El grave accidente de esquí que lanzó a Roglic a lo más alto del ciclismo

El líder del Giro soñaba con colgarse una medalla olímpica en el deporte de montaña y no tenía ni bicicleta de carretera a los 21 años, cuando una fatal caída le hizo cambiar de planes


Primoz Roglic ve la vida de color de rosa. El esloveno (Trbovlje, 1989) es el rival a batir en la ronda italiana y espera, con la cautela que permiten estas cosas, la llegada de la montaña tras su exhibición en la crono del pasado domingo. Una cuenta contra el reloj en la que Roglic emitió un zarpazo, quién sabe si definitivo, a rivales como Simon Yates -a 1.44 minutos- o Mikel Landa, que se dejaba en meta casi cinco minutos (4.52"). La montaña, que tendrá el viernes su primera gran cita con la etapa de entre Pinerolo y el alto de Ceresone Reale, en el lago Serrù, fue la que cambió el destino de un joven que en octubre cumplirá los 30 y que llegó tarde, para lo que suele ser habitual, al mundo de la bicicleta. Y es que, como él mismo confesó, a los 21 ni siquiera tenía una de carretera.

Roglic ansiaba tocar el cielo subido a unos esquís. Fue campeón del mundo junior, representando a su país, en el 2007. Por aquel entonces, Primoz soñaba, como revelaría luego en una entrevista en Eurosport, con convertirse en el mejor del mundo y colgarse una medalla olímpica en trampolín largo. Una grave caída cambiaría para siempre su propósito. «No había tenido ni el respeto ni el temor necesarios. Perdí la motivación y, tras el accidente, me di cuenta de que nunca sería el mejor», reveló después. El siniestro le dejó contusiones cerebrales y una fractura de nariz. Pero al esloveno le pasó una factura mayor, el miedo que le hizo bajarse de los esquís y cambiarlos por una bicicleta.

 

En el 2012 decidió dar carpetazo. No llegó a debutar en las pruebas de la Copa del Mundo, pero sí firmó dos triunfos en la Copa Continental y llegó a competir como profesional en el Grand Prix de Verano, concretamente en tres pruebas en el año 2006. Roglic apostó por la bicicleta y en apenas unos meses, en el 2013, fue reclutado por el principal equipo de su país, el Adria Mobil. Ahí empezaba una trayectoria que iría despegando con los años.

 

En el 2015 logró la segunda plaza en el Tour de Croacia. Ese mismo año, se imponía en la general del Tour de Azerbaiyán y el de Eslovenia, tras haber ganado varias etapas. Su desparpajo sirvió para que el Rabobank -ahora Lotto-Jumbo- pusiera sus ojos en él y le ofreciera un contrato profesional. Una quinta plaza en la Vuelta al Algarve o la segunda rubricada en la Volta a Catalunya comenzaban a dar dimensión del potencial de sus piernas. 

Su gran impulso lo tomó en el Giro del 2016. En la novena etapa, un todavía desconocido Roglic, que debutaba en el World Tour, se impuso en la contrarreloj de Chianti, dejando en evidencia a los especialistas que partían como favoritos. Ya se había quedado al filo, por milésimas de segundo, en la primera que se acabó adjudicando Dumoulin en Apeldoorn.

 

Su consagración llegaría en el Tour de Francia del 2018. Se exhibió en los Pirineos y se quedó a un puñado de segundos de pisar el podio tras vencer en una etapa de montaña.

 

En el último año ha dejado su firma en la Vuelta al País Vasco, en Romandía, o en la Tirreno-Adriática. Volvió a imponerse también en su casa, en la Vuelta a Eslovenia. Desde que debutó en el World Tour, hace apenas tres años, en el 2016, Roglic ha corrido 27 vueltas por etapas. Ganó siete y en otras tres puso sus pies en el podio. Se ha enfundado el triunfo en 16 etapas, entre ellas en el afamado Tour de Francia o en el Giro que lo impulsó. La misma ronda en la que, ahora, Primoz se conjura para dar el salto más grande de su carrera. Mayor que aquellos que ensayaba como esquiador.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

El grave accidente de esquí que lanzó a Roglic a lo más alto del ciclismo