Petrucci, el patito feo que se convirtió en cisne

El italiano da un salto en su carrera con su victoria en Mugello, que reivindica a un piloto con una trayectoria poco frecuente en la parrilla de motoGP


colpisa

La historia de Petrucci, ganador de la carrera de MotoGP del Gran Premio de Italia, es singular. Su recorrido deportivo no ha seguido los patrones habituales de las estrellas de la clase reina y él, a partir de ahora, podría convertirse en una de ellas. Ya sabe lo que es ganar, y defiende los colores de una de las fábricas más potentes de la clase reina, un status sobre el que ha pendido desde el principio un gran interrogante que poco a poco el piloto de Terni va difuminando. «Estoy en MotoGP y me merezco la Ducati», afirmaba risueño tras batir a Marc Márquez, Andrea Dovizioso y Alex Rins, y antes de recordar su trayectoria. «En el 2011 corría en Superstock, iba fuerte, y me quisieron para desarrollar la Ducati Panigale V2. En el primer test les di mucha información y me pidieron hacer más, me pagaban la gasolina para venir a Mugello, Valentino rodaba con la Desmosedici y yo ya estaba contento sólo con compartir la pista con él. Este trabajo me permitió mostrarme y entrar en motoGP en el 2012 con la Ioda. ¿La recordáis? Era una CRT y, ahora puedo decirlo, eran motos absurdas para correr en la clase reina, montaban motores de serie».

Esas CRT fueron una idea del organizador del campeonato, Dorna, para repoblar una parrilla que atravesaba momentos complicados, otra víctima de la crisis económica planetaria. Un invento que permitió a Petrucci colarse en el Mundial. «En el 2012 probé la Ducati e iba bien, pero eligieron a Iannone y a Spies, porque era americano. Así que me quedé con la CRT. En el 2014 quería parar, porque la moto tenía problemas de electrónica y no me sentía seguro, estaba en Jerez y le dije a mi equipo que era mi última carrera. En el warm up la moto se quedó acelerada, me caí y me rompí la muñeca. Después de dos semanas parado echaba de menos terminar último, porque en ese año siempre era el último. Tenía que aprovechar cada ocasión para enseñarme, sobre todo cuando llovía. Funcionó, porque Pramac me dio la oportunidad y gracias a ellos comenzó mi historia con Ducati».

En Pramac, el equipo B de la marca de Borgo Panigale, consiguió unos cuantos resultados interesantes, además de que fue utilizado como piloto de pruebas durante los fines de semana de competición. A Danilo le tocó en ocasiones sacrificar resultados por ayudar a la fábrica, algo que le ayudó a encontrar un hueco en el equipo oficial. Eso, el factor económico y un poco de suerte: Ducati estaba enfangada con Jorge Lorenzo, que cobraba más de 12 millones de euros por temporada, pero sin conseguir los resultados esperados; la dirigencia de la marca decidió cortar por lo sano y no renovar al balear, para cubrir su hueco con algún piloto menos costoso. Y entre el italiano y Jack Miller se decantaron por el primero por cumplir con los deseos de Pramac, el patrocinador de ese equipo satélite, que quería mantener al australiano en sus filas. La oportunidad le llegó a Petrucci, y a renglón seguido Lorenzo comenzó a ganar: iba a heredar una montura envenenada, con un solo año de contrato, y con la sombra alargada del piloto español.

«La mitad de esta victoria es mérito suyo, me ha adoptado como si fuese un hijo. A lo mejor sería mejor decir un hermano», explicó sonriente el domingo en referencia a Dovizioso, que con él adoptó un papel de tutor. «Me mudé cerca de él y cada vez que voy a su casa me da la sensación de estar gorroneándole algo, incluso me carga la moto de cross en la furgoneta, me demuestra que se preocupa por mí, me da muchos consejos tanto en pista como fuera. Es normal que me sienta en deuda, no veis el 90 por ciento de las cosas que hace por mí». Y es que el triunfo de Petrucci tuvo como daño colateral que Dovizioso no pudiese luchar por el segundo puesto ante Márquez, después de que al adelantarle este tuviese que levantar su moto, lo que le hizo perder comba en la pelea.

«Tampoco me siento culpable, ahora sólo siento felicidad. Me sabe mal haberle sacado fuera, pero esta era una ocasión que no podía perder. Por este motivo quiero dedicarle la victoria a Andrea, por todo lo que hace por mí, es increíble si pienso que es mi compañero de equipo. Lo que no me gusta de hoy es que haya perdido puntos por mi culpa. Me habría gustado que terminase segundo. Pero esta victoria me hace más fuerte, me he quitado un peso de encima, he logrado mi objetivo y ahora quiero ayudar a Andrea a conseguir el suyo, que es ganar el título». Toda una declaración de intenciones de un piloto singular que desde este fin de semana comienza una nueva etapa en su carrera deportiva. «Si no hubiese conseguido ganar con esta moto habría cambiado de profesión, pero puedo decir que tras lo de hoy puedo seguir. Hoy he demostrado que incluso un piloto de 80 kilos puede ganar en MotoGP».

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