Tres puntos que valen una vida


Puede que el Deportivo sume los nueve puntos que le quedan por jugar y finalmente se clasifique para la promoción, pero ni su fútbol, ni sus sensaciones, ni su fiabilidad corresponden a las de un aspirante serio al ascenso. Tras una temporada errática, con más altibajos que una montaña rusa, quizá logre ahora remontar contra el reloj, en uno de esos milagros que de tanto en cuanto se hacen realidad en el fútbol. Nunca podrá quitarse de la cabeza las oportunidades que dejó pasar, como la de ayer contra un Lugo de pundonor, pleno de mérito y con más calambres ayer casi que puntos en la clasificación.

A los coruñeses al final se los ha devorado su propia autocomplacencia. Primero, desde ese mantra de que la Segunda División es así cada vez que un partido se empinaba. Y, cuando el ascenso se le iba escapando entre los dedos, a partir de la pobrísima reacción de la mano de un José Luis Martí con el que de seis partidos, nada más que ha ganado dos. Ya está claro que la temporada blanquiazul va a dejar un saco de partidos desperdiciados por la tercera plantilla más cara de la categoría, entre ellos los dos que no fue capaz de ganar a este Lugo (el sexto techo salarial por la cola) justito para la élite, pero el día de Reyes y ayer también más competitivo y consciente de sí mismo que este Dépor encantado de conocerse.

Al equipo de Eloy Jiménez, feliz y justo vencedor ayer, le queda mucho que remar para salvarse (el Majadahonda aún sumará los puntos del Reus), pero debe aprender de los errores de su vecino de A Coruña, que se creyó ascendido en noviembre, pero se estrelló en marzo, que salió a jugar este derbi como si fuese un día cualquiera, y en el Ángel Carro se dejó media vida.

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