Entre el Barcelona de José Mourinho y el de Johan Cruyff


Un tímido destello de Lionel Messi. Poco más mostró el Barcelona sobre el césped de un Old Trafford que en poco o nada se asemeja a aquel estadio temible de las pasadas décadas. Los blaugrana, quizás temiendo otra debacle como la última en el Olímpico Roma, se mostraron como un bloque temeroso, sin colmillo, más preocupado de amarrar el 0-1 que de finiquitar una eliminatoria que se le puso de cara en el minuto 11.

Sin un Dembelé que destrozara cinturas y rompiera a la espalda de la zaga rival, y con Luis Suárez seco en Europa lejos del Camp Nou, todos los caminos pasaron por un Messi que, más allá de la asistencia milimétrica que acabó con el gol en propia meta de Shaw, estuvo apagado, desconectado, sin ganas de asestar el golpe final que dejara finiquitada la eliminatoria contra un rival que, a todas luces, se encuentra varios niveles por debajo de los catalanes. Ni a balón parado brilló el genio rosarino, a pesar de que ha logrado convertir las faltas en el balcón de área en una especie de penalti con barrera.

Apostado en la banda del Teatro de los Sueños, hubo momentos en que a Ernesto Valverde solo le faltó dirigirse a sus jugadores con acento portugués. El Txingurri se mimetizó ayer con José Mourinho. El luso, recién expulsado de Manchester por su pírrico estilo y por la enésima debacle de los Diablos Rojos, se apoderó del espíritu de un Barça que llegó a perder tiempo en el descuento con la entrada de Aleñá. Los cambios, dignos de la libreta del técnico de Setúbal, terminaron por apagar un duelo descafeinado. Coutinho abandonó el choque y, con Malcom y Dembélé esperando en la banqueta, fue Arturo Vidal el que entró al terreno de juego. Toda una declaración de intenciones. El chileno, perdido, solo encontró la tarjeta amarilla en los primeros cinco minutos sobre césped.

A pesar de la gris imagen mostrada en Manchester, el Barcelona tiene pie y medio en semifinales. Más que por la ventaja del 0-1 cosechado, porque cuenta en sus filas con el que seguramente sea el mejor jugador de la historia del fútbol. Ante un rival que solo recuerda al de Ferguson, Giggs, Scholes o Cantona porque tiene a Solskjaer en el banquillo, solo hace falta otro destello de Lionel Messi para pasar de ronda. Contra rivales de mayor enjundia, como Liverpool, Juventus o Manchester City, será necesario algo más de La Pulga para llegar a la final. Si quiere levantar sus sexta Orejona, el Barcelona debe dejar de parecerse al de José Mourinho y volver recordar al legado que dejó Johan Cruyff.

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