El brindis del Oza Juvenil por Capone, fallecido en A Coruña

Guillermo Pigueiras, coordinador de fútbol del club, recuerda a José Román de la Fuente Cotelo, una de las figura emblemáticas del fútbol aficionado gallego

Capone entre Carlos Varela y Guillermo Pigueiras
Capone entre Carlos Varela y Guillermo Pigueiras

«El día que me muera, no quiero misas ni nada. Solo deseo que toda la gente del Oza se junte y brinde por mí». Ese era José Román de la Fuente Cotelo (A Coruña, 1957-2019), el alma del Oza Juvenil que este lunes nos encogía el corazón con su muerte. Quizá por este nombre son muchos los que caen en la cuenta de quién era. Pero si digo que murió Capone, el del Oza, estoy seguro de que no habrá no habrá una persona del fútbol modesto coruñés al que no se le salte una lágrima. Porque ser querido en tu club es, a veces, fácil. Lo complicado es que te admiren y quieran en el resto. Y Capone -desde pequeño lo llamaban así porque decían que era el jefe- era uno de esos personajes al que todo el mundo quería.

Se nos fue con 62 años, de los cuales la mayoría los pasó vinculado al fútbol coruñés en general, y al Oza en particular. Pero no lo hizo de cualquiera manera. Antes de dejarnos vino la semana pasada conmigo a Santiago a recoger el premio que la Federación Gallega de Fútbol nos dio como referentes del fútbol base en la provincia. Si le hubieran preguntado, seguro que no hubiera elegido mejor final. Siempre luchó por situar al club entre los mejores y lo había conseguido. Y lo logró no porque hayamos ganado muchos partido, sino porque su obsesión era que los niños estuvieran contentos. Y lo están.

Para mí, Capone era mucho más que un compañero de club. Era un amigo. Un maestro. Un confidente. Esa persona a la que recurría cada vez que tenía que tomar una decisión. Siempre, antes de hacer cualquier cosa, lo llamaba, se lo comentaba y él me decía lo que pensaba. Era el típico hombre de club. Ese que fue durante años entrenador, delegado, directivo... Pasaba horas en la sede. Jugaba al ajedrez, al mus, conversaba y, sobre todo, daba auténticas lecciones magistrales del fútbol y la vida. Y, como no, si había que remangarse y pintar el campo, lo hacía. Y si había que repartir las bolsas de comida, ahí estaba. Pero también estaba ahí cuando había que representar al Oza y defender sus derechos. Quién mejor que él.

 

Era un hombre de fútbol de los de antes. De ese balompié que ahora no nos creemos que hubiera existido, pero que tenía su esencia... Recuerdo que contaba una anécdota de cuando él era entrenador. Un día le expulsaron a un jugador en el campo de Elviña y en ese momento de despiste entre que sale y no sale, pidió el cambio, lo retiró del campo y continuó el partido con once. Siempre iba por delante de los demás.

Ayer se nos fue un trozo de Oza. La frase puede parecer manida pero es un sentimiento. Casi ni te has ido y ya te echamos de menos, mi buen amigo. Pero tranquilo que vamos a cumplir tu deseo. Porque vamos a brindar todos por ti. No vamos a hacerlo porque nos lo pidieras. Vamos a brindar, sobre todo, por lo mucho que hemos aprendido contigo. Por lo mucho que nos has enseñado a querer el escudo. Por los valores que nos has inculcado. Y, en definitiva, por lo mucho que has supuesto en nuestras vidas... Hasta siempre Capone. Hasta siempre amigo.

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