Dos genios, tan distintos y parecidos

Federer y Nadal reeditan hoy en París uno de los duelos más intensos y ejemplarizantes de la historia del deporte


Uno es diestro, longilíneo, elegante, con una técnica exquisita de golpes, con revés a una mano, amante de practicar un juego variado en el que prima el ataque, con la hierba como su superficie preferida, con un comportamiento díscolo en su etapa juvenil, pero extraordinariamente reconducido y modelado por su mujer, con la que ha formado una familia numerosa.

El otro es zurdo, musculoso, explosivo, con una técnica especial, innovadora en muchos de sus golpes, con revés a dos manos, amante de la consistencia, con la tierra como la superficie en la que su juego es más eficaz, con un carácter excepcional, modelado desde su más tierna infancia por su tío.

En contraposición a las notables diferencias, ambos coinciden en la pasión por su profesión, en lo atractivo de sus personalidades, en su competitividad, en dar espectáculo en todas las superficies, en conseguir los mejores currículums de la historia del tenis y hacerlo con un juego limpio ejemplar. Ambos se han retroalimentado de la presencia y del nivel del otro para superarse. Y hoy regalan un duelo al tenis, en la semifinal de Roland Garros (Eurosport, 12.50) con el que pocos contaban ya en la tierra de París.

Aquel duelo en Miami

Su primer enfrentamiento fue en Miami en el 2004 , cuando Roger ya era número 1 y Rafa aún no había cumplido los 18. Ganó Nadal, y Federer ya vio que a aquel jovencito español iba a ser un serio rival en el futuro inmediato. Y tan inmediato, porque en los dos años siguientes Rafa le ganó 5 veces, 2 de ellas en Roland Garros. Desde entonces hasta ahora 38 enfrentamientos (23-15 para el español), un registro que de alguna forma contrarresta la euforia de muchos comentaristas en señalar al suizo como «el mejor jugador de la historia». A las generaciones futuras les costaría entender esta afirmación para un tenista que ha perdido 23 veces con otro rival de su misma época.

Pero el español domina por 13-2 en los partidos en tierra, mientras el helvético se impone por 13-10 en hierba y superficies duras.

Inigualable en arcilla

Sin entrar en el espinoso tema de comparar épocas, sí se puede afirmar que Nadal posee una mentalidad prodigiosa, capaz de superar las más complicadas adversidades, y que sobre tierra no se conoce una superioridad tan aplastante de nadie en ninguna época, exceptuando si acaso a Borg, sin comparación en las cifras, por la temprana retirada del fenómeno sueco.

La elegancia y la técnica

De igual forma, no se conoce un jugador en la historia con una técnica tan depurada, con una elegancia y plasticidad en todos sus movimientos, como las que adornan la figura y el desenvolvimiento de Federer sobre la pista.

Cuando Rafa ganó su primer grande en París en el 2005, Roger, cinco años mayor, ya llevaba 4. Hoy el suizo tiene 20 y Rafa, 17. Ese es uno de los retos. Federer quiere aumentar la diferencia, Nadal recortarla, pero es fantástico que 15 años después de aquel primer pulso, y con todas las circunstancias que han sucedido en este tiempo, ambos estén por méritos propios como segundo y tercero del ránking, disputando la penúltima ronda de un grand slam.

Roger encuentra una fórmula

En sus intercambios, más alegrías para Rafa, y más frustraciones para Roger, incapaz durante un largo período de encontrar la táctica adecuada para superar al español, empecinándose en intentarlo con largos peloteos, en los que la ventaja estaba del lado de su rival. La llegada de Edberg despertó el juego de ataque del suizo, y Ljubicic reafirmó que su potencial es para depender de sí mismo y no del contrario. Ajustando el revés, aprovechando sus grandes condiciones de sacador, restando más agresivo, y presionando en la red con su excelente volea, apoyado con una increíble forma física, los éxitos volvieron.

Así que los últimos 5 enfrentamientos con el mallorquín cayeron de su lado, incluida la extraordinaria final de Australia 2017. Entonces Roger pudo desarrollar su plan de ataque y mantenerlo a lo largo de 5 sets.

París no es Melbourne

Pero París no es Melbourne. En la Chatrier las virtudes de Rafa se multiplican exponencialmente, y el peso de su bola, y las dificultades de ganarle cada tanto se convierten en una pesada losa psicológica y en un enorme desgaste físico para sus rivales. El mallorquín une a su excepcional fuerza mental una variedad de golpes que incomodan a cualquiera. Capaz de alternar su incomparable liftado alto con ángulos o ganadores más planos y definitivos. Las dimensiones de la pista y su superficie le permiten más tiempo de reacción y los mejores apoyos para optimizar sus golpes y llegar a bolas imposibles. Y luego está su capacidad para mantener ese ritmo el tiempo que haga falta, el obligar al contrario al máximo nivel para ganarle cada punto. El hacerle sentir el enorme esfuerzo que hay que hacer, y lo bien que hay que jugar para superarle. Una realidad que martillea en la mente de su rival.

Recuerdo la final de 1984: el juego de saque y volea de McEnroe y el tenis tremendamente eficaz de Lendl. El americano ganó los 2 primeros sets y tomó ventaja de 4-2 en el tercero, con un enorme desgaste físico. A partir de ahí, Lendl, mucho más entero, remontaría y abortaba el sueño del genial Mac de ganar en París.

Sinceramente creo que vamos a presenciar un gran partido, histórico (en la era Open, los semifinalistas de un grande nunca sumaron más), en el que Federer intentará imponer su ataque en puntos cortos, mientras que Rafa tratará de no dejarle la iniciativa para evitar que golpee cómodo, y por supuesto endurecer el partido para que el suizo se desgaste y sus golpes pierdan precisión. Ambos llegan en excelente forma, pero creo que las posibilidades de Rafa son mayores. Un acontecimiento entre dos genios.

Nole y Thiem

La otra semifinal (Eurosport, 14.50) enfrenta a Djokovic y Thiem, que eliminaron a Zverev (7-5, 6-2 y 6-3) y Kachanov (6-2 6-4 y 6-2).

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