Luis Pazos, el remero total sigue en la brecha

Es uno de los más veteranos, laureados y conocidos de España,
y compite para
una de las favoritas


Luis Pazos Rodríguez (Marín, 1968) habla con pasión y, a tenor de su trayectoria deportiva, rema con la misma intensidad. Uno de los remeros más veteranos de la Liga Galega de Traiñeiras (LGT) es, también, uno de los más reconocidos en este deporte centenario. Aunque como él suele decir: «Soy más conocido en Bermeo que en Marín. Y eso que hace ocho años que no remo allí».

Efectivamente, en un deporte dominado por los vascos, un gallego porta uno de los rostros más populares de la historia de las traineras en España. «Es probable que haya contribuido a la difusión del remo», asume. Su dilatada y exitosa carrera le han convertido en un ídolo. Y ahora rema para Ares, a tenor del arranque de la LGT, una de las grandes favoritas al título.

Su veteranía no le arredra. Antes al contrario. Las ha visto de todos los colores. Y todavía no hay jóvenes que le planten cara de verdad. «Yo me encuentro bien, pero también me cuido. Aunque no cobre como una estrella, soy un profesional», resume. «Los chavales de ahora son muy conformistas. Mi generación se crio en la calle. Cuando remábamos, íbamos a por el notable o el sobresaliente. A estos, con el suficiente les llega. No cubren el nivel de sufrimiento que teníamos nosotros. Y hay que sufrir en los entrenamientos para disfrutar en las regatas. El talento sin trabajo no sirve de nada. Conocí remeros con unas cualidades estupendas, que eran unos vagos...», analiza.

Llegó al remo de casualidad, cuando asistía a las travesías a nado en Marín con un amigo en una chalana. José Dopazo lo vio remar y le ofreció un batel. No soltó el remo nunca más. No tuvo ni lesiones. «Increíble», reconoce. «Ahora, si me falta remar... no puedo estar dos días sin deporte», explica. Por eso, su rictus cambia cuando se le recuerda cuando fue sancionado (y después absuelto) con dos años de suspensión por, supuestamente, negarse junto a otros remeros y el entrenador de Astillero, a un control antidopaje. «Fueron cosas de médicos... muy extraño todo. Pero en un primer momento, yo sabía que no era culpable, y se me vino el mundo abajo. No lo asumía. ‘Esto no puede ser’, me repetía», recuerda.

Hubo más momentos delicados. Como el accidente del año 2006 durante un entrenamiento en la playa de la Magdalena en Santander, en el que la trainera se fue contra las rocas y se partió. «Ahí vi la muerte cerca. Fui de los últimos en lanzarme al agua, pero con el batir de las olas y toda la ropa de invierno empapada no daba subido a la superficie», recuerda. Con todo, asegura que ni cuando hay mar en la Concha, las traineras son un deporte peligroso, más allá de accidentes puntuales relativamente graves.

«Para dedicarte a esto te tiene que gustar el mar. No podría vivir lejos de la costa. Incluso hay gente del interior que se dedica al remo y acaba amando la naturaleza. Por eso, me enfada muchísimo cuando salgo a entrenar o con el kayak y veo la basura en el mar. Recojo toda la posible, pero ya podríamos ser más cívicos...», lamenta. «Creo que he contribuido al reconocimiento de Galicia en el mundo del remo. A mediados de los años 90 fue una buena época. Los de esa generación no hicimos historia por mala suerte», concluye.

Trabaja como chabolero, recorre todos los puertos gallegos y se entrena por su cuenta

«Del remo no se vive, y menos en Galicia. No hay sueldos abultados y siempre es necesario completar con otro trabajo. Lo que ganamos nosotros, se lo gasta un futbolista en una comida», lamenta Luis Pazos. Por eso regresó a Galicia. «En el País Vasco un remero está muy bien considerado, no es como aquí. Pero regresé porque me ofrecieron este trabajo y no podía seguir arriesgando, porque el remo se acaba», argumenta.

Ese trabajo es chabolero para el barco de pesca Nuevo San Cibrán, con base en Marín. Él es el marinero en tierra, se encarga de recorrer con un camión todos los puertos gallegos a los que la embarcación llega para encargarse de toda la logística e intendencia, organizar la descarga del pescado, abastecer de víveres, redes... Trabaja de once de la noche a siete de la mañana de lunes a sábado por la mañana. Duerme hasta la hora de comer. «Era peor la jornada partida», matiza. En el tiempo que le queda, se entrena por su cuenta y, cuando puede, acude a Ares para ejercitarse con el resto de la tripulación de la trainera.

No parece que sus hijos vayan a seguir su estela. «No les voy a forzar. Solo quiero que hagan deporte», explica. Cuando estaba en Bermeo solo veía a su familia en Semana Santa y en Navidad. «Te acuerdas de esa situación cuando estás mal, o recibiendo una bronca del entrenador. Pero acabas, te duchas y se te pasa», relata.

Chistes contra rigores físicos

Siempre destacó por su capacidad de potenciar el sentimiento de equipo en las traineras en las que ha remado. «Lo que me llena a mí es el apego que me tiene la gente y los compañeros. Soy positivo, me gusta el cachondeo, contar un chiste, una anécdota de vez en cuando. No tiene nada que ver con ser profesional. Puedes tener un remero que es un fenómeno, que como haya mal ambiente...», razona.

Cree que no hay otra manera de soportar los rigores de un deporte de una dureza mayúscula. «Tengo la piel de las manos y del trasero curtida. Cuando me paso dos meses sin remar, se ablanda y lo paso fatal los primeros días, hasta que vuelven a su estado habitual. La verdad es que en lugar de manos ya tengo cepos», describe con expresividad. Tiene pendiente escribir una biografía. «Cuando me retire. Todavía me quedan muchas cosas por vivir», zanja.

Nueve clubes y veintitrés títulos de prestigio

Toda la vida remando al más alto nivel da para engrosar el historial, no cabe duda. El mejor ejemplo es el del propio Luis Pazos. Nueve clubes y veintitrés títulos de prestigio jalonan su carrera deportiva. Pazos comenzó en el Club Tambo, de Marín, cuando todavía era un adolescente. El San Juan de Tirán fue su siguiente enseña. No se alejó nada del pueblo para seguir remando, cuando se fusionó a Remedios (también de Tirán) y formar una única trainera con mayor potencial. El club cántabro de Astillero fue su primera experiencia fuera de Galicia, para continuar en la vasca Urdaibai, de Bermeo.

Después de varios años en estos dos clubes y compitiendo en lo más alto de la Liga ACT, la máxima categoría española, Luis Pazos regresó a Galicia para enrolarse en las filas de Samertolameu de Meira, que defendió en dos etapas, con un paréntesis para remar a favor de Mugardos. Precisamente, en su segunda etapa, la temporada pasada, se quedó a apenas 44 centésimas de certificar su ascenso a la ACT con la embarcación gallega. Ares fue su destino para este curso. «Esperamos estar entre los dos primeros, para poder disputar el play off», explica, con ganas de resarcirse del varapalo recibido la pasada campaña.

En todos estos clubes, Pazos ha podido celebrar cuatro banderas de la Concha, ocho Campeonatos de España de traineras, tres Ligas ACT, tres Campeonatos de España de banco móvil, una plata en el Mundial de remoergómetro y cuatro Ligas Galegas de Traiñeiras. Según asegura, el palmarés está todavía incompleto y esta temporada volverá a intentar ampliarlo.

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