Alpinismo, ¿crónica de una muerte anunciada?

Alex López

DEPORTES

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24 may 2019 . Actualizado a las 20:24 h.

«¡Que lo paren, que yo me bajo!» Con estas palabras quiso expresar uno de los mejores alpinistas españoles, sus sensaciones en relación a lo que está ocurriendo en el Himalaya en esta sorprendente temporada de primavera.

Doscientas personas haciendo cola para pisar la cumbre del Everest en un mismo día es algo inconcebible, pero no es más que la gota que colma el vaso de una actividad deportiva que se ha convertido en los últimos años en una forma de rendirle culto a nuestro propio ego. Para los conocedores de la materia, quizá sorprendan más los números de una montaña como el “Kangchen”, otro coloso, en el que la semana pasada se “reunían” en la cumbre más de sesenta personas al mismo tiempo. Una de las cimas más duras de la tierra que ahora parece hacerse más humana gracias a las nuevas tecnologías puestas a disposición del “turista de montaña”: oxígeno en botella, cuerdas fijas, dos o tres porteadores por cabeza, en definitiva, miles y miles de euros invertidos en una foto que poder colgar en las redes sociales ¿Es esa la razón de este despropósito, del suicidio colectivo del alpinismo?

Señores, hemos matado la aventura. Ya dijo Messner, meses atrás al recoger el premio Princesa de Asturias, que el turismo de montaña no es aventura. El alpinismo de los años de posguerra ya no existe. Hemos prostituido de tal forma esta actividad que habrá que inventar nuevas formas de dar rienda a suelta a lo que nos movía por subirnos a las montañas.