El grave accidente de esquí que lanzó a Roglic a lo más alto del ciclismo

El líder de la Vuelta soñaba con colgarse una medalla olímpica en el deporte de montaña y no tenía ni bicicleta de carretera a los 21 años, cuando una fatal caída le hizo cambiar de planes


Primoz Roglic (Trbovlje, 1989) es el rival a batir. La montaña fue la que cambió el destino de un joven que en octubre cumplirá los 30 y que llegó tarde, para lo que suele ser habitual, al mundo de la bicicleta. Y es que, como él mismo confesó, a los 21 ni siquiera tenía una de carretera. Primoz Roglic ansiaba tocar el cielo subido a unos esquís. Fue campeón del mundo junior, representando a su país, en el 2007. Por aquel entonces, Primoz soñaba, como revelaría luego en una entrevista en Eurosport, con convertirse en el mejor del mundo y colgarse una medalla olímpica en trampolín largo. Una grave caída cambiaría para siempre su propósito. «No había tenido ni el respeto ni el temor necesarios. Perdí la motivación y, tras el accidente, me di cuenta de que nunca sería el mejor», reveló después. El siniestro le dejó contusiones cerebrales y una fractura de nariz. Pero al esloveno le pasó una factura mayor, el miedo que le hizo bajarse de los esquís y cambiarlos por una bicicleta.

 

En el 2012 decidió dar carpetazo. No llegó a debutar en las pruebas de la Copa del Mundo, pero sí firmó dos triunfos en la Copa Continental y llegó a competir como profesional en el Grand Prix de Verano, concretamente en tres pruebas en el año 2006. Roglic apostó por la bicicleta y en apenas unos meses, en el 2013, fue reclutado por el principal equipo de su país, el Adria Mobil. Ahí empezaba una trayectoria que iría despegando con los años.

 

En el 2015 logró la segunda plaza en el Tour de Croacia. Ese mismo año, se imponía en la general del Tour de Azerbaiyán y el de Eslovenia, tras haber ganado varias etapas. Su desparpajo sirvió para que el Rabobank -ahora Lotto-Jumbo- pusiera sus ojos en él y le ofreciera un contrato profesional. Una quinta plaza en la Vuelta al Algarve o la segunda rubricada en la Volta a Catalunya comenzaban a dar dimensión del potencial de sus piernas. 

Su gran impulso lo tomó en el Giro del 2016. En la novena etapa, un todavía desconocido Roglic, que debutaba en el World Tour, se impuso en la contrarreloj de Chianti, dejando en evidencia a los especialistas que partían como favoritos. Ya se había quedado al filo, por milésimas de segundo, en la primera que se acabó adjudicando Dumoulin en Apeldoorn.

 

Su consagración llegaría en el Tour de Francia del 2018. Se exhibió en los Pirineos y se quedó a un puñado de segundos de pisar el podio tras vencer en una etapa de montaña.

 

En el último año ha dejado su firma en la Vuelta al País Vasco, en Romandía, o en la Tirreno-Adriática. Volvió a imponerse también en su casa, en la Vuelta a Eslovenia. Desde que debutó en el World Tour, hace apenas tres años, en el 2016, Roglic ha corrido 27 vueltas por etapas. Ganó siete y en otras tres puso sus pies en el podio. Se ha enfundado el triunfo en 16 etapas, entre ellas en el afamado Tour de Francia o en el Giro que lo impulsó. Primoz se conjura para dar otro salto en su carrera. Mayor que aquellos que ensayaba como esquiador.

Pogacar se impone en Los Machucos, Roglic más líder

J. Gómez Peña

El esloveno aumenta las distancias en la cabeza de la general con más de dos minutos sobre Valverde

El jueves, al entrar en la meta de Bilbao, Primoz Roglic y Tadej Pogacar se dieron la mano. Viven en equipos distintos pero son vecinos. Eslovenos. Es un país donde el deporte está en el aire. Con dos millones de habitantes llegó a tener una decena de jugadores en la NBA. Altos y fuertes. Y si no tienen talla para la canasta, les da por el ciclismo. También anotan. En la cima de los Machucos dos ciudadanos de ese menudo Estado se quedaron con toda la Vuelta. Tadej Pogacar, un adolescente de 20 años, ganó la etapa y, pegado, Primoz Roglic reforzó su liderato con medio minuto más de ventaja sobre Valverde, Quintana y Latour, y un minuto sobre 'Superman' López, el que más empeño puso en quedarse con la etapa cántabra y el que peor parado salió. Todo para Eslovenia. El futuro rotula el nombre de Pogacar y el presente, esta edición de la Vuelta, está cada vez más empaquetado en manos de Roglic. El segundo en la general, Valverde, se aleja a dos minutos y medio. Y el resto, encabezados por Pogacar, a más de tres. En los Machucos, como en Bilbao, los dos vecinos se dieron la mano. Tras la histórica vuelta en la salida por el anillo verde de San Mamés, los ciclistas arrancaron como un delantero hacia el punto de penalti. Decididos. Había siete puertos. Y en el primero, La Escrita, al pelotón ya le salía humo por la piel. El equipo Jumbo, el de Roglic, abrió el candado y permitió que cuajase un fuga masiva. El alto de Ubal despidió a Bizkaia y saludó a Cantabria. De la amenaza de lluvia se pasó al sol. Mejor. Así se vieron en su esplendor las subidas a Asón y Alisas con el pueblo de Arredondo como puente. «La Tierruca» cántabra. Palmeras de indianos. Olor a vaca. Color de brezo. Casas con balconadas. Junto a las rocas pálidas que pinchan la cima de Alisas se fugó de la fuga Héctor Sáez (Euskadi-Murias), manchego de Caudete y de sangre caliente. Antiguo campeón de España juvenil. Un tipo fornido que prefiere el llano a la montaña. Sin embargo, ahí estaba, escapado en Cantabria, a la que llaman con razón 'La Montaña'.

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