25 de Abril: Las lágrimas prerrevolucionarias del Sporting de Portugal

La Revolución del 25 de Abril en el país luso cogió a los lisboetas por sorpresa tras regresar de las semifinales de la Recopa


A través de las ondas de Radio Renascença la voz de Zeca Afonso emergía entre los pasos militares que abren la grabación de estudio del «Grândola, Vila Morena». Firme y a capela mientras continuaba el desfile. Portugal inauguraba su 25 de Abril y los transistores eran protagonistas diciéndole a todo el país que «o povo é quem mais ordena». Era 1974, y el «Estado Novo» se había quedado obsoleto. 

Marcelo Caetano, primer ministro luso tras la muerte de Salazar, puso tierra de por medio. Mar, en realidad. Se marcharía a Brasil para no volver jamás. Sin dramas, porque tampoco es que le guardasen demasiada estima los portugueses que le habían negado cualquier derecho a cobrar una jubilación como catedrático de la universidad de Lisboa. No gozaba de demasiada popularidad el dirigente, a pesar de que el régimen había querido hacer ver lo contrario. En marzo de 1974, un par de semanas después de la primera tentativa golpista por parte de las fuerzas armadas -el llamado Levantamiento de las Caldas-, Caetano trató de utilizar el fútbol como un oasis de su aprobación popular. Había agua, pero como en las películas, aquello fue un espejismo.

Fue en un Sporting de Lisboa - Benfica. Qué mejor ocasión que el derbi lisboeta para un baño de masas, más aún cuando ambos equipos se estaban disputado la Liga en un apasionante mano a mano. Lleno total y el público, aparentemente encantado de la vida, ovacionaba en pie al político. Los Leões se llevarían el enfrentamiento vecinal y, a la postre, también el campeonato gracias, en buena parte, a los 46 goles del argentino Héctor Yazalde. La historia de los voraces depredadores de área no empieza con Messi y Cristiano Ronaldo

Históricamente, los dos equipos lisboetas no serán recordados precisamente por su papel contestatario al salazarismo.Más bien todo lo contrario. Basta un vistazo a las fototecas de la época para encontrar pobladas fotos de grupo de unos y otros con el brazo al aire. Lo cierto es que al Benfica le ha quedado el sambenito de ser considerado como el equipo del régimen, una condición contra la que luchan los más curiosos de los archivos. 

Reconocen los interesados que sí. Que efectivamente hay fotos del equipo alzando el saludo fascista y rumores de que Salazar paralizó la salida de Eusebio del equipo, pero advierten que si esas fotos existen se debe exclusivamente a cuestiones de supervivencia. Cómplices bajo amenaza. Un saludo para que no rodasen cabezas. Y mandan, por supuesto, un mensaje a los de verde y blanco asegurando que si alguien hubo con buena predisposición a mostrar la palma de su mano al aire, fueron ellos y que los contactos más sólidos estaban en el palco del viejo Alvalade y no en el Estadio da Luz. Y se indignan argumentando que cómo es posible que se establezca tal asociación sabiendo que el gobierno llegó a censurar el himno de las Aguías por contener la palabra Avante en el título. Los tiranos no suelen ser demasiado melómanos.

Poco más de un mes tras aquel baño de masas le quedaba a Marcelo Caetano. El nuevo Portugal se despertaba -aquel que pudo dormir- con una sonrisa y un clavel. O casi todos. Los jugadores del Sporting de Portugal no tenían ningunas ganas de reír la madrugada del 25 de Abril del 74. Nada que ver con una cuestión de simpatía o no hacia los militares. Se trataba de una cuestión futbolística. Unas horas antes los lisboetas se habían quedado a un paso de pisar la final da taça das taças, el apelativo cariñoso con el que en el país vecino conocían a la Recopa. Que el fútbol la tenga en su gloria.

El Magdeburgo, actualmente en la Segunda División alemana, los apartó del éxito. El 1-1 de la ida en casa no fue suficiente y los lusos cayeron el 24 de abril en el partido de vuelta en Alemania por 2-1. Los germanos acabarían ganando el torneo imponiéndose en la final al Milán.

El Sporting tomaba el camino de vuelta a casa sin saber lo que estaba ocurriendo en la capital y en todo el país. Se enteraron, precisamente, mientras su autobús transitaba frente al muro de Berlín. En este tipo de acontecimientos, la casualidad siempre se alía con el simbolismo. El guía que acompañaba al equipo puso la oreja en lo que, en perfecto alemán, salía de la emisora sintonizada. Nadie se inmutó dentro del vehículo y aquel guía sintió que su misión era transmitírselo a la expedición. «Dicen que ha habido un golpe de estado en Portugal». Nadie puso demasiada atención a aquello.

Los problemas llegaron a la hora de volver a casa. Fue en Fránkfurt cuando descubren que la cosa va en serio. «Tiros y bombas». El aeropuerto de Lisboa está cerrado. El equipo pasó por Madrid para enfilar un camino alternativo e improvisado, pero en la frontera les obligaron a dar la vuelta. Muchos no habían ni siquiera dormido, tenían que enfrentar el fin de semana la jornada liguera y no encontraban habitaciones libres para poder pernoctar. El acuerdo fue que lo más cansados tuviesen el privilegio de tener un colchón. Y aún así no había posibilidad de tener once jugadores con las pilas cargadas para el domingo. Gracias a «contactos» -la vida se basa en ellos- pudieron regresar con sus familias y alzar la Copa liguera el año que Oriental, Olhanense y Espinho perdieron la categoría -que el fútbol también lo hacen los pequeños-. Sería su última Liga en unos cuantos años. El Benfica, ese equipo supuestamente afín al tirano, ganó las dos siguientes tras el triunfo de la Revolución de los Claveles. Ironías de la historia.

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