Los Raptors lanzan a Canadá a la conquista de la NBA

Por primera vez en la historia, un equipo no estadounidense, Toronto, podría ser campeón de la Liga si lograse derrotar a los todopoderosos Warriors


El año 1995 arrancó en la NBA con dos elementos extraños. Los Vancouver Grizzlies y los Toronto Raptors, dos equipos canadienses, fueron aceptados en la competición y pasaban a formar parte de la nómina de franquicias que pugnaban por el título de campeón del mundo de baloncesto. Así de pretencioso ha sido siempre el deporte estadounidense.

Aquel 1995 se abrieron dos pequeños pasos fronterizos hacia el norte. Uno por el oeste, por el que se colaron los osos Grizzlies de Vancouver -el proyecto duró seis temporadas antes de mudarse a Memphis- y otro en el este, por donde entraron los Raptors de Toronto. Una franquicia que aprovechó el bombazo de Jurassic Park para elegir su nombre. Desde entonces, los Raptors han estado ahí, siendo un equipo simpático pero cuya huella más profunda en la Liga ha sido tener en el mismo vestuario a Vince Carter y Tracy McGrady. Dos leyendas que, por supuesto, les birlaron franquicias de mayor nombre en cuanto pudieron. Luego tuvieron a Chris Bosh que, por supuesto, también se lo llevó Miami en cuanto pudo para juntarlo con LeBron y Wade para hacerle campeón. Nunca habían llegado a la final de la NBA. Hasta ahora.

Kawhi Leonard, un jugador tan extraño como sobresaliente, ha llevado al equipo canadiense al momento más importante de su historia en el único año de contrato que firmó con el equipo. La franquicia ha puesto en sus gigantescas manos todo lo que tenía y parte de lo que tendrá. La esperanza es que se quede otro año más. El equipo y la ciudad se están volcando en el cortejo, pero es difícil dar con la tecla que seduzca a un tipo como él.

Enfrente, los de siempre. Otra vez Golden State Warriors con Stephen Curry a la cabeza en busca de su tercer título consecutivo. Les ha pasado de todo durante el play-off y el resultado ha sido siempre salir fortalecidos. Se cargaron fácil a Los Angeles Clippers pero perdieron por lesión a Cousins. Un supuesto problemón. Superaron la piedra de toque ante los Houston Rockets pero se lesionó Kevin Durant. Se profetizó el drama. El resultado fue que se pasearon ante los Blazers de Portland y no hubo más debate que el de cómo fue posible que sin sus estrellas jugasen todavía mejor.

Es cierto. Contra los Blazers, jugadores como Draymond Green, eclipsado por el talento de Durant o Cousins, han recordado al aficionado lo buenos que son. Pero que nadie se engaña. Han jugado mejor, pero sin ellos son peores. La brecha se ha reducido. Temporalmente. Durant no podrá disputar el primer partido de la final, pero se espera su regreso durante la serie. Los Raptors tendrán que intentar morder desde el inicio. Recordarle a la orgullosa California que el baloncesto lo inventó un canadiense. No será fácil.

Gasol e Ibaka, en busca del tercer anillo español

Cuando Kawhi Leonard anotó ante Phildelphia 76ers la canasta decisiva que dio a los Raptors el pase a la final de la Conferencia Este, todo los jugadores se lanzaron a abrazar al héroe local. Todos menos Marc Gasol, cuya primera reacción fue consolar a Joel Embid, pívot y estrella rival, asegurándole que su momento llegaría.

Cuando los de Toronto apearon del camino a Milwaukee Bucks en la final y celebraban el título, sus primeras palabras fueron para sus excompañeros de los Grizzlies. «Cada compañero que tuve en Memphis, Tony (Allen), Zach (Randolph) y Mike (Conley) especialmente, también están aquí». Así es el mediano de los Gasol. Un jugador al que le ha llegado su gran momento a los 34 años. Los Raptors le alistaron a mitad de temporada para prodigarse lo justo en ataque y desplegar su incalculable capacidad defensiva, en buena parte lo que ha llevado al equipo a la final. Incalculable porque las estadísticas -pobres en casi todo lo tangible comparado con su rol en Memphis- no permiten entender su importancia, totalmente vital, en el equilibrio del equipo.

Ibaka, que lleva enrolado en este proyecto desde el 2017, busca su segunda oportunidad de lograr el campeonato tras la final perdida en el 2012 frente a Miami cuando jugaba junto a Durant en Oklahoma City Thunder.

Su rol de hombre de lujo saliendo desde el banquillo es clave en las aspiraciones de Toronto.

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