Irlanda del Norte abraza al Open

El British de Portrush, un pueblo de apenas 7.000 habitantes, marca el regreso del torneo a la isla tras una ausencia de 68 años


El reloj marcará las 6 y 35 de la madrugada en Portrush (Irlanda del Norte) cuando un jugador local, Darren Clarke, dé un simple golpe, la salida desde el tee del 1, pero que supondrá un gran paso en la normalización del deporte en una región sacudida en décadas anteriores por el terrorismo y la violencia. Desde 1951 no se jugaba en la isla pequeña el Open Británico, que desde entonces redujo su rotación a los campos de Escocia e Inglaterra. Para Clarke, que ganó el torneo en el 2011 en Royal St George’s y es uno de los 7.000 habitantes de Portrush, la apertura simbólica del campeonato (Movistar Golf, 7.30) tiene un significado que trasciende el juego. «Aprendí a jugar al golf en Dungannon, sin duda el club más bombardeado de Irlanda del Norte», confesó al Daily Mail. Del rincón más septentrional del país proceden también Graeme McDowell, ganador del US Open del 2010, y Rory McIlroy, el niño prodigio en la encrucijada.

McIlroy batió récords de precocidad y, cuando se impuso en el Open de Royal Liverpool, en el 2014, contaba ya con cuatro grand slams con 25 años recién cumplidos. Desde entonces, se estancó su cuenta de majors, pero sigue siendo una referencia para ganar el domingo en el escenario donde, con 16 años, batió el récord del campo con 61 golpes (-11). Otro de los célebres vecinos de Portrush es Ricky Elliot, el cadi de Brooks Koepka. Lo que le faltaba al jugador más regular en los grand slams durante las últimas dos temporadas y media, con cuatro títulos en los nueve majors más recientes.

Según el relato de Tiger Woods, Koepka todavía no respondió al mensaje de hace un mes en el que le pedía jugar una ronda de prácticas juntos. El jugador del momento llegó a Royal Portrush tras una serie espectacular: segundo en el Masters de Augusta, campeón en el PGA y segundo en el US Open. Por eso tiene al alcance, otra vez, un récord. En la era moderna del golf nadie enlazó los cuatro majors de una misma temporada sin bajar de los dos primeros puestos. No llegó a fracasar en el intento Ben Hogan en 1953 porque ganó tres grandes, pero no disputó el PGA.

En realidad, la racha de Koepka nació antes, en el PGA que cerró el calendario de grandes del 2018, cuando también fue segundo. En total, desde el inicio del 2017 acumula un resultado de -64 en los majors. El siguiente mejor balance lo tiene Rickie Fowler, pero a una distancia sideral, con -29. Más allá de Koepka, Woods y los norirlandeses, las miradas se giran hacia dos europeos. Uno, el italiano Francesco Molinari, porque defiende el título y lleva tiempo merodeando siempre los puestos de honor en los campeonatos importantes. Y otro, Jon Rahm, por su estado de forma, su rendimiento en links como Royal Portrush y su victoria en el Open de Irlanda.

Rahm lidera la participación española, con hasta siete jugadores: Sergio García, Rafa Cabrera, Jorge Campillo, Adrián Otaegui, Adri Arnaus y Miguel Ángel Jiménez. Una de las cifras más altas de los últimos años, pero lejos del récord de diez españoles que compitieron en el Open de 1983.

Un campazo, terrorífico con viento

manuel piñeiro

Recuerdo la primera vez que jugué en Portrush. Llegas a través de una carretera que, de repente, te permite ver, allí abajo, el campo y el mar. Es una vista sobrecogedora, como la de un paisaje lunar. El escenario, para todos los enamorados de los links, es maravilloso.

Pero si hablamos de competir, aunque no es muy largo, se convierte en terrorífico cuando sopla el viento. A mitad de recorrido, los hoyos 7, 8 y 11 se vuelven complicados cuando sopla el viento cruzado que predomina en esa zona de la costa de Irlanda del Norte. También el 16 y 17 son dos calles muy difíciles. El final, en general, resulta duro.

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