El grave accidente de esquí que lanzó a Roglic a lo más alto del ciclismo

DEPORTES

El líder de la Vuelta soñaba con colgarse una medalla olímpica en el deporte de montaña y no tenía ni bicicleta de carretera a los 21 años, cuando una fatal caída le hizo cambiar de planes

06 sep 2019 . Actualizado a las 17:58 h.

Primoz Roglic (Trbovlje, 1989) es el rival a batir. La montaña fue la que cambió el destino de un joven que en octubre cumplirá los 30 y que llegó tarde, para lo que suele ser habitual, al mundo de la bicicleta. Y es que, como él mismo confesó, a los 21 ni siquiera tenía una de carretera. Primoz Roglic ansiaba tocar el cielo subido a unos esquís. Fue campeón del mundo junior, representando a su país, en el 2007. Por aquel entonces, Primoz soñaba, como revelaría luego en una entrevista en Eurosport, con convertirse en el mejor del mundo y colgarse una medalla olímpica en trampolín largo. Una grave caída cambiaría para siempre su propósito. «No había tenido ni el respeto ni el temor necesarios. Perdí la motivación y, tras el accidente, me di cuenta de que nunca sería el mejor», reveló después. El siniestro le dejó contusiones cerebrales y una fractura de nariz. Pero al esloveno le pasó una factura mayor, el miedo que le hizo bajarse de los esquís y cambiarlos por una bicicleta.

 

En el 2012 decidió dar carpetazo. No llegó a debutar en las pruebas de la Copa del Mundo, pero sí firmó dos triunfos en la Copa Continental y llegó a competir como profesional en el Grand Prix de Verano, concretamente en tres pruebas en el año 2006. Roglic apostó por la bicicleta y en apenas unos meses, en el 2013, fue reclutado por el principal equipo de su país, el Adria Mobil. Ahí empezaba una trayectoria que iría despegando con los años.

 

En el 2015 logró la segunda plaza en el Tour de Croacia. Ese mismo año, se imponía en la general del Tour de Azerbaiyán y el de Eslovenia, tras haber ganado varias etapas. Su desparpajo sirvió para que el Rabobank -ahora Lotto-Jumbo- pusiera sus ojos en él y le ofreciera un contrato profesional. Una quinta plaza en la Vuelta al Algarve o la segunda rubricada en la Volta a Catalunya comenzaban a dar dimensión del potencial de sus piernas.