Javier Fernández: «De no ser patinador, me habría gustado la carrera militar»

Con una carrera repleta de éxitos, el objetivo del patinador ahora es la divulgación del deporte y acercar el patinaje al espectador


Sonriente. Ilusionado con su nueva vida y sus nuevos proyectos, Javier Fernández (Madrid, 1991) sigue con el patinaje en la sangre, aunque esté retirado de la competición. Revolution on ice, es el nuevo espectáculo con el que quiere seguir poniendo de moda un deporte en el que él lo conquistó todo.

-Dos veces campeón del mundo, siete veces campeón de Europa, ha participado en tres Juegos Olímpicos. ¿Qué sueños en el plano profesional le han quedado por cumplir?

-En cuanto a competición, la verdad es que poco. Todas las metas que me he propuesto las he conseguido. Después de la competición, que es el momento en el que estoy ahora, pues que los proyectos que voy haciendo sean exitosos y en el futuro me gustaría seguir promocionando el deporte.

-Cuando anunció su retirada dijo: «Mi cuerpo y mi mente no llegan». ¿Cómo se dio cuenta de que eso le estaba pasando?

-Llevo 22 años patinando, una trayectoria muy larga, donde he hecho 11 o 12 campeonatos de Europa y del mundo. Me di cuenta cuando vi que había otros patinadores más jóvenes, que venían mejor preparados, que estaban empezando a dar mucha guerra en las competiciones y yo intentaba dar más, pero no podía. Entonces me planteé: «¿Quiero seguir intentándolo?». Por poder, podía, pero yo estaba satisfecho con el trabajo que había hecho, con todo lo que había conseguido y decidí que era el momento de retirarme.

-¿Con 27 años se sentía mayor para seguir compitiendo?

-Sí. Me sentía mayor, pero porque también he recorrido mucha vida. He vivido mucho tiempo solo, y eso puede que me hiciera madurar antes de tiempo. Más que la edad era estar dedicando todo tu día a un deporte. Ya no solo cuando entrenas, sino también cuando vas a casa, que tienes que descansar para el día siguiente. Como deportista, mi entrenamiento era 24 horas, porque sabía que al día siguiente necesitaba rendir. Durante muchos años, sobre todo al final, notaba que esa vida se me hacía cada vez más cansada.

-Con una trayectoria tan larga… ¿Cree que se ha perdido muchas cosas?

-No he sido una persona que haya dejado de hacer actividades. A lo mejor he tenido menos tiempo, pero siempre he reservado huecos para hacer cosas que realmente me apetecían, porque es donde encontraba mi descanso, mi motivación. Me habré perdido cosas, pero siempre he intentado que fuesen las mínimas.

-Llegó un momento en el que dijo: Dejo de estudiar y me dedico al patinaje...

-No era buen estudiante. Cuando me fui a Estados Unidos, que no había terminado la ESO, decidí que dejaba los estudios y que los retomaría en un futuro y así ha sido. Es difícil compaginar, porque te intentas dedicar 24 horas a un deporte, pero si te tienes que dedicar tiempo a otro aspecto de la vida, tan importante, como son los estudios, es complicado.

-¿Cómo fue su llegada a Estados Unidos?

-Hubo un poco de todo. Momentos buenos y otros más malos. Tenía 17 años y no conocía el idioma. Empecé con un entrenador al que no entendía, porque no hablaba inglés. Me comunicaba por gestos. La adaptación los primeros meses fue difícil. Poco a poco fui cogiendo mejor nivel de inglés, podía hablar con gente. Fue una experiencia. Estaba en uno de los mejores equipos de patinaje del mundo, donde aprendí un montón. Realmente luego la experiencia fue buena.

-¿Recuerda alguna caída o resbalón?

-En los Juegos de Sochi, uno de los elementos que hice era inválido. A partir de esa competición cambiaron la regla, pero yo por hacerla ese año, me tuve que tragar ese salto y perdí el bronce.

-¿Es el único momento al que le da vueltas?

-Sí. Luego conseguí la medalla. Pero si la cambiaron después, por mí, podían haberla cambiado antes... (se ríe).

-¿Cree que en determinadas disciplinas deportivas hay que demostrar el doble para tener un reconocimiento?

-Por supuesto. Si no eres conocido o tu deporte no es conocido, hay que hacer mil veces más trabajo para abrirte puertas. Eso gasta mucha energía y es muy laborioso. Yo he tenido que trabajar muchas horas extras en promoción, en entrevistas que, a lo mejor, otro deportista que ya es famoso no hace falta que haga.

-¿Se puede vivir del patinaje?

-Poder se puede vivir, pero no te lo dan gratis. Primero hay que ganar competiciones y luego hay que saber promocionarse.

-¿Por qué le llamaban «Lagartija»?

-Me llamaba así uno de mis entrenadores, porque cuando era pequeño no paraba quieto en la pista. Me castigaban mucho, me echaban fuera. No paraba de hablar. Era por travieso.

-¿Le dijeron alguna vez que el patinaje era cosa de niñas?

-Sí. Nunca me llegaron a afectar. Creo que no hay deportes para niños y para niñas, y que estamos en un momento muy importante en esa transición. Hay que enseñar a los niños desde pequeños para que no tengan esa mentalidad.

-Un vicio confesable.

-La Play Station. El Fortnite es uno de ellos.

-El punto débil de Javier Fernández es…

-Quitarme las vacaciones.

-¿Qué «show» le quedó por llevar a un espectáculo reglado de competición?

-Todas las ideas que he tenido las he hecho. Tengo todavía ideas en mente para hacer en el futuro.

-Díganos una...

-Hacer un programa de mimo. Voy a prepararme con clases.

-¿Añora el nervio de la competición?

-Si ganas sí, por supuesto. Pero echar de menos una competición general, no.

-¿Se despierta alguna vez soñando: «Mañana tengo una competición»?

-No. Muchas veces me levanto como si estuviera de vacaciones y, en realidad, no lo estoy.

-¿A qué deportista admira?

-A muchos, pero siempre he dicho que admiro a Rafa Nadal, por todo lo que ha conseguido.

-¿Qué habría sido si no se hubiera dedicado al patinaje?

-Siempre he dicho que me hubiera gustado hacer algo de militar de operaciones especiales. Siempre me ha gustado, aunque no sé si hubiese ido por ahí.

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