ha dejado «muy contentos a todos», dice. «Los deportistas se han implicado al máximo, trabajando horas extras para comprimirlo todo en tan poco tiempo» tras el cambio Toro-Arévalo. «La ilusión, las ganas de hacerlo bien» del betanceiro, cuenta su técnico, «fueron como un quinto hombre». El trabajo estaba hecho, y «los tiempos daban en los entrenamientos», señala, pero: «Los cambios se hicieron muy deprisa, y con la tensión de la competición había miedo a que no saliesen». Hasta el domingo.

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