Andrés Díaz: «Sigo haciendo lo que me gusta»

Antes corría para ganar medallas y hoy lo sigue haciendo como entrenador personal. ¿Quién mejor para ponerte en forma que un exolímpico con un récord vigente de 1500?


A CORUÑA / LA VOZ

Cualquiera que revise el cuadro de récords de Europa de atletismo en pista cubierta se encontrará con que uno de los más longevos aún vigentes está firmado por Andrés Díaz (A Coruña 1969). Han pasado ya más de veinte años desde aquella tarde de gloria y el atleta coruñés cree que la marca está sentenciada: «Hay un joven noruego, Jakob Ingebrigtsen, que seguramente la batirá, y será un honor porque ese chaval va a marcar una época», pronostica Díaz, que hace unos meses vio como el joven nórdico fracasaba en su primer asalto al récord.

El atleta coruñes fue uno de los más destacados de su tiempo
El atleta coruñes fue uno de los más destacados de su tiempo

Andrés está hecho un chaval. Mantiene el mismo aspecto que cuando competía, con su melenita oscura y ni un gramo de grasa pese a que, en poco más de un mes, cumplirá ya los 50: «Asusta un poquito el cambio de década», admite, aunque añade que, en cierto modo, está algo acostumbrado. Recuerda que él empezó tarde en el atletismo y ya era mayor cuando comenzó a formarse en los centros de alto rendimiento. Así que ya era mayor cuando aún era joven.

Díaz, en los Juegos Olimpicos de Sídney
Díaz, en los Juegos Olimpicos de Sídney

¿Y qué hace ahora? Andrés, licenciado en Inef, ha abrazado esta profesión contemporánea de entrenador personal. Y no le va mal, porque es un lujo que tu entrenador haya participado en dos Juegos Olímpicos, en campeonatos del Mundo, y tenga récords y medallas.

De vez en cuando, Andrés acude invitado a algún colegio a dar una charla sobre los beneficios del deporte. Los chavales no le conocen. «Si hubiera sido futbolista, tal vez sí». Aunque por la calle, de vez en cuando, sí le paran para recordar los éxitos de antaño. Y, aunque las cosas han cambiado mucho desde entonces, lo que no varía es la escasez de instalaciones para entrenar, cuya reivindicación también protagonizó entonces: «En vez de mejorar, hemos ido a peor. Está claro que desde el Concello tienen una deuda no solo con el atletismo sino con todos los deportes».

Sobre los años de gloria, Andrés es muy capaz de evocar algunos de los más importantes, sobre todo el diploma olímpico que hoy mira con orgullo pero que entonces no disfrutó como merecía: «Por las expectativas que tenía. Perseguía una medalla y salí muy enfadado por no conseguirla. Pero hoy, después de 19 años, me siento orgulloso de aquel diploma».

Andrés recuerda con mal sabor de boca el momento de la despedida del atletismo de élite: «Fue un impacto emocional muy grande, un gran vacío». Pero lo superó. Dejó Madrid y volvió a su ciudad. No ha tenido hijos, pero ha encontrado su lugar viviendo del deporte y corriendo por la ciudad a la que ama en compañía de gente que valora sus enseñanzas: «La verdad es que no me puedo quejar. Y aunque soy autónomo, me va razonablemente bien y sigo haciendo lo que me gusta».

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