La gallega que volvió a casa para planear el viaje a Tokio con Portela

Natalia García ha entrado en el esprint hacia los Juegos tras dejar en otoño el equipo nacional y regresar junto a Teri para relanzar su carrera


Salvo contadas excepciones, los grandes deportistas no surgen por generación espontánea. Y los piragüistas no escapan a la regla. A sus 25 años, a Natalia García Naveiro (Breogán do Grove) le queda mucho para asentarse en la élite del kayak. Pero de la misma forma, en sus alforjas guarda un cuaderno de bitácora que la hace merecedora del cartel de candidata a figurar en esa generación de palistas gallegas llamadas a, más temprano que tarde, poner fin a la soledad en las grandes finales de la mayor kayakista española de todos los tiempos, la canguesa Teresa Portela. Un reto que la arousana pretende completar este mismo año, tras ganarse en la primera quincena del presente mes un hueco en el olímpico K4 500 metros de la selección española de esprint para la Copa del Mundo de Duisburgo y, de acceder a la final por las medallas, el Mundial de agosto del que saldrán las plazas del K-4 para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Un asiento conquistado por García en una demostración de talento, poderío, y voluntad. Desbancando a la mallorquina Alicia Heredia de la embarcación para acompañar a las tres restantes integrantes de la tripulación española en el Campeonato del Mundo 2018, concentradas desde el pasado otoño en Madrid. Son parte del grupo de media docena de palistas con el que Luis Brasero, entrenador de dos barcos triunfadores en el panorama internacional como el K2 1.000 de Paco Cubelos e Íñigo Peña y el K1 200 de Carlos Garrote, pretende acercar el rendimiento del K4 femenino al del masculino español, en todas las quinielas para el oro olímpico.

Natalia, que concluyó el selectivo de Trasona segunda en el ránking combinado del K1 200 y 500, solo por detrás de Portela, no figuraba entre las kayakistas elegidas de origen por Brasero.

Desde su debut internacional, con un octavo puesto en el K2 500 del Campeonato de Europa Júnior del 2012, no ha habido un año sin que la arousana vistiese la licra de la selección española en una gran cita. Participando en catorce pruebas de una docena de europeos, mundiales y copas del mundo, y disputando ocho finales por medalla. Un currículo encabezado por su única presea, la plata en el K4 500 del Mundial Sub-23 del 2016, en Bielorrusia, con otra gallega, la pontecesureña Camila Morison, entre sus compañeras de barco. Un hito que coronaba siete años de trabajo como becada en el Centro Galego de Tecnificación Deportiva bajo la dirección de Daniel Brage, y con Teresa Portela como referente en su grupo de compañeras de entrenamiento diario.

La plata en Bielorrusia le abrió a Natalia García las puertas del equipo nacional de kayak femenino, entonces concentrado en su totalidad en Sevilla a las órdenes del técnico andaluz Jesús Buzón. En sus dos años en el C.A.R. de La Cartuja, su última temporada Sub-23 y la primera como sénior, la gallega vio como en el 2017 bajaba al sexto puesto con el K4 500 en el Mundial Sub-23, con la quinta plaza continental sénior en el K2 1.000, no olímpico, como único resultado reseñable el año pasado.

Así las cosas, García decidió volver a sus orígenes. «Levaba dous anos en Sevilla tentando meterme no K4. Non me sentía cómoda fóra da casa. E eramos moitas pelexando por catro prazas, o primeiro ano dez, e o segundo trece». Por ello, cuenta, después de comprobar que «este ano non me chamaban para o grupo de Madrid», «decidín que o mellor era regresar a casa e adestrar con Teri; non hai mellor referencia cá ela en España, e con Daniel -Brage-, co que sempre me foi ben», aún consciente de que con su paso «partía con certa desvantaxe para entrar na selección».

Portela, que considera que volver a «tener cerca su casa, su familia, su pareja, fue la clave», mostraba ayer su confianza en las posibilidades de García en el K4 500: «La veo ilusionada desde que vino de vuelta en septiembre. Natalia es una chica rápida, muy trabajadora y muy disciplinada. Y eso, y la ambición, son indispensables. Es un lujo tener una compañera como ella para entrenar. Creo que le irá bien».

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