Viajes para educar futbolistas

El Pastoriza no exige competir a sus equipos de base, creó su propia escuela y, como premio al trabajo del curso, realiza intercambios con cuatro países europeos


«La idea fue evitar la competición, el hecho de tener que salir siempre a ganar la liga sin importar nada más». Con este objetivo en mente nació en el 2013 la escuela de fútbol base del Pastoriza, un proyecto que dos años después, y con mucho trabajo por parte de sus creadores, vio la luz e inició una nueva etapa deportiva y educativa en el club arteixán. Pablo Pérez y Javier Vecino fueron los artífices de la transformación, el primero en la parte educativa y deportiva, y el segundo en el tema económico y social. Ambos hicieron posible que en el 2015 el lema, «Pastoriza más que fútbol», se hiciera realidad. Y empezaron los viajes.

Después de varios desplazamientos por el territorio español, en el 2017 tuvo lugar el primer intercambio, y, desde entonces, Copenhague ha sido tres veces el destino de un grupo de infantiles y cadetes del Pastoriza. Durante dos semanas al año, una en Galicia y otra en Dinamarca, conviven con otros niños de las escuelas del BK Vestia (club de la capital danesa).

«Huimos del tema torneo, algo habitual en casi todos las entidades. Lo que buscamos es un intercambio cultural y deportivo. Visitamos la ciudad, hacemos pruebas para que los niños se suelten con el inglés, entrenamientos y dormidas conjuntas», explica Pérez. «Que compartan el máximo tiempo posible para que absorban todo lo que se pueda. Al final del día esas amistades son puertas que pueden abrirse en un futuro», añade.

En uno de esos viajes conocieron a Dani Aparicio, entrenador en el colegio británico Millfield ?elegido por sexto año consecutivo como la mejor escuela del país?, y la conexión fue instantánea. Juntos le dieron una vuelta de tuerca más a la iniciativa y, con el objetivo de impulsar el fútbol femenino, dentro del club, en el 2018 y el 2019 realizaron un intercambio con el equipo sub-16 del Bath City Youth.

Cambio de rumbo

No fue sencillo arrancar el nuevo proyecto, por el que la directiva del club decidió apostar de lleno. Supuso que las categorías inferiores empezasen a pagar cuotas. «El principio fue duro. El club podría habernos dicho que no, porque suponía cobrar a los padres y decirles que lo de competir se acababa. Que ahora lo primero era el comportamiento en las gradas y fuera de ellas», recuerda Pérez.

«Como con todo, la información y la formación es vital. Ahora estamos encantados. Los padres son los que aportan todo alrededor de los intercambios: churrascadas, excursiones… Todo se suaviza por el tema de no competir por ganar cada partido de liga. No hay presión», añade.

Portugal y Suecia se sumarán esta temporada como destinos nuevos a la lista de viajes del Pastoriza, que cada año agrega más jugadores a sus equipos de base. Hace varios años eran unos setenta y, actualmente, más de 200 jóvenes futbolistas forman parte del club arteixán. «En la zona no hay otro equipo que haga algo similar. La motivación en los niños es mayor y los padres están encantados porque sus hijos se implican más, tanto dentro como fuera del campo», asegura el director deportivo.

Además, el Pastoriza no limita la experiencia únicamente a niños del club. Al viaje de Bath se sumaron niñas del Victoria, Orzán, Oroso y Luis Calvo. «Niños y niñas son todos, independientemente del equipo. En eso no tenemos problema», resume Pérez.

 «Hay una valoración de comportamiento, estudios y asistencia; y se premia en función de eso»

Para poner en práctica todo lo que tenían en sus cabezas, el Pastoriza decidió que eliminar la exigencia de obtener resultados fuese lo primero. «Cuando coinciden buenas generaciones estamos más arriba y, si no, pues estaremos donde lleguemos», resume Pérez.

El siguiente paso necesario fue la formación. «Al principio no sabíamos por dónde empezar y lo primero que pensamos fue que teníamos que formarnos con gente que tuviese nivel, tanto en lo deportivo como en lo educativo. Que estuviesen llenos de valores», explica Pablo Pérez. «Dimos con dos profesores que eran totalmente lo que buscábamos y que se convirtieron en nuestros mentores». Esas dos personas fueron Gari Fullaondo, ligado durante muchos años al Athletic de Bilbao, y Ana Rosell, la presidenta del Tacón, equipo que acaba de adquirir el Real Madrid para competir en la Primera División del fútbol femenino.

Con la primera piedra puesta, lo demás vino rodado y el círculo de contactos del Pastoriza se fue ampliando cada vez más. Lo que en un principio era tan solo una idea tomó forma en la creación de los intercambios deportivo-culturales. «El objetivo es que los chavales mejoren cada temporada y el incentivo son los viajes», cuenta Pablo Pérez. «Hacemos una valoración anual a nivel estudios, comportamiento, asistencia… y se premia en función de eso», añade.

Todas las categorías tienen un plus al acabar la temporada, siempre en función de la edad. «Los más pequeños hacen salidas a lugares cercanos, como a alguna granja-escuela. Los alevines estuvieron este año en Villarreal y los mayores: los niños en Copenhague y las niñas en Bath», explica Pérez.

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